1/16/2012

Hay personas que nos enseñan a rezar con un abrazo



Hay personas que nos enseñan a rezar con un abrazo y a cantar con sólo recordarlas,  hombres y mujeres de los que aprendemos, que el beso sucede con nombrarlos y que nunca mueren porque que siguen siendo soñados, y esto es porque son almas que pasan por la vida siendo la vida misma, siendo el milagro humano, espíritus que inspiran al ángel cansado y despiertan de su hibernación, al animal sagrado, que dentro lleva el corazón del hombre.  Porque mientras los esclavos de la realidad hablan del fin del mundo, estos amos de la existencia trabajan para el comienzo del mundo, para que el mundo de una buena vez nazca y deje de ser este ensayo de tragedias para ser la obra sublime del porvenir. Entonces vemos claramente cómo en un mismo mundo existen profetas del ruido y músicos de la vida, traficantes de armas y misioneros, los que asesinan niños y los que bañan leprosos, los que sólo sueñan con ser millonarios y los que son ricos con las manos vacías. El problema radica en que los difusores “de la vida” se ocupan del relato que imponen los esclavos de la realidad. Así amanecemos con la noticia del asesinato diario o vemos al artista intentar hacer lo que “se vende”.
Tengo la sensación de que uno puede jugar a alejarse del íntimo alarido y disfrazarlo de murmullo ajeno, pero sospecho que eso suele enfermar el mensaje. Digo, si todos los días amanecemos con la muerte en directo, o si salen discos con canciones “normales” y así, seguimos y nos enamoramos bajo la doctrina del amor oficial, y vemos, por la cerradura de la vida (chiquita) lo mismo que todos ven, es irremediables que todos vayamos al mismo cielo, al aburrido cielo de los que jamás le preguntaron a la vida si tiene un segundo nombre, o mucho menos, la preguntaron a la vida, a su vida, si estaba enamorada. ¿De qué se puede enamorar la vida? – podría preguntarme alguien, pero creo que quién lo preguntara, quedaría automáticamente descalificado.
Todo esta reflexión me conduce a la Poesía, porque amigos, cada vez más estoy convencido de que el poema es al antídoto que nos cura de ese veneno que mediocremente llaman realidad. Les ofrezco un antídoto eficaz, para que cada vez que un esclavo de la realidad venga a envenenarlo, usted lea estos versos, del poeta pampeano, Edgar Morisoli y curará inmediatamente:
Antes que el sol se oculte, las palomas/ alzan vuelo hacia las ramas altas,/ para beber así hasta el último rayo/ de luz,/ hasta la última tibieza./ ¿Guardarán esa luz, el majestuoso/ púrpura del ocaso/ en su memoria,/ hasta que nuevamente asome el día?/ Ávido de esa lumbre/ y su consuelo, / mi atardecer busca las ramas altas”
PD:  Edgar Morisoli, es uno de esos que nos enseñan a atardecer con un poema
PEDRO PATZER

12/02/2011

EL REBAÑO SÓLO EDUCA PARA EL REBAÑO!



El rebaño sólo educa para el rebaño, jamás educa para que se aprenda a salir del rebaño; los del rebaño aman como aman los que integran una manada, aman para reproducirse, para mantener la especie; odian, como odian los del rebaño. Es decir, odian a los pastores, aunque cotidianamente se someten a ellos, porque fueron educados para eso. Por eso el rebaño urde la teoría del rebaño, hace manjares para el rebaño, canciones para el rebaño, Literatura para el rebaño, turismo para el rebaño, amistades para el rebaño, sueños para el rebaño, candados y llaves para el rebaño, sexo, drogas y religiones para el rebaño. Porque una de las condiciones fundamentales para que el rebaño no se extinga, es evitar que a uno de sus integrantes le entren ganas de ser pastor, y cuando esto sucede, es rápidamente acusado de lobo, de bestia que quiere devorarse al rebaño.
Un distinguido integrante del rebaño, tiene un sólo objetivo: morir, para ascender al cielo del gran rebaño, resignándo esta vida a la penuria propia de pertenecer al común rebaño. Por supuesto que antes de morir ha de aportar nuevos integrantes a la manada (integrantes que tendrán como gran finalidad dar otros integrantes al rebaño, que luego serán educados para dar otros integrantes que darán otros...)
La sed del rebaño es sencillamente apagada por los breves charcos, y como no pueden contar ovejas para dormir (pues la redundancia no da sueño) cuentan estiercol; aunque los que sueñan ser pastores, para dormir, cuentan lobos.
La condición de integrante de rebaño se hereda, y desde que se nace se le va enseñando a ver el mundo como sólo desde la manada puede verse: la vida comienza y termina ahí, donde se pueda pastar.
Suele suceder que en unas de las tardes iguales (tardes donde las horas están eximidas de milagros) algún integrante distraído se aleje un poco más de lo acostumbrado y descubra, los hermosos pastos de la lejanía, pastos verdes, apetecibles, diferentes, entonces la curiosidad lo invite a alejarse aún más (o a acercarse a su otro hambre) A partir de ese momento comienza la Revolución en el rebaño, cuando el pastor va en busca del díscolo integrante y éste regresa a comentarle a la manada, que más allá hay pastos exquisitos, y que no es necesario morir para probar semejantes manjares. ¿Cuántos países de pastos y cerros, cuántos ríos y árboles habrá más allá de este lugar donde hemos nacido y pastado desde siempre y donde han muerto todos nuestros antepasados?
Entonces la manada se alborota, consideran lo que el discolo integrante declarara, y deciden expulsarlo del rebaño. A veces al expulsado lo llaman Jesucristo, otras Galileo, Lennon, Ghandi, Marthin Luther king o Guevara.
Luego de echar al desobediente (pero sumamente obediente con el Misterio) vuelven a la normalidad, y hasta fundan organizaciones que promulgan la igualdad, la libertad y la fraternidad.

PEDRO PATZER

11/24/2011

GUISO


 
Recetario del descalzo,
arrabal del manjar,
sabor de la resistencia
Guiso!
Perfume de antiguo zaguán,
flor silvestre del hambre,
milagro sencillo que multiplican
los hombres
Guiso!
Modesto sol de los humildes,
bálsamo de los inquilinos del mundo,
caviar de la pobreza
Guiso!
Tiene algo de la belleza del candado roto
y algo de la isla que a cada hora conquista el loco
Guiso!
Comida típica del pensionado
fruto de la herrumbre,
última cena sin promesa de resurrección
Guiso!
Los que hacen el guiso
nunca piensan en el fin del mundo


PEDRO PATZER

11/17/2011

la Belleza y el secreto de las alturas


 
Que la belleza de la vida es cosa sin importancia es algo que, supongo, poca gente se aventuraría a afirmar. Y, sin embargo, aún la gente más civilizada se comporta como si así fuera” escribió el folklorista irlandés, Oscar Wilde
Hay algo peor que despreciar la belleza, ignorarla (desconocer las aventuras del sol sobre los ventanales de los ministerios y las travesuras de los gorriones sobre los autos blindados) y confundir el traje a rayas de un preso con el arco iris.
Cuántos viven sin darle importancia a la Belleza. Mantienen relaciones carentes de ella (son pareja, no son atlantes en busca de la Atlántida) forjan situaciones sin ningún tipo de Belleza (son hijos del accidente) se educan sin Belleza (les importa el rol que ocuparán en la sociedad y no la sociedad que podrán transformar con sus roles) eligen sin Belleza (el ta te ti de la existencia o el pan y queso del destino) aman sin Belleza (el psicoanálisis sugiere que más de siete años no dura una pareja moderna, entonces prefieren vivir una agónica relación) viven sin Belleza (se prohíben cambiar el celular por un ramo de jazmines) mueren sin Belleza (ya no hay muertes shakesperianas)
Pareciera que el relato oficial, todo el tiempo dijera: “no hay tiempo para la Belleza” ¿Y para qué hay tiempo entonces? Si no hay Belleza se pierde la esencia, somos el ancla sin nave, el juguete sin niño, el libro cerrado. Así, la mayoría amanece con el quejido del reloj despertador y se duerme con los somníferos, y entre medio conviven con los enemigos, como francotiradores haciendo nidos en la azoteas del día, van, decorando el patíbulo del mundo, pero eso sí: consumiendo productos “light”, avanzando hacia el vegetarianismo, pero cumpliendo con el ceremonial y protocolo que el manual del caníbal elegante sugiere.
La Belleza incita al corazón humano, lo interroga con preguntas que formulan los náufragos en la luz, porque la Belleza es el umbral de la Revolución: ninguna rebelión se ha producido sin el embrión de la Belleza, sin románticas ideas desatadas por soñadores (los primeros hacedores de Belleza). Es más, ningún hombre puede ser libre sino se permite la Belleza.
Hay gente que ríe sin belleza, es decir, ríen como hienas (porque esa risa es un S.OS. del espíritu) Hay historiadores que dan clases, sin Belleza (porque si el tipo tuviera que desplegar la Belleza de una causa, caería en cuenta, que en vez de escribir el tratado de una vida extraordinaria, ha escrito su testamento) Hay arquitectos que construyen edificios sin Belleza (porque un militante del escombro jamás podrá edificar un palacio lleno de flores o un puente) Y así maestras de Literatura que nos han castigado con poemas que nos invitan a rechazar de por vida la Poesía (sin inculcarnos que la Poesía es el idioma del pájaro que fuimos antes de ser hombres, como sospechaba el folklorista autor de Peter Pan) Hay gente que se envenena con gaseosas o drogas, sin buscar la ambrosía de los griegos (ambrosía: manjar o alimento de los dioses) profesores de geografía que no nos invitan a trazar los mapas de las ciudades que no existen, y matemáticos que no se atreven a revelarnos el revés del cero.
“…mas del cielo los dos sé que estamos muy cerca, tú porque eres hermosa, yo porque soy muy viejo.” le escribió Víctor Hugo a su amante, señalando que la Belleza tiene un acceso directo a las alturas. ¡De eso se trata! Lo sublime deshoja el secreto de las alturas, y ya no es necesario pedir prestada una escalera para subir al madero, como decía la copla popular, porque al Jesús de Nazareno, le sacamos los clavos, hermanándonos con la Belleza, la Belleza humana que siempre le quita los clavos a Cristo, la Belleza humana que desarrolla lo divino, más allá de las tempestuosas pasiones de un mortal. Pero los habitantes del chiquitaje corren a los ascensores, creyendo que es una manera de rozar el cielo, o toman las pastilla de moda que los elevará al cielo artifical de los que creen que para ser libres deben comprar su Libertad, o pagar el alquiler de las alas del Icaro moderno.
La Belleza es el gran tema de estos tiempos, en que la fealdad es imperio: ¿Cuántas más guerras hubiera habido si Cervantes no hubiese escrito el Quijote, o si Picasso no hubiera sido Picasso o si Mercedes Sosa no hubiese interpretado el nervio poético de la Belleza humana?
La Belleza es un síntoma de inmortalidad, un milagro, que a veces hacen los hombres, el pan que mantiene vivo al espíritu, la sal del mar escondido que llevamos dentro.


por Pedro Patzer

10/29/2011

Uno que mejoró la verdad





Muchos se preguntan si habrán sido ciertas las anécdotas que contaba Facundo Cabral: sus vivencias con la Madre Teresa, sus conversaciones con el pensador indio Krishnamurti y sus paseos musicales con Arthur Rubinstein; las treinta y siete mujeres que recibiera como regalo de un jeke árabe, al cumplir treinta y siete años; sus conciertos en el peor mercado de Alejandría y sus caminatas por Manhattan; sus conversaciones con Bradbury acerca de Borges y las frases griegas, que según Facundo , decía su madre.
A quién le importa si fueron mentiras, ya que si lo fueron, fueron mentiras que mejoraron la verdad: en una realidad tan empobrecida, las anécdotas de Facundo Cabral, enriquecieron la vida. Porque de eso se trata este juego, de gente que pese a codearse con mercaderes de la hora y turistas de la vida, con bufones sin reyes y atletas del desasosiego, se anima a mejorar la verdad, incluso a veces con una mentira.
Facundo Carbal, el atorrante y el profeta, el místico y el trotamundo, el trovador que se pareció a lo que cantó: “Una señora me dijo en un pueblecito en México: yo vengo siempre a escucharlo, pero no entiendo casi nada. Pero vengo, porque de vez en cuando me gusta ver a un hombre libre y feliz”
Facundo Cabral nació una vez en Tandil, pero miles de veces en muchos lugares del mundo: Nació a orillas del Mar Muerto, nació en las estepas rusas, nació en un templo de Katmandú y en un teatro de Lisboa, nació en la pobreza de Calcuta y en la riqueza de un mendigo guatemalteco convidando su pan duro; nació en las piramides Mayas y en el monasterio de la Rábida, nació en la tristeza de un orfanato y en la belleza de una venezolana, nació en una conversación con Yupanqui y en el silencio de un monje trapense, porque Facundo era un artista entre fronteras, un hombre entre lo religioso y lo pagano, entre la militancia y el pacifismo, entre el peregrinaje y el mundo inmovil, entre el misterio del universo y la melancolía del café del barrio, entre el mundano y el asceta, entre la canción y el silencio, entre Dios y el arrabal, entre retratar la realidad y habitar el sueño
Yo soñaba que cruzaba el Sahara, soñaba que iba a conversar con Atahualpa , que para mí era el Buda del folklore. Si sos fiel al sueño, te convertís en el sueño, eso se consigue en el peregrinaje, no te das cuenta y un día sos lo que soñaste; porque en el sueño, Dios te deja ver algo, de lo mucho que tiene pensado para vos, y la felicidad es un deber, porque si no sos feliz estás amargando, por lo menos, a todo el barrio”
Las canciones de Facundo Cabral son plegarias cantadas, misas con estribillos, credos paganos de los caminos que condensan el misterio del eco del templo y el paisaje y el color de los ríos del mundo y el de las biblias de Hotel
La canción tiene que decir eso que dice, ahí está su Belleza, es una piba de barrio la canción, no hace falta que habite ningún palacio, ni que la vista algún modisto, es como una flor silvestre la canción
Vagabundo y señor, nómade de la canción universal y habitante del sentir de la pequeña querencia, Facundo Cabral no cantaba para vivir, vivía para cantar la vida: “Es dificil y raro decirlo, pero este es el final, pero yo soy lo que se va de este mundo feliz, porque hice la vida que quería hacer, porque fui dueño de mi vida y lo seré hasta el último minuto”
Facundo Cabral no mentía, mejoraba a la verdad.

 Pedro Patzer

10/21/2011

DE ESPALDAS AL MAR






"La Pampa nuestra es tan grande, tan extensa que Tata Dios tuvo que ponerle un horizonte, como diciéndole: Pare! Y le inventó un mar, porque si no le inventa el mar, hasta la Antártida llegamos” - dijo Atahualpa Yupanqui
De tanto cantarle a la tierra, de tanto sembrar vidas y cosechar historias en ella, de tanto recoger sus frutos y enterrar a nuestros muertos, de tanto escuchar las confesiones de sus ríos y sus alaridos de petróleo y alud, de tanto visitar sus templos de sequía y sus oratorios de inundación, de tanto cantar el drama de sus habitantes y la magia de sus leyendas, de tanto aprender del silencio de los soles acunados en sus cerros, y de la melodía de sus rituales, de tanto lamentar a los caídos y de celebrar a los redimidos, de tanto vivir la tierra, nuestro folklore le ha dado la espalda al mar.
Para nuestra cultura popular el mar es el etcétera, el punto final del paisaje espiritual, el mutis por el foro del gran escenario, porque los argentinos somos marineros en tierra.
Los viajeros ingleses, al llegar a nuestras pampas, en 1820, exclamaron: Mar de tierra! Tal vez porque nuestra llanura hace preguntas oceánicas, preguntas que el europeo sólo escucha del mar. Quizás porque en nuestra extensa llanura, el cielo roza con su celeste uniforme los caminos, haciendo del horizonte, un espejismo, la utopía entre el camino y el cielo. La Pampa es un viejo mar, reza un poema de Nervi: “Si usted no conoce el sur/ y piensa que es el desierto/ no sabe lo que es La Pampa/ porque ignora su secreto/ La Pampa es un viejo mar/ donde navega el silencio” Lo abismal que significa para un poeta europeo contemplar el mar, es para José Hernández, contemplar la llanura (y su drama humano). La mística de los pescadores, esa mezcla de nostalgia y sabiduría, en nuestro país, la poseen los reseros, arrieros, los payadores. Quizás por eso en nuestro poema nacional, protagonizado por un gaucho, también hace referencia al mar. Martín Fierro, en el contrapunto que mantiene con el Moreno, le exige a su rival, que le explique algunos asuntos del mar, en esta disputa hallamos la mirada que el gaucho tiene del mar:
Y ya que al mundo vinistes
con el sino de cantar,
no te vayás a turbar
no te agrandes ni te achiques:
es preciso que me espliques
cuál es el canto del mar
Y el Moreno le responde:
...Y ayudamé ingenio mio
para ganar esta apuesta;
mucho el contestar me cuesta
pero debo contestar:
voy a decirle en respuesta
cuál es el canto del mar.
Cuando la tormenta brama,
el mar que todo lo encierra
canta de un modo que aterra,
como si el mundo temblara;
parece que se quejara
de que lo estreche la tierra.”
Nuestros viejos buques son carretas, nuestros bucaneros, los bandoleros rurales, nuestras islas desiertas, los pueblos abandonados (luego de la desaparición del tren). Porque el misterio, que en otros lugares se le dedica al mar, en nuestro país lo consagramos a la tierra: nosotros no buscamos la Atlántida en el mar, nosotros buscamos a Ciudad Esteco y a la de los Césares, en tierra. Nuestras sirenas no enloquecen con sus cantos a bravos marineros, nuestras sirenas murmuran vidalas secretas en ciénagas o a orillas del río Dulce, o en lagunas catamarqueñas entonan alabanzas o en los ríos escondidos de los Valles Calchaquíes, desatan bagualas astrales, que enloquecen a baqueanos, que no hallan mástiles ni palos mayores donde atarse.
Nuestra cultura no le puso su acento al mar, decidió dirigir las aventuras humanas tierra adentro, nuestra Odisea no tiene naufragios, ni tempestades, nuestra Odisea tiene gauchos matreros, mujeres cautivas (enamoradas de su cautiverio), chagásicos, hijos de la zafra, campeones de la pobreza, mineros, cerreros, ferroviarios sin trenes, jornaleros del horizonte.
Nuestros faros iluminan a los navegantes de tierra adentro, nuestros faros alumbran al perdido caminante, nuestros faros son salamancas, ermitas a la difuntita o al Gauchito, milongas desesperadas.
Alfonsina Storni, consagrada a la eternidad de la zamba de Ariel Ramírez y Félix Luna, anunciaba en un poema, su trágico destino: “Mar, yo soñaba ser como tú eres, / allá en las tardes que la vida mía/ bajo las horas cálidas se abría...Ah, yo soñaba ser como tú eres” ¿Se imaginan una Alfonsina y la llanura? Una Alfonsina dejándose morir en la inmensidad de la Pampa, una Alfonsina que se hunda en los caminos, que se deje abrazar hasta el final por el oleaje del horizonte. Una Alfonsina que lleguase a las profundidades del silencio de la milonga, una Alfonsina que no acabase entre caracolas, si no entre majadas y pastores, entre vías abandonadas, entre la sed de un paisaje siempre amarillo.
De espaldas al mar, ha nacido y se ha desarrollado nuestra cultura, por eso estamos llenos de anclas, que son cruces de algarrobos; colmados de naves de soja, taperas que naufragan en el mar de la pobreza, y muelles donde los pescadores de parajes, echan sus redes sobre el ingenio y la mina.
Viene siendo la hora, de dar la vuelta y darle la bienvenida al mar, tal vez suceda lo que el poeta porteño, Francisco Luis Bernárdez, advertía: “La tierra ignora nuestras dudas y el firmamento nuestras largas agonías. Sólo este mar que nos comprende puede medir la soledad de nuestras vidas

PEDRO PATZER

9/28/2011

Cerro Bayo: Un libro de Yupanqui, una declaración de finales


Por los caminos van los hombres y las mujeres hacia los cañaverlas abajeños, a cambiar una canción por paludismo” - Cerro Bayo, Atahualpa Yupanqui

Además de ser el gran protagonista del cancionero folklórico argentino, Atahualpa Yupanqui fue uno de los más brillantes escritores que ha dado nuestro país. Sin embargo, como sucede en un país colonizado culturalmente, la obra literaria de Yupanqui (la obra que se corre del gran tópico literario) no aparece en ninguna antología oficial de Literatura argentina (Yupanqui no se codea con Borges, Cortázar, Arlt, Sábato, Piglia, etc) Pero esto es coherente, porque la obra de Atahualpa Yupanqui está en las heridas del minero, del arriero y en todo lo que el kolla calla en el cerro (lugares donde la literatura argentina canonizada ha llegado muy pocas veces)
La literatura de Yupanqui, es después de Martín Fierro y Facundo, la obra más argentina que se haya escrito. La de José Hernández y Sarmiento fueron cantos desesperados, Cerro Bayo, también: “El canto tiene la emoción de un hombre y la desesperación de un niño”
Atahualpa Yupanqui, el que solía decir que el hombre es la tierra que anda, se ha vuelto canto que anda de copla en paisaje, de silencio en guitarra y de memoria en libro. Atahualpa urdió una obra literaria como Cerro Bayo, capaz de modificar para siempre, la geografía espiritual de su pueblo, cuál cartógrafo de querencia, que traza los planos humanos del corazón de su gente. ¿Creés que estoy exagerando? Lee esta frase:
“Así como el alma humana precisa de la belleza y del dolor para crecer, el grano necesita, para vigorizarse, de la música total del árbol, de la hierba, del río y del viento”
En esta cita, Atahualpa, de alguna manera resume el espíritu de su obra, el idilio de la naturaleza con el alma humana, la idea de que la copla tiene un paisaje humano (“Mi copla tiene un paisaje”, Vientito de Tucumán)
Técnicamente, Cerro Bayo es una novela de Yupanqui, pero en realidad, Cerro Bayo es una especie de manifiesto de los caminos y los vientos, un alarido en capítulos de cerros, un volcán de párrafos y silencios. ¿Acaso cómo explicaríamos, con argumentos prosaícos, una frase como esta?: “Cerca, el zaino se está comiendo el paisaje, poco a poco” Yupanqui nos invita en esta oración, a comprender que el paisaje es alimento, alimento de los paisajes vivientes, como los caballos, Atahualpa nos invita a una discusión de paisajes: ¿Cuál es el paisaje de quién? ¿Quién es el paisaje de qué?
“Nunca conoció a su padre. Desde niño sólo vió a su lado a esa mujer callada, morena, de oscuras polleras...que le enseñó a sembrar, a arar, a conducir el rebaño, a elegir los pastos, a distinguir desde lejos los animales y los hombres, y sobre todo, le enseñó a callar”
Cerro Bayo es un tratado sobre las lejanías humanas, un intento de habitar el eco de la intemperie del cerrero y el vallisto, una manera de traducir la biografía del corazón de piedra del cerro:
“El cerro les ha dado fuerza para no hundirse. La piedra les prestaba dureza ante los años y el dolor. El viento les aconsejaba música, y del fondo de la sangre les calentaba el cuerpo y el alma una antigua esperanza recóndita”
El cerro y el hombre, dialogan siglos de soledades, edades de baguala y piedras, delimitan donde comienza y acaba el río del silencio, Yupanqui media entre el canto del hombre y el eco del cerro:
“El canto es más arisco y es más libre que el hombre. El hombre vive en una cárcel de piedra y cielo, con una senda que sube, con un camino que baja. Puñal azul, el canto desbarta las nubes. El alma del arriero se preña del silencio para parir una canción en la noche. El hombre sigue siendo un pedazo de cerro que se ha echado a andar”
En Cerro Bayo, Atahualpa se transforma en una especie de peón del silencio y pastor humilde de la música que apenas es un poco más que silencio, música como la baguala:
“¡La baguala...!/ Ningún hombre mejor, ninguna marca más aparente/ para señalar el canto arisco de nuestras montañas/ ¡baguala...!/ No hay cantar que esconda más soledad ni más infinito que ese alarido musical de los jinetes del cerro. La baguala precisa de la soledad, como la estrella precisa de la sombra, para brillar mejor”...“baguala, canto de los solitarios que precisan evidenciar su presencia en la montaña, ángelus dulce y salvaje en la mediatinta del ocaso, fruto sonoro de un corazón sazonado de silencios y destinos”
Música como el bailecito: “El bailecito ha venido de arriba, del altiplano. Ha venido llorando ausencias en las quenas y riendo fiestero en las cuerdas de los charangos”
Cerro Bayo, no es una declaración de principios, más bien diría una declaración de finales, pues en esta obra, queda claro que hay una frontera humana, un camino que vive y envejece, un mapa que anda (sangra, respira, ama, muere): “Jamás fue más allá de las lomas donde pastan los rebaños”
Este filósofo de la vidala, que fuera Atahualpa Yupanqui, se atreve en esta obra, como en todas sus obras, a ser un alquimista que hasta resuelve con Belleza, el asunto más complejo, la muerte: “Se está produciendo un reventón de estrellas. Si parece que Pachamama colgara del cielo, en cada atardecer, las espuelas de todos los gauchos que desertaron de la vida” Sin embargo, Yupanqui, resuelve con Belleza el asunto de la muerte porque antes ha solucionado el tema del vivir: “El hombre es el hijo poderoso de Pachamama, aunque vive prisionero de la garra cósmica del cerro. Puede matar al pájaro y derribar el árbol. Pero precisa al sol para su vida, al árbol para su sueño y al ave pasa su canto”
¿Qué decir de un libro que nos enseña del país de los cerros, ideas como esta?: “En esa academia de andares y sufrires se acomoda el montañés para pasar su vida con alguna palabra, con algún silencio”
Lea Cerro Bayo y seguramente comprenderá, por qué ciertas cosas le producen rechazo: “El dolor del indio no es una frase a la que recurren obligadamente los literatos indigenistas y los trovadores camperos. El dolor del indio de nuestras montañas es auténticamente un sufrir y un callar gigantescos. Tal vez convenga a las clases “elevadas” explotar líricamente la pena de nuestros kollas. Tal vez convenga tener en casa un buen óleo del chango aguatero, del tocador de quena, del pelador de caña o del domador quebradeño. En las pinturas no se fija el sueldo de esos hombres que dan su vida entera para cuidar la siembra, las ovejas, las haciendas y todo lo ajeno e inalcanzable que tiene la tierra!”
Cerro Bayo no es sólo un libro de Atahualpa Yupanqui, es un espejo remoto de la intimidad de nuestro origen, del tamaño de la ancestral herida, de nuestro ripio cultural, tal vez el espejo del lento paso de los que habitan el cotidiano silencio de Dios y el continuo balbuceo de la Pachamama.
Abrace Cerro Bayo, quizás pueda ponerle nombres a muchos dolores que antes anduvieron como nadies

Pedro Patzer

Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12

  https://www.pagina12.com.ar/857478-tierra-de-rios-de-pedro-patzer-cronica-y-poetica