Si pudiera llamarme por Pedro Patzer* |
“El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo." - escribió Gabriel García Márquez. Tal vez deba alcanzar el nombre de todo: llamarme como el desconocido pájaro que tantas veces escuchan cantar, por las noches, los locos del pabellón; o tener el nombre de la llave mágica, que el humilde cerrajero intenta inventar: llave que desnude los zaguanes de los palacios donde nunca fuimos invitados (palacios que tal vez no existan) llaves que nos faciliten el rescate de todos los rostros que fueron encarcelados en los retratos, que permanecen cautivos en museos donde el bostezo ha fundado imperios; si pudiera tener el nombre de la hierba que crece en la vías abandonadas, porque esa hierba es el ejercicio de lo eterno; si pudiera llamarme como los amigos invisibles de cada niño, y los espectros que hacen bochinche en el silencio del anciano. Si pudiera tener el nombre de los atletas que alcanzan las cimas de los silencios de los yoguis, y de las misteriosas luciérnagas que anidan en los bandoneones. Si pudiera llamarme como el vagón que agoniza en los talleres ferroviarios, porque él consiguió alcanzar el nombre de una nostalgia que sólo se hace con telaraña de ángel y milagro de hombre, una nostalgia del moribundo rezando por la agonía secreta de la enfermera Si pudiera tener el nombre de amarillo de los viejos libros (ese sol que ha forjado la aurora de tantas almas) y llamarme como el óxido del barco (que jamás llevó arpones para cazar hermosas sirenas), tener el nombre del espejismo que en el desierto de la ciudad, cree hallar, el desesperado transeúnte. Si pudiera llamarme como los días que el preso tacha en la pared de la celda, y como los boletos de ida, que los adolescentes sacan para visitar el país de la utopía (país de donde sus padres se exiliaron, cuando eligieron acatar el himno del rebaño) Si pudiera llamarme como lo que escribo, como lo que sueño, como lo que amo, seguramente tendría el nombre que tengo, el nombre que la vida me confirma a cada paso. |
SOY PEDRO PATZER. ARGENTINO, LATINOAMERICANO! MI ABUELO VINO EN UN BARCO PERO YO VENGO DE MÁS LEJOS,MI DESTINO ES LA PACHAMAMA
4/04/2012
SI PUDIERA LLAMARME
3/22/2012
Otoño, un movimiento del espíritu humano
Otoño, un movimiento del espíritu humano por Pedro Patzer* |
Otoño, capital de lo que pudo haber sido y provincia de lo que debería haber sido mejor Otoño, todo lo que los ausentes se animan a recordarnos en los arrabales del amarillo, o tal vez, todo lo que el olvido desata en el naranja (pupitres de otoño en aulas donde el cuaderno y la telaraña, barcos hundidos en la memoria de los viejos capitanes, maderos heridos por las rústicas manos del carpintero, que siempre se negaron a la guitarra) ¿Será el otoño un pentagrama del silencio de la especie, un reloj que indica la edad de la melancolía (esa alegría por estar triste), o quizás la catedral de la miel humana? Otoño en las madres , otoño en la prostitutas, otoño en los templos y en los lupanares, otoño en los altares y en los muelles, otoño en las banderas y en las camisas colgadas en los balcones,otoño en la pólvora y en la morfina. Para los poetas, es el otoño la religión del mundo. Pablo Neruda, vivía el otoño como todo un acontecimiento poético, una especie de época de celebración de las pasiones humanas, tal es así, que el chileno, le escribió desde una oda: “Ay cuanto tiempo/ tierra/ sin otoño,/ cómo/ pudo vivirse!” hasta un testamento: “Entre morir y no morir/ me decidí por la guitarra/ y en esta intensa profesión/ mi corazón no tiene tregua,/ porque donde menos me esperan/ yo llegaré con mi equipaje/ a cosechar el primer vino/ en los sombreros del Otoño” Para Juan Gelman, es el otoño, el espacio donde cualquier sentimiento, alcanza la jerarquía de naufragio: “Debí decir te amo./ Pero estaba el otoño haciendo señas,/ clavándome sus puertas en el alma” Jaime Dávalos, anunció: “es ancho y negro el olvido/ que entra el otoño en el corazón” Para María Elena Walsh, el otoño era un Señor: “El señor se para en una esquina/ y del bolsillo de su pantalón/ saca banderitas de neblina/ y un incendio color de limón./ Con sus tijeritas amarillas/ pasa por el jardín: le cortó las patillas / y los bigotes al jazmín./ A los arbolitos de la plaza/ un sobretodo de oro les compró, / y pintó la tarde con mostaza / aunque el sol le decía que no. / Dicen que el señor tiene en el cielo/ un enorme taller / donde hará caramelos/ de azúcar del atardecer” Para Atahualpa Yupanqui, el otoño cabía en una zamba: “Los viejos cobres del monte,/ otoño sembrando van,/ y en las guitarras del campo,/ ya nacen las coplas de la soledad” Para José Larralde, el otoño es un libro: “Mi libro de otoño/ es hermoso y lento; / historias humildes,/ aves sin encierro,/ dolores que pasan / sin odas ni premios, / sin odios marrones / que opacan el cedro / de los que se alejan / epílogo adentro” Y podría citar a millares de poetas, porque sin otoño los griegos no hubieran sido Ulises; ni Cervantes, Quijote; ni Hernández, Martín Fierro; ni Shakesperare, Hamlet; porque todo lo que el otoño siembra en el corazón humano, se transforma en canción. El otoño es un movimiento del espíritu humano, es la oportunidad que unos meses al año, tiene el hombre, para abrir los regalos milenarios que hay en su Misterio, para desnudar su sabiduría (la que ha sido encorsetada por el mundo) y asumirse, definitivamente, como parte del oleaje cósmico |
2/16/2012
Antes de recorrer mi camino yo era mi camino
| Antes de recorrer mi camino yo era mi camino por Pedro Patzer* |
Silvana murió a los cuarenta años. Tenía cáncer, aunque yo sé que ella tenía una obligación cósmica, una cita con la flor que supera el cuerpo e inicia el otro jardín; porque ella tenía un destino de pájaro, un sino de luz y trascendencia, un compromiso con la montaña, un acuerdo con alguna constelación.
Al enterarme de su muerte, abrí un librito que llevaba en mi mochila: Voces, del poeta Antonio Porchia, y éste me entregó unos versos: “Antes de recorrer mi camino yo era mi camino” Comprendí que Silvana ya era antes de morir, lo que es hoy.. Silvana era y es el hermoso paisaje que uno puede hallar en el olvido, y la agitada música del amor; era y es el pan crujiendo en mesas desnudas y el banquete que sólo puede alcanzar el hombre que sabe ayunar. Porque Silvana hoy es lo que era, porque ella consagró su vida al horizonte, cómplice de las alturas, vivió denunciando el mundo chiquito, aquel que cotidianamente renuncia al milagro de existir, aquel que se aferra a lo seguro y no se sumerge en las aguas de lo sublime. Silvana es hoy lo que fue. Esta es mi manera de rezar por ella:
Antes de recorrer mi camino yo era mi camino, era lo que besa el horizonte, el mar que el niño mejora con sus crayones, el pájaro que se escapa de la jaula de oro, la travesía del viento por la nostalgia humana, el perro desenterrando el hueso de otro mundo, la nave que se burla de los radares, pero se entrega al canto de las sirenas.
Antes de recorrer mi camino yo era mi camino, era el poema que mi madre nunca escribió pero siempre ejerció en su ternura, la flor que crece en la celda, la palabra lluvia en el cuaderno de primer grado, los pasos que olvidan los enamorados en la arena, el fusil que no puede herir lo trascendente, el petroleo que no tienta al sediento, el oro que sólo hallan los que aman, la nube que desprecia al cazabombardero, los que despiertan y sólo beben rocío, los que son militantes de la aurora, los que se cambian el nombre cada vez que aman,
Antes de recorrer mi camino yo era mi camino, era los que aprendieron a ignorar la suicida lección del mundo, los que nos regalan un silencio poblado de todos los idiomas, la estrella que el mapuche alcanza en su canto, el piano que recupera toda las sinfonías de los ausentes, los zapatos de domingo del humilde, lo que sabiamente calla la vieja locomotora, las algas que cuelan en la red del pescador, la campana que en la escuela pobre anuncia la merienda, el colibrí que le convida un poco de vida al moribundo, el naranjo que sigue dando su fruto, pese a tantas teorías de mercado.
Antes de recorrer mi camino yo era mi camino, la palabra en la boca del justo; la mirada del que no se dejó corromper por tanto horror, el que es hijo de un sueño; el que asume compromiso con lo bello; el que reconoce en su Libertad interior el nacimiento de un nuevo mundo; el que se reconoce poblador de todo eso que sucede en los colores, entre el amanecer y el atardecer, el que no necesita ganar para conocer el triunfo, el que es dueño del día (y no inquilino de la hora prestada)
Antes de recorrer mi camino yo era mi camino, el que se hace pariente de los barcos y los puentes y le hace cosquillas a las estatuas y anda convencido de que con un ramo de atromelias se puede hacer milagros, al que le entran gana de bailar el vals de adentro y ve en los escombros una victoria del cielo.
Antes de recorrer mi camino yo era mi camino, era lo que recuerda el río y lo que prefiere olvidar el desierto
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2/03/2012
CUIDADO SI DESARROLLA SU SENSIBILIDAD!
Cuidado si desarrolla su sensibilidad, porque comenzará a ver el arco iris en lugares y cosas, donde la dormida mayoría sólo ve un zapato, un monumento o un día hábil (los empleados municipales sólo se enamoran los días hábiles, aunque suelen morir en días no laborables) Y comenzará a no entender la lógica del reloj (la medida de su tiempo será el amor) y a intuir más la nostalgia de los buzones, o el trabajo artesanal del musgo sobre las estatuas. Cuidado si desarrolla su sensibilidad porque comenzará a hallar telarañas sobre los músculos de los héroes, crímenes en algunos silencios y en ciertos aplausos, heridas mortales en hechos que para la muchedumbre, sólo son acciones normales de lo cotidiano. Tenga cuidado si desarrolla su sensibilidad, porque tal vez llore por el naufragio de Noe, y por la soledad del desierto (que se ha quedado sin tentaciones de Cristo); cuídese si desarrolla su sensibilidad porque quizás comprenda al volcán y su necesidad de hacer llegar las piedras secretas del mundo, a alguna parte del cielo, y esto hará que los restos de su infancia, reclamen sus juguetes perdidos y su futuro de fantasma, exija sus otras dimensiones. Desarrollar la sensibilidad significa hacerse parte de la fauna del Misterio, cómplice de todo lo que la campana sacude con su movimiento dominical y provinciano, amigo de todo aquel que busca en un libro, pájaros y en un acordeón, ríos. Cuidado si va a desarrollar su sensibilidad, porque los árboles desatarán ruiseñores imaginarios, y darán frutos que saciaran el otro hambre, quizás el hambre de Adán, hambre que destierra del Edén, o tal vez hambre que destierra de la pobre realidad. Porque si desarrolla su sensibilidad comenzará hallar cementerios de luciérnagas y nidos donde la aurora empolla sus huevos, nidos donde todo lo que amanece engendra hijos, nidos donde el porvenir compone cantos de cuna. Cuidado si desarrolla su sensibilidad, porque se dará cuenta que todos llevamos la Belleza del mundo dentro, y cuando entienda eso, comenzará a querer volar como Leonardo, e intentará encender el verbo minero como César Vallejo, y a aprender el lenguaje de las mariposas, como cualquier viejo maestro de escuela rural. Comprender que podemos ser la Belleza del mundo, parece difícil, sin embargo, el hombre de manos rústicas que desata en la guitarra una milonga parecida a todo lo que dejaron de decir sus muertos, lo demuestra, como lo hace, también, la tejedora belenista al alcanzar en su tejido, un nuevo color de la ancestral espera. Cuidado si desarrolla su sensibilidad, porque los herederos de la vulgaridad del mundo, le cambiarán el nombre, le declararán la guerra, lo despreciarán, sin embargo usted no deberá olvidar, que el mar siempre estará de su lado, que el rocío siempre será su hermano, y que usted, como bien dijo Pablo Neruda, ha nacido para nacer. Si va a desarrollar su sensibilidad, tenga en cuenta que la Libertad vendrá por usted, aparecerá para pedirle sus ropas y sus espadas, sus diamantes y sus limosnas, sus prejuicios y sus deseos, y lo llevará andar por el milagro que hacen los hombres: ese que demuestra que el Paraíso (para los que realmente están vivos) es acá. |
| PEDRO PATZER, FEBRERO DE 2012 |
1/16/2012
Hay personas que nos enseñan a rezar con un abrazo
Hay personas que nos enseñan a rezar con un abrazo y a cantar con sólo recordarlas, hombres y mujeres de los que aprendemos, que el beso sucede con nombrarlos y que nunca mueren porque que siguen siendo soñados, y esto es porque son almas que pasan por la vida siendo la vida misma, siendo el milagro humano, espíritus que inspiran al ángel cansado y despiertan de su hibernación, al animal sagrado, que dentro lleva el corazón del hombre. Porque mientras los esclavos de la realidad hablan del fin del mundo, estos amos de la existencia trabajan para el comienzo del mundo, para que el mundo de una buena vez nazca y deje de ser este ensayo de tragedias para ser la obra sublime del porvenir. Entonces vemos claramente cómo en un mismo mundo existen profetas del ruido y músicos de la vida, traficantes de armas y misioneros, los que asesinan niños y los que bañan leprosos, los que sólo sueñan con ser millonarios y los que son ricos con las manos vacías. El problema radica en que los difusores “de la vida” se ocupan del relato que imponen los esclavos de la realidad. Así amanecemos con la noticia del asesinato diario o vemos al artista intentar hacer lo que “se vende”.
Tengo la sensación de que uno puede jugar a alejarse del íntimo alarido y disfrazarlo de murmullo ajeno, pero sospecho que eso suele enfermar el mensaje. Digo, si todos los días amanecemos con la muerte en directo, o si salen discos con canciones “normales” y así, seguimos y nos enamoramos bajo la doctrina del amor oficial, y vemos, por la cerradura de la vida (chiquita) lo mismo que todos ven, es irremediables que todos vayamos al mismo cielo, al aburrido cielo de los que jamás le preguntaron a la vida si tiene un segundo nombre, o mucho menos, la preguntaron a la vida, a su vida, si estaba enamorada. ¿De qué se puede enamorar la vida? – podría preguntarme alguien, pero creo que quién lo preguntara, quedaría automáticamente descalificado.
Todo esta reflexión me conduce a la Poesía, porque amigos, cada vez más estoy convencido de que el poema es al antídoto que nos cura de ese veneno que mediocremente llaman realidad. Les ofrezco un antídoto eficaz, para que cada vez que un esclavo de la realidad venga a envenenarlo, usted lea estos versos, del poeta pampeano, Edgar Morisoli y curará inmediatamente:
Antes que el sol se oculte, las palomas/ alzan vuelo hacia las ramas altas,/ para beber así hasta el último rayo/ de luz,/ hasta la última tibieza./ ¿Guardarán esa luz, el majestuoso/ púrpura del ocaso/ en su memoria,/ hasta que nuevamente asome el día?/ Ávido de esa lumbre/ y su consuelo, / mi atardecer busca las ramas altas”
PD: Edgar Morisoli, es uno de esos que nos enseñan a atardecer con un poema
PEDRO PATZER
12/02/2011
EL REBAÑO SÓLO EDUCA PARA EL REBAÑO!
El rebaño sólo educa para el rebaño, jamás educa para que se aprenda a salir del rebaño; los del rebaño aman como aman los que integran una manada, aman para reproducirse, para mantener la especie; odian, como odian los del rebaño. Es decir, odian a los pastores, aunque cotidianamente se someten a ellos, porque fueron educados para eso. Por eso el rebaño urde la teoría del rebaño, hace manjares para el rebaño, canciones para el rebaño, Literatura para el rebaño, turismo para el rebaño, amistades para el rebaño, sueños para el rebaño, candados y llaves para el rebaño, sexo, drogas y religiones para el rebaño. Porque una de las condiciones fundamentales para que el rebaño no se extinga, es evitar que a uno de sus integrantes le entren ganas de ser pastor, y cuando esto sucede, es rápidamente acusado de lobo, de bestia que quiere devorarse al rebaño.
Un distinguido integrante del rebaño, tiene un sólo objetivo: morir, para ascender al cielo del gran rebaño, resignándo esta vida a la penuria propia de pertenecer al común rebaño. Por supuesto que antes de morir ha de aportar nuevos integrantes a la manada (integrantes que tendrán como gran finalidad dar otros integrantes al rebaño, que luego serán educados para dar otros integrantes que darán otros...)
La sed del rebaño es sencillamente apagada por los breves charcos, y como no pueden contar ovejas para dormir (pues la redundancia no da sueño) cuentan estiercol; aunque los que sueñan ser pastores, para dormir, cuentan lobos.
La condición de integrante de rebaño se hereda, y desde que se nace se le va enseñando a ver el mundo como sólo desde la manada puede verse: la vida comienza y termina ahí, donde se pueda pastar.
Suele suceder que en unas de las tardes iguales (tardes donde las horas están eximidas de milagros) algún integrante distraído se aleje un poco más de lo acostumbrado y descubra, los hermosos pastos de la lejanía, pastos verdes, apetecibles, diferentes, entonces la curiosidad lo invite a alejarse aún más (o a acercarse a su otro hambre) A partir de ese momento comienza la Revolución en el rebaño, cuando el pastor va en busca del díscolo integrante y éste regresa a comentarle a la manada, que más allá hay pastos exquisitos, y que no es necesario morir para probar semejantes manjares. ¿Cuántos países de pastos y cerros, cuántos ríos y árboles habrá más allá de este lugar donde hemos nacido y pastado desde siempre y donde han muerto todos nuestros antepasados?
Entonces la manada se alborota, consideran lo que el discolo integrante declarara, y deciden expulsarlo del rebaño. A veces al expulsado lo llaman Jesucristo, otras Galileo, Lennon, Ghandi, Marthin Luther king o Guevara.
Luego de echar al desobediente (pero sumamente obediente con el Misterio) vuelven a la normalidad, y hasta fundan organizaciones que promulgan la igualdad, la libertad y la fraternidad.
PEDRO PATZER
11/24/2011
GUISO
| Recetario del descalzo, arrabal del manjar, sabor de la resistencia Guiso! Perfume de antiguo zaguán, flor silvestre del hambre, milagro sencillo que multiplican los hombres Guiso! Modesto sol de los humildes, bálsamo de los inquilinos del mundo, caviar de la pobreza Guiso! Tiene algo de la belleza del candado roto y algo de la isla que a cada hora conquista el loco Guiso! Comida típica del pensionado fruto de la herrumbre, última cena sin promesa de resurrección Guiso! Los que hacen el guiso nunca piensan en el fin del mundoPEDRO PATZER |
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