por Pedro Patzer
A Van Gogh lo visitó la inspiración, pero no tenía dinero para comprar pinturas. Entonces, tomó sus viejas telas pintadas y se las entregó al ropavejero, a cambio del puñado de monedas necesario para comprar pinturas. Nadie sabe si las telas dadas al ropavejero empataban la bellezas de las que Van Gogh legara a la humanidad. Averiguarlo sería tan imposible como intentar comprender por qué Chaplin murió en Navidad.
SOY PEDRO PATZER. ARGENTINO, LATINOAMERICANO! MI ABUELO VINO EN UN BARCO PERO YO VENGO DE MÁS LEJOS,MI DESTINO ES LA PACHAMAMA
7/28/2017
7/26/2017
La Libertad
por Pedro Patzer
Los arquitectos no pueden construir montañas.
Los magnates no logran corromper al viento
Los científicos no consiguen inventar la fórmula para amar
Los obispos no alcanzan a hacer milagros.
Los publicistas no pueden escribir la historia.
Las computadoras no logran traducir el idioma del árbol.
Los ángeles no aterrizan sobre los portaviones.
Los ríos no cantan las canciones de moda
7/25/2017
Invisble
por Pedro Patzer
Las viejos diccionarios del mundo sostienen que invisible
es el que no puede ser visto.
Contrariamente, los nuevos corazones del mundo sospechan que invisible
es el que no puede reconocerse en su voz
La soberanía audiovisual y el soñar en argentino
por Pedro Patzer
Custodiar la identidad nacional, no es sólo entonar una zamba, citar el
Martín Fierro o hacer apología del asado. Custodiar, fortalecer y
desarrollar nuestra identidad, en tiempos en los que los contenidos extranjeros
colonizan implacablemente nuestro habla, nuestra manera de vincularnos con la
realidad, con la sociedad, con el prójimo, es trabajar por la soberanía
audiovisual
Hace años, Scalabrini Ortiz señalaba que la Argentina tenía himno y
bandera, sin embargo los trenes eran ingleses y los frigoríficos
norteamericanos. Hace algunos días, escuché a Ramiro, mi sobrino quilmeño,
hablar en neutro. Hasta le ha pedido a la madre si era posible desayunar huevos
y tocinos, cómo lo hacen los personajes de su serie favorita. Sin embargo, hay
algo que aún me llamó más la atención de esta colonización pedagógica que
padece mi sobrino y esto es que en su cumple,
con sus amiguitos, consumidores de series de Netflix, jugaban a que eran
agentes de la DEA persiguiendo a narcos colombianos y mexicanos.
Podría decir que asistir a dicho espectáculo hizo que el mundo se me
viniera abajo, aunque justamente lo que hizo fue confirmar la idea
señalada por el viejo Jauretche: nos han educado los que inventaron los
mapas, los cartógrafos europeos que, por supuesto, establecieron en el
mapamundi, que el mundo comienza en el norte.
Yo, quilmeño, no jugaba a perseguir narcos colombianos como agente de la
DEA, pero, colonizado por las pocas series y películas que daban en ese
entonces, era un cowboy persiguiendo Sioux. Por supuesto que este daño cultural
con el que me “educaron” aquellas series y pelis, me hizo crecer creyendo que
los malos eran buenos y que los buenos eran malos y, desde luego, desconociendo
nuestra historia. Esos contenidos me acercaban al cowboy y al Sioux, no
me presentaban al gaucho y mucho menos al ranquel, mapuche, tehuelche, guaraní,
etc. Tanto es así, que hasta mi adolescencia estaba convencido de que en
Argentina no había indios. Les recuerdo que nací en un lugar llamado Quilmes,
nombre adoptado por los aborígenes de los Valles Calchaquíes confinados a
caminar desde Tucumán hasta la localidad bonaerense que hoy lleva su nombre.
A diferencia de mi sobrino, yo crecí en una época donde no había
internet, y mucho menos Netflix, y la televisión nos mostraba otras
historias, desde Historias de la Argentina Secreta - semilla de mi
vocación, hace catorce años soy autor de los contenidos de Nacional Folklórica
y escribo libros sobre la argentinidad - hasta series que me dieron armas para
ser más argentino: Carlín me enseñó lo que un “langa” porteño es capaz de hacer
por seducir una mina; Atreverse, de Alejandro Doria me enseñó cómo sufre un
travesti en nuestra sociedad prejuiciosa, la Banda del Golden Rocket me contó
como un viejo auto del abuelo puede unir los caminos de unos primos. Es decir,
yo fui colonizado culturalmente, jugaba a los vaqueros, pero historias de la
Argentina Secreta me enseñó que había otros héroes cercanos, y Carlín a que uno
se puede bajar antes del bondi por tratar de ganar el amor de una mina o la
banda del Golden Rocket, que hay cosas como un viejo auto del abuelo que en realidad
se transforman en puntos de encuentros. Hoy me preocupa que mi sobrino Ramiro,
no halle en los contenidos que consume, puntos de encuentros con su historia,
con su país, con su gente, no sólo porque dejará de seducir como un argentino,
de soñar como se sueña en este país, sino porque desconocerá las cosas más
hermosas que nos hacen ser nosotros y las cosas más terribles que debemos
cambiar para ser mejores. El Indio Fernández sostenía que los mexicanos iban a
aprender a ser mexicanos al cine (en la época de oro del cine mexicano),
nosotros tenemos que trabajar para que Ramiro, sus amigos y los que vengan,
además de disfrutar de las geniales series universales, puedan conocer cómo se
sueña en argentino. El Estado nacional debe comprender que promover la ficción
nacional es fomentar la identidad argentina.
7/21/2017
Ya no hay tiempo para campeones solitarios
por Pedro Patzer
Pues bien, he despertado,
he dejado atrás mis ojos de ceguera aprendida, ahora veo a través de eso que
hace milenios he sido, antes de ser.
Por lo que puedo sentir
como el río y pensar como la piedra, consigo alcanzar todo lo que calla el
árbol y todo lo que pronuncia el viento.
Ya la edad no es una
lotería de los que rifan el mundo; ahora es un asunto serio, la medida para
sanar el océano y el corazón humano. Ya no hay tiempo para campeones
solitarios, ni para los fundamentos de las fronteras; ya nos toca pelear por la
vida, por el himno de las ranas y el pan de la niñez. Hay que dejar de ser
esclavos de lo que no necesitamos, esclavos de deseos e identidades ajenas,
dejar de temerle a los fantasmas de la nada y procurar no morir sin haber
cambiado un poco la vida.
Hay que hacer ayuno de
todo lo que sabemos de memoria, y darle a la humanidad la oportunidad de
empezar a mirar de nuevo. Dejar atrás los días como mercancía y el planeta como
una fábrica monstruosa. Hemos hecho del mundo un gran escenario sobre el cual
se han representado hermosas y patéticas obras, ahora es tiempo de hacer de él,
un jardín donde los llegados vengan a aprender a nacer, y donde los que se marchan
lo hagan como auroras de los que vendrán. Cuando tanta gente le teme a la
muerte, es porque antes que nada le teme a la vida.
¿A dónde vamos después de
la muerte? Se pregunta la mayoría. La humanidad sanará cuando la mayoría se
pregunte: ¿hacia dónde hacemos que vaya la vida antes de nuestra pequeña muerte?
7/15/2017
¿Desea usted reiniciar el sistema?
por Pedro Patzer
Nos llenan de pestes, nos
condenan a ser contemporáneos del fin del mundo.
Nos informan que un puñado
posee la fortuna material del planeta, y que
por esa gente hieren las
montañas, envenenan los ríos y matan las selvas.
Mientras sus diarios, sus tevés
, sus museos, sus equipos de fútbol, sus héroes multimedia, nos
enseñan de qué se trata la vida.
Al ciego Borges le gustaba
recordar que Demócrito de Abdera, se arrancó los ojos para pensar
7/10/2017
Arte Poe(duende)tica
Por Pedro Patzer
El poeta Diego Holzer de niño pasaba sus días hablando con los duendes, aunque su madre no le creía, él le advertía que no eran duendes imaginarios, eran duendes reales. Tanto es así que le juraba que los duendes hablaban con su voz. ¿Acaso no es lo que Diego Holzer logró con su poesía: hacer que los duendes hablen con su voz?
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Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12
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