3/10/2014


 A la memoria de Car


Cuando menos se la espera, la infancia regresa de su exilio y con ojos inocentes intenta comprender el crimen y despertar a la rayuela del milagro. Es cuando pareciera que Dios jugase a las escondidas. Sin embargo, es la vida escribiendo el mismo soneto que desde hace miles de almas intenta superar una respuesta: la infancia es la eternidad

Pedro Patzer, marzo de 2014

3/04/2014

Mariano Moreno se hunde en la mar

Mariano Moreno se hunde en la mar
por Pedro Patzer*
 
Mariano Moreno se hunde en la mar, aunque ingenuo el que crea que sólo se hunde el cadáver de un hombre, pues junto al cuerpo muerto de Moreno se hunden también, semillas de revoluciones, nidos de amaneceres continentales, cancioneros de la emancipación americana. “Es necesario emprender un nuevo camino en que lejos de hallarse alguna senda, será necesario practicarla por entre los obstáculos que el despotismo, la venalidad y las preocupaciones han amontonado después de siglos ante los progresos de la felicidad de este continente” Con ese hombre que se hunde en la mar, también se hunden aquellos libros, puertas de auroras, de la biblioteca de Chuquisaca, donde el joven Mariano descubriera nuevos mundos posibles en este mundo (o tal vez nuevos sueños humanos dentro del viejo corazón humano). Allí leyó una frase de Rousseau que le cambió la vida (y la muerte): “El hombre ha nacido libre, pero en todas partes se halla encadenado” Mariano Moreno se hunde en la mar, con él se hunden los ecos de la rebelión de Túpac Amaru, y el deseo de lucha que le despertara la esclavitud de los mineros de Potosí. “Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila” Mariano se hunde en la mar y con él se hunden su renuncia al antiguo dios de la conquista y su fe irremediable al nuevo hombre de la revolución de la igualdad, la fraternidad y la libertad. “Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía” Mariano Moreno se hunde en la mar y con su cuerpo se hunden sus anhelos de pan para todos, y oro para nadie: "Es máxima aprobada que las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil" Moreno se hunde en la mar y con él, el dolor de un humano por los indígenas ultrajados: “Desde el descubrimiento empezó la malicia a perseguir unos hombres que no tuvieron otro delito que haber nacido en unas tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia y que prefieren dejar sus pueblos que sujetarse a las opresiones y servicios de sus amos, jueces y curas”. Mariano Moreno se hunde en la mar y con él las armas de futuro, cargadas con la euforia de mayo: “El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Seremos respetables a las naciones extranjeras, no por riquezas, que excitarán su codicia; no por el número de tropas, que en muchos años no podrán igualar las de Europa; lo seremos solamente cuando renazcan en nosotros las virtudes de un pueblo sobrio y laborioso". Mariano se hunde en la mar, y con él la guitarra, la plegaria del humilde y la resistencia popular: “Felizmente, se observa en nuestras gentes, que sacudido el antiguo adormecimiento, manifiestan un espíritu noble, dispuesto para grandes cosas y capaz de cualesquier sacrificios que conduzcan a la consolidación del bien general” Moreno se hunde en la mar y con él, el amor hacia María Guadalupe Cuenca y Marianito, su hijo: "Moreno, si no te perjudicas, procura venirte lo más pronto que puedas o hacerme llevar porque sin vos no puedo vivir. No tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo que te consuelen” Mariano se hunde en la mar y con él un testigo digno de la resistencia de los criollos contra las invasores ingleses: "Yo he visto llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar a 1.560 hombres ingleses, que apoderados de mi patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de la ciudad."Moreno se hunde en la mar y con ese cuerpo, se hunde el fundador de la biblioteca y de la Gazeta, aunque Mariano regresara en los libros de mañana, en el Martín Fierro, en la Canción desesperada de Discépolo, en la obra de Jauretche, en los versos de León Benarós: “Don Mariano Moreno/ que en hora dijera/ si desde el mar profundo/ nos respondiera/ a la huella paisanos/ que ya llegamos/ las provincias unidas/ nos declaramos” Mariano Moreno se hunde en la mar y con él, la memoria del agua hace su inventario de los hombres que , soñando cambiar el mundo, alcanzaron la noche marítima, hombres arrojados al mar, por querer hacer de la tierra un lugar más hermoso: “Ya mis ojos son barro/ en la inundación/que crece, decrece,/aparece y se va/ y mis ojos son barro/en la inundación” (Bersuit Vergarabat) Moreno se hunde en la mar y con él emerge la inolvidable frase de Saavedra: "Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego" Porque un joven que se hunde en la mar no tiene destino de muerte, ya que pasa integrar el milenario elenco del coro oceánico (ese mismo que Alfonsina y que los jóvenes soldados del Crucero General Belgrano)
Mariano Moreno se hunde en la mar, con apenas treinta y tres años, cual Cristo criollo que resucitara cualquier domingo de revolución. Moreno se hunde en la mar y con él emergen los fusiles escupiendo muerte sobre Dorrego, el yugo decapitando al Chacho Peñaloza, la oligarquía derrocando a Yrigoyen, las bombas cayendo sobre plaza de mayo.
Mariano Moreno se hunde en la mar, y mas nunca se encontrará su cuerpo, Moreno fue el comienzo del linaje de cuerpos desaparecidos. Aunque Mariano (como los desaparecidos) no es un cadáver que se hunde en la mar, es una ofrenda de porvenir,como el sol que se esconde en el océano para preparar el próximo amanecer. Mariano Moreno atardece en la mar, y son los hijos de su aurora, todos los que forman el despertar de esta tierra.

2/24/2014

San Martín, prócer de los descalzos



San Martín, prócer de los descalzos
por Pedro Patzer*
 
La historia oficial, la que heredamos de Mitre, nos hizo creer que San Martín era un hombre de bronce, un prócer lejano. Y consagró su lucha a la inmovilidad de las estatuas y al amarillo de los manuales escolares. Correctos himnos y solemnes retratos lo hicieron santo del espada, antes que mostrarlo como un hombre rebelde: “Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajo y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ingenioso de la esclavitud” Lo conservadores vistieron a San Martín como un patriota ingenuo para ocultar su desnudez revolucionaria: “Me he consagrado ardientemente a la causa de la revolución. Ni mi salud valetudinaria, ni sacrificio alguno es capaz de arredrarme” Porque por más que insistan los solemnes señores, San Martín está ausente de los aristócratas institutos y de los aburridos museos, su espíritu está presente en la esperanza de los oprimidos, en los que sueñan la auténtica emancipación económica y cultural de la Patria Grande: “Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos” San Martín vive en las pintadas que recuerdan a Kosteki y Santillán, en las ollas populares, en los libros y canciones que hacen un puente espiritual entre las patrias chicas, obras que nos ayudan a cruzar la cordillera del pensamiento colonizado y alcanzar el otro lado: el pensamiento libertador. “En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad”
No busquen a San Martín en los cuarteles, búsquenlo en el amor del maestro que da clases en la villa: “Deseo que todos se ilustren en los sagrados libros que forman la esencia de los hombres libres”. No busquen a San Martín en los nacionalistas búsquenlo en los que sueñan un continente hermanado, una Patria Grande justa, sin olvidados: “Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón” Busquen a San Martín en el espectro de Túpac Amaru, en la marcha de Guevara en la selva , en los sueños populares de Mariano Moreno, Yrigoyen y Perón, en el puño alzado de Evita, en la “canción con todos” de Tejada, en la pasión del Padre Mugica hallando al Dios del pobrerío, en la guitarra de Yupanqui, en la poesía de Discépolo y Manzi, en la pintura de Berni, en los trenes según María Elena Walsh. Escuchen a San Martín tarareando “Los Dinosaurios” de Charly García. Por favor, no se pierdan al San Martín que habita en el amor de la enfermera del hospital público, el San Martín que se puso el hombro la fábrica recuperada. No dejen de abrazar al San Martín que es el joven científico que trabaja para erradicar el chagas, o a la San Martín que pelea contra la trata de personas: “Para defender la Libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral” Hablen con el San Martín que milita en barrios carenciados, ¿Acaso San Martín no fue también Claudio "Pocho" Lepratti, aquel “ángel de la bicicleta” asesinado en la crisis del 2001 por la policía santafecina?. Abrace al sabio San Martín que jamás blandiría la espada contra un hermano “El general San Martín jamás derramará la sangre de sus compatriotas, y sólo desenvainará la espada contra los enemigos de la independencia de Sud América”. Un San Martín que jamás humillaría a su patria y mucho menos ante la ambición extranjera: “pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española: una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer..."
Acérquense al San Martín que la oligarquía del pensamiento ha tratado de escondernos, aquel que decía: “Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados” no se pierda al San Martín que arengaba a sus tropas: “La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa”. Pídale consejos al San Martín anciano que por años manejó trenes o trabajó en la mina o fue tejedora, o fue médico de pueblo, pídale al San Martín que tuvo almacén por cincuenta años que les cuente cuántas veces le fío al vecino, sin especular con las tantas tragedias económicas del país “Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sentimiento de la justicia” No crea que San Martín era hijo del diccionario de la real academia española, ya que el pueblo donde nació tiene nombre guaraní “Yapeyú” que según algunos significa: "el fruto que ha llegado a su tiempo" ¿Acaso el alma de San Martín haya sido ese fruto, eco de siglos de rebeliones que maduran en un hombre, destinado a cambiar la Historia? Yapeyú, río indígena que dio nombre al pueblo natal del libertador se parece a la sangre de este José de indios y criollos, este José de soldados y desamparados, este José de los próceres postergados de nuestra cultura: “He estado, estoy y estaré en la firme convicción de que toda la gratitud que se debe esperar de los pueblos en revolución, es solamente el que no sean ingratos” Por favor, cada vez que le vengan con las zonceras de siempre y le hagan creer que San Martín era un héroe almibarado, recuerde sus palabras: "En defensa de la patria todo es lícito menos dejarla perecer" San Martín no es un condenado a muerte en los fríos y grises monumentos, véalo al San Martín cuidando el cerro para que no lo envenene la minería o peleando para que el glifosato y la soja no hagan de la fértil tierra un inhóspito desierto. No considere a San Martín un cómodo exiliado en la Billiken, él no sólo habita las hermosas páginas de la liberación continental sino que vive en los actuales párrafos, hay un San Martín que combate al paco en los barrios, un San Martín que trabaja en los comedores comunitarios, un San Martín que a veces le cuesta llegar a fin de mes, pero jamás se lo escucha decir “este país de mierda”. “Para defender la causa de la independencia no se necesita otra cosa que orgullo nacional” .
Un San Martín que camina junto al chango que recorre doce kilómetros para ir a la escuela, hay un San Martín en el político que considera fundamental la unión Latinoamericana y no las relaciones carnales con el imperio. Hay un San Martín en el que alfabetiza porque en su corazón resuenan sus palabras: "La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos" Hay un San Martín que sigue adelante pese a todo, sin culpar al otro: “Si hay victoria en vencer al enemigo; la hay mayor cuando el hombre se vence a si mismo" Un San Martín que nos enseña:"La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien", un San Martín que halla en Bolivar un hermano con la misma vocación emancipadora, y por eso, relega su gloria personal (ante las traiciones de Rivadavia y sus muchachos pro-ingleses) y se pone a las ordenes del prócer venezolano “No hay revolución sin revolucionarios, los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos” Hay un San Martín tan lírico que se hizo protagonista de la Poesía de Neruda: “San Martin, otros Capitanes, fulguran más que tú ,llevan bordados/ sus pámpanos de sal fosforescentes ,otros hablan aun como cascadas,pero no hay uno como tu ,vestido./ De tierra y soledad, de nieve y trébol./ Te encontramos al retornar del río,te saludamos en forma agraria/ de la tucumanía florida,y en los caminos,a caballo te cruzamos/ corriendo y levantando tu vestidura,padre polvoriento./ Hoy el sol y la luna ,el viento grande maduran tu linaje/ tu sencilla composición,tu verdad era verdad de tierra/ arenoso amasijo estable como el pan,lamina fresca de greda/ y cereales... pampa pura.” un San Martín que se escapa de la hermética academia y marcha junto a los que día a día, en sus barrios, pueblos, trabajos, escuelas, hacen la Historia. “Yo no puedo ser sino un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino”

2/04/2014

LA VOZ

La Voz
por Pedro Patzer

Hace siglos un canto anda dando vueltas en mí, es como el eco del niño milenario que ha confundido al mundo con su juguete perdido, como la plegaria que Dios le reza al hombre, como si la anatomía del silencio intentara levantarse y caminar hacia la nana de una nueva existencia. Una voz que ha nacido para nacerlo todo y que hace siglos se pronuncia en los abriles de las quinceañeras y en los zapatos de domingo del ex ferroviario, una voz que anda de exilio en exilio, desterrada de los vulgares corazones, tratando de conquistar los países del asombro, descubriendo segundo a segundo que en el arco iris cabe el color del oro y el de la sangre

12/20/2013

EL DESIERTO

El Desierto
por Pedro Patzer*
 
Hay gente que cree que el desierto sólo se encuentra en el desierto, pero vimos, que el desierto nace en ciertas miradas, en ciertas oficinas de grandes ciudades, en ciertas heridas que los médicos jamás consiguen diagnosticar, en las fronteras que los mapas desconocen (¿dónde empieza la pobreza, dónde acaba el pan, dónde nace el oro del silencio y muere el oropel de la palabra?) en las luces que la ciencia no alcanza a clasificar, en las ausencias que las sinfonías no logran musicalizar.
Los que buscan el desierto en el desierto jamás han de hallarlo, ya que los corazones sin mar son las semillas del desierto, y quiénes están convencidos de que las tierras sin mar, no tienen mar, son los mismos que desconocen la aurora que dentro lleva cada hombre y el rocío de los enamorados que se mezcla entre la sangre y el petróleo del mundo, y el reloj que sigue anunciando lo perdido en la casa abandonada.
Los que buscan el desierto en el desierto suelen confundir el fantasma con el alma, el ego con el corazón, el mundo con la vida.  

12/05/2013

La cultura que nos incomoda, nos emancipa

La cultura que nos incomoda, nos emancipa
por Pedro Patzer


Leemos a Borges y a Kusch, vemos películas de Favio y Fellini, escuchamos a Yupanqui y a Lennon, nos emocionamos con las obras de Berni y Picasso, pero de nada sirve si no conseguimos sentirnos derrotados ante el pibe descalzo en la esquina. La cultura es una manera de desarrollar la sensibilidad, no un laboratorio donde aislarse del mundo.
La cultura donde menos habita, es en los suplementos culturales, de hecho allí se enferma de catalepsia como la palabra “vida” en el diccionario. ¿Qué tiene que ver la furia de Van Gogh arrancándose la oreja (cansado de escuchar los ruidos del mundo) o la pobreza de Juanito Laguna, con el miserable que cuelga sus cuadros en sus casas de campo? Cuando la cultura bosteza, cuando las heridas de Cristo están prolijamente pintadas, cuando el Che agoniza en las remeras , cuando la cultura no nos incomoda se vuelve eso mismo que nos enferma el alma. Por eso la tarea de Silvia Barrios con sus cantos indígenas, incomoda; por eso el kultrún retumbando siglos, incomoda; por eso los gritos de Horacio Guarany incomodan al sibarita de la música; por eso Jauretche incomoda a los filósofos afrancesados como el pueblo peronista incomoda al socialista de café; el yaraví incomoda al dueño de los réquiem de la civilización; lo que cuenta un canoero del Paraná, incomoda al lector de la revista Weekend |, lo que dicen los curas tercermundistas, incomoda al obispo, lo que denuncia Luis Domingo Berho en su poesía linyera, incomoda a la crítica literaria que se masturba con la poesía de Juárroz.
Incomoda todo lo que nos emancipa, como el adolescente pudoroso que nota que su cuerpo cambia, la cultura nos incomoda porque siembra una semilla en el corazón y hace que florezca en nuestro espíritu, la flor que hace siglos anda buscando el jardín secreto de nuestra Libertad.


10/02/2013

Madre del silencio

MADRE DEL SILENCIO
Pedro Patzer


Después de la muerte de mi madre, las flores prosiguieron con su tarea de fragancias y colores, los pájaros continuaron con su sinfonía de auroras, las lluvias siguieron intentando limpiar el mundo, las estatuas insistieron con su indiferencia, los mendigos empollaron diferentes profetas en los atrios de los templos, el crimen reclutó otros sicarios, el amor convocó nuevos amantes, la noche siguió repartiendo sueños e insomnios, el dios de los ortodoxos perseveró en su silencio, el Dios de los caminantes volvió a pronunciarse en los caminos, el oro continuó siendo el sol de los dormidos, y el sol de los despiertos profundizó el otro alba, los mercaderes siguieron contando dólares y cadáveres, los hombres libres en su lucha por la victoria interior, los árboles dieron nuevos frutos y ofrecieron la sabiduría de las viejas sombras, las islas desiertas y las pobladas cárceles, las montañas y los ríos permanecieron develando el secreto, algunos niños jugaron a la mancha, otros se escondieron en el bombardeo, los que desde hace siglos hacen trincheras y tumbas, continuaron haciendo pozos petroleros, se escribieron muchos testamentos y algunos poemas, los relojes prosiguieron en su engaño, los verdugos ofreciendo su último cigarrillo, la luna se desató sobre el Paraná y sobre el patíbulo, demasiados padecieron la hambruna, unos pocos la gula; se descubrieron nuevas músicas, también flamantes silencios; horneros hicieron nidos, ejércitos ruinas; la bala naranja del poniente siguió hiriendo mortalmente al día, teléfonos sonaron en casas vacías, pianos en colmados teatros; contados polizones ejercieron su condición en barcos, innumerables polizones ejercieron su condición en la vida, algunos alcanzaron el nirvana, otros regresaron a la caverna, varios declararon su amor, los mismos de siempre, la guerra. Muchos nacieron, otros murieron, la mayoría siguió habitando el mundo, sin conquistar la vida. Mientras, mi madre, volvió a nacer (me) en mi (su) silencio.  

Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12

  https://www.pagina12.com.ar/857478-tierra-de-rios-de-pedro-patzer-cronica-y-poetica