11/10/2015

Martín Fierro y la resistencia cultural




Por Pedro Patzer

El poema Martín Fierro nació como una denuncia contra todo lo que el civilizado le hacía al gaucho: lo obligaba a presentar una papeleta cada tres meses, sino lo declaraba vago y lo mandaba a la frontera a luchar contra su hermano el indio o lo confinaba a trabajar gratis en las estancias.
Estos señores, representantes de la civilización,  llamaron bárbaros al gaucho, al indio, al nativo, ignorando que la etimología de la palabra “Bárbaro” significa: extranjero. Sarmiento, que fue el creador de “Civilización y barbarie”, supo burlarse de la palabra “argentino”, al advertir que este vocablo es un anagrama de la palabra: “Ignorante”. La historia se rió de Sarmiento, al responderle que la palabra “Sarmiento” es un anagrama de “Mentirosa”. Más allá de estos juegos de palabras, hay algo fatalmente clave en esto de denominar “bárbaro” al nativo, ya que todavía persiste en algunos personajes como Prat Gay, esa idea de que el nativo, el que lleva sangre gaucha o india, el cabecita negra, es el bárbaro; mientras los rubios como él, los blancos, los que saben pensar en inglés (y desconocen cuántos idiomas originarios posee nuestro territorio) son los civilizados.
Es importante comprender la victoria que significa que Martín Fierro sea el poema nacional. Es necesario hacer que la obra de José Hernández trascienda los círculos tradicionalistas y las estampas conservadoras, y que sea utilizada como herramienta para entender la realidad argentina y latinoamericana.
Hoy es el día de la tradición por el nacimiento de José Hernández, apaguemos el televisor y abramos el Martín Fierro, les aseguro que es un libro colmado de respuestas, una obra cargada de futuro.

11/01/2015

Los hombres que se comen las letras eses

por Pedro Patzer



Hace un tiempo tuve la fortuna de conversar con José, un ex ferroviario tucumano. El término “ex ferroviario” está mal empleado ya que jamás se deja de ser un ferroviario. Serlo es formar parte de una cultura tan humanamente poderosa como las estampitas de San Cayetano en las manos de un desocupado o el matecito que nos ayuda a despertar en  tiempos donde las multitudes parecen anestesiadas.
José me convidó sendas anécdotas de la cultura ferroviaria: pueblos que nacieron gracias al tren y comarcas que murieron con el nefasto: "Ramal que para, ramal que cierra" Se refirió a familias ferrocarrileras; a los santiagueños que tomaban el tren en Retiro para ir a celebrar el carnaval a su provincia; a lo que padecen los conductores de locomotoras ante cada suicida que elige las vías como última morada. Y de cómo la desaparición de trayectos del tren mató a la pequeña patria de los ferroviarios.  Además de conmoverme por todo lo que contaba, me emocionó que José se comiera las eses, en palabras fundamentales: "los pueblo que desaparecieron, cuando dejaron de pasar los trene.. "  ¿Cuáles de todas los sucesos vividos por este ferroviario, le quitaron las “eses” a las palabras “pueblos” y “trenes”?
Un tiempo después entrevisté a un anciano hachero santiagueño, había trabajado de changuito en la forestal. En un momento de su relato advirtió: "...y el monte se ha quedado sin árbole y sin pájaro" Y tal vez, en esas “eses” omitidas en las palabras “árboles” y “pájaros” había algo más que un error, había algo así como una especie de confesión: él que había tumbado árboles desde niño, de alguna manera también había talado sus propias palabras, un desierto crecía en su silencio sin “árbole” y sin “pájaro”
Betty, viuda de un ex ypefiano ( jamás se deja de ser un ypefiano, los que se criaron en familias de trabajadores de Ypf saben muy bien a qué me refiero: escuelas, proveedurías, cultura de integración) Betty me confesó que fueron muchos los ypefianos que, como su marido, murieron de tristeza cuando los despidieron de Ypf. En un tramo de su relato, la viuda recordó que su esposo ante la privatización de Ypf, advirtió: "Muchas vida se perderán con esto" Y esa ese que le faltaba a la palabra “vidas”, era también una especie de manifiesto: “la muerte avanza”
Popularmente cuando alguien omite una ese, se dice "se come las eses o  se traga las eses" Pienso en la sabiduría de estas frases y me pregunto:  ¿De qué está hecho el hambre del hombre que se traga las eses? ¿De qué está hecha la sed de los que se tragan las eses? ¿Acaso la misma sed de la Difunta Correa? ¿Acaso el mismo hambre de los hijos de Martín Fierro?
La batalla es cultural, de esa cultura de los hombres que se tragan la eses por temor a llamar al silencio de la historia, a la soledad de la lucha, al suicidio cultural de una sociedad.
Hace algunos años comenzamos a recuperar las eses perdidas de esos hombres, sigamos por ese camino. Que no gane el Silencio. Que ganen las palabras. Nuestras palabras. 

10/10/2015

Volver a estar desnudos

Ser los fondos
Hacer del corazón una semilla
Habitar el espíritu de cada cosa
Desde la cima del silencio reconocer
la propia voz como un río
Traducir cada pregunta del árbol
Asumir nuestro destino de viento
y que cada pájaro que calle sea una canción
que le debamos a la vida
Entregar las armas que nos han dado
los ejércitos de la nada
y dejar atrás el lenguaje que nos inculcaron
las escuelas de espectros
Volver a estar desnudos
y permitir que nuestro espíritu florezca
como el llamado de la primavera
lo indique

PEDRO PATZER

10/01/2015

Vicente y las palomas de Buenos Aires



por Pedro Patzer

Mientras el gobierno de la ciudad de Buenos Aires introduce halcones, aguiluchos y caranchos para reducir la población de palomas, un hombrecito consagra su vida a darles de comer. Esta es la historia de Vicente Oriol, el custodio de las palomas porteñas.
Llegó de su Italia cuando tenía dieciocho, hoy, que ya tiene ochenta y diez, aún recuerda la manera con que las aves le dieron la bienvenida en el puerto: "Llegamos sin nada, pero las palomas nos recibieron como si fuéramos reyes" Vicente trabajó seis décadas de sastre, de hecho fue el encargado de confeccionar los trajes de Alfonsín, cuando era presidente. Al jubilarse comenzó a realizar sendas caminatas por Buenos Aires en las que observó que los vecinos maltrataban a las palomas: piedrazos, balines de aire comprimido, venenos varios. Fue cuando Vicente Oriol sintió el llamado, su misión era ser el custodio de las palomas porteñas. Cual Quijote que por Rocinante lleva un changuito, don Vicente del Microcentro va deshaciendo entuertos echando maíz por las callecitas, dándole de comer a las palomas: “Un día comencé a darles pan viejo, y desde hace un tiempo compro todos los días una bolsa de maíz” Es curiosa la relación que se ha forjado entre el hombrecito y las aves, pues cuando Vicente está a cinco cuadras, las palomas comienzan a alborotarse. Mientras las oficinistas, los corredores de bolsa, los taxistas y los peatones, las muchachas del subte, y los muchachos del andamio; las ambulancias, los enfermeros y los pacientes; los patrulleros, los policías y ladrones; los vendedores de garrapiñadas y los que ofrecen piñas y muestran sus garras; los lustrabotas y los descalzos; los frailes y los que venden bolas de fraile y los otros esclavos del reloj insisten con sus soledades compartidas, las palomas y el hombre que les da de comer, inician su ritual. Y en ese instante algo sucede en la ciudad:  los carteles publicitarios, y los que indican contramano, las escaleras que no conducen al cielo, los monumentos que ni siquiera bostezan, los balcones huérfanos de trepadores romeos, los campanarios vacantes de cuasimodos, y el riachuelo lejano (sin Quinquela que lo pinte y Sandrini que lo haga película) se conmueven ante el error de la Matrix, intuyen que el guardián ha dejado la puerta de la celda abierta y la paloma que fue en tiempos bíblicos elegida como símbolo del Espíritu Santo, en esta época materialista pasó a ser el objetivo a aniquilar:  “Cierta vez una señora me increpó, me dijo que no le diera de comer a las palomas, porque eran una plaga. Le contesté que la plaga somos los seres humanos que estamos envenenando el planeta” Cual Hamelín de palomas, Vicente Oriol deambula por la ciudad seguido por estas aves “nunca en mi vida pude ver un animal en una jaula...Cuando escucho que traen halcones para exterminar a las palomas, pienso que la paloma siempre ha sido el símbolo de la paz y no entiendo porqué no las quieren” Este anciano que se dedica a alimentar los animales del olvidado cielo del Microcentro, nos recuerda que mientras los pulcros ángeles permanecen inmóviles en los templos, las palomas, sucias, bandidas y en bandadas,  no nos dejan solos en nuestros cotidianos naufragios en el paraíso urbano

9/24/2015

La victoria de la magia



por Pedro Patzer     
    

         
Para los onas la montaña tiene espíritu y se llama Huepen Mhe. En el noroeste argentino y en Bolivia saben que Runa Uturunco es un indio viejo que por las noches se convierte en puma. Los pobladores antiguos de la pampa también conocen que los indígenas poseen el poder de hacerse águilas, avestruces, zorros y hasta, en caso de ser perseguidos, consiguen transformarse en niebla.
¿Por qué occidente desprecia la magia de las culturas ancestrales, por qué su ciencia clasifica, irremediablemente, a seres y cosas, mientras que la sabiduría de Indoamérica (como la oriental) nos enseña que todos somos el mundo, que cada uno es la totalidad? Es decir, un hombre es hijo la Pachamama, es su Huayra Tata, su amante, y a la vez, es la Pachamama misma.  ¿Por qué la cultura occidental nos confina a ser inmutables seres?
Mientras en Occidente la alquimia tenía como objetivo principal transmutar los metales en oro, en Oriente la alquimia intentaba dar con el elixir que permitiera alcanzar la inmortalidad. Del mismo modo, mientras occidente reduce la “realidad” a lo racional, el conocimiento de los antiguos de esta tierra, nos invita a habitar “una realidad aparte”, como bien supo describir el escritor Carlos Castaneda, al camino del chamanismo indígena: “Cuando un hombre se embarca en el camino del guerrero se hace consciente, de una manera gradual, de que la vida ordinaria ha sido dejada atrás para siempre. Los medios del mundo ordinario ya no son un amortiguador para él; y debe adoptar un nuevo modo de vida si quiere sobrevivir” Gabriel García Márquez en su discurso de aceptación del premio nobel, recordó: “Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo...Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen…” El conquistador tuvo la necesidad de darle un espejo al nativo, pero éste que ya se reconocía en el reflejo del agua, se conmovió ante la imagen que le devolvía el espejo, no porque nunca haya recuperado la imagen de su rostro, sino que en ella no cabían todos sus (otros) reflejos, el indígena veía su imagen en el pájaro, en el monte, en el viento, en la lluvia. El espejo sólo lo apresaba en una imagen, la de un gigante. No había posibilidad de ser el mundo, con  ese espejo llegaban los límites, las fronteras del ver. El hombre era sólo un hombre, no un hombre lluvia, un hombre rayo, un hombre custodio de los pájaros.  Y así los cartógrafos europeos encarcelaron a la Pachamama en un mapa, y a los dioses como Kasogonagá, dueño de los rayos, según los tobas y Jachuká, la diosa solar de los mbya guaraníes,  el dios luna, el hombre de fuego, y tantos otros dioses nativos los desterraron (y los descielaron) y los reemplazaron por un solo Dios, que tenía un representante en la tierra, que en 1537, no tuvo más remedio que reconocer que “los indios también tienen alma”
Volviendo a Carlos Castaneda, Octavio Paz definía su obra como la derrota de la antropología y la victoria de la magia ante la ciencia, ya que Castaneda era un antropólogo que fue a investigar a don Juan, un chamán yaqui, y terminó convertido en un hechicero yaqui: “Somos hombres y nuestra suerte es aprender y ser arrojados a inconcebibles nuevos mundos. Un guerrero que ve energía sabe que no hay fin a los nuevos mundos para nuestra visión”  Es decir, el poder de la tierra y de su sabiduría: ¡Cuidado con los ríos que enseñan otras músicas! ¡Cuidado con los desiertos que enseñan otros silencios! ¡Cuidado con los vientos que recuperan ancestrales idiomas! ¡Cuidado con los ojos que tienen para prestarnos los cerros, el horizonte, el árbol y aquellos humanos que no se resignaron a las fronteras políticas, biológicas y culturales, y se asumieron parte de otra dimensión.
Mientras la publicidad nos convence de que el mundo se compra y se vende, mientras el turismo nos hace creer que es posible alquilar paisajes espirituales (por cinco días y cuatro noches) mientras nos invitan a estudiar sólo para ocupar un puesto laboral, hay otro misterio latente, un conocimiento silencioso, un camino donde la antigua sabiduría de esta tierra nos invita a hallar una nueva manera de ver la vida, lejos de la “vida” (producto) que el dios mercado propone.

9/16/2015

El éxito del cóndor

por Pedro Patzer

El viento de los Valles Calchaquíes siempre narra antiguas leyendas. Los viejos arrieros las recuperan, ellos suelen decir: “Huayra Tata me contó” Parece ser que el padre viento hubo de confesarles que el cóndor no envejece nunca y que cuando éste siente que su inmortalidad comienza a abandonarlo, se eleva a lo más alto, pliega sus alas y se deja caer hasta que la muerte, que desde hace siglos lo espera, lo encuentra en las peñas. El viento aborigen afirma que cada vez que un cóndor muere, crece en el corazón del cielo andino un pedazo de desierto.
Hay quien le da un uso superficial a la palabra éxito, despreciando su origen etimológico que viene del latín “exitus”, que significa salida, por lo tanto, éxito es “encontrar una buena salida a una situación” El éxito del cóndor consiste en alcanzar la cima de la vida para irse de la vida. El destino de imprescindibles personalidades de nuestro continente se parece al del cóndor.

Felipe Varela y el éxito del cóndor
Felipe Varela nació en las alturas de los sierras catamarqueñas, en un rancho pobre de Huaycama. De niño miraba al cóndor volar y pensaba que él que nada material tenía, poseía el privilegio de contemplar a la majestuosa ave desplegar sus alas cual ceremonia ancestral. Siempre sospechó que el cóndor traía consigo preguntas de otros tiempos, preguntas que desde hace cientos de años andan errantes por los andes, preguntas parecidas a los silencios de vasija de sus andrajosos paisanos, preguntas que la montaña murmuraba y que el río sugería en su idioma antiguo. Varela fue el último montonero, lo que consiguió traducir del cóndor lo volcó en un manifiesto en el que llama a la unión americana y en el que repudia la guerra al Paraguay. Murió en 1870 exiliado (en Chile) y pobre, calumniado por la historia de la oligarquía que le dio trato de "caudillo sanguinario" y por su folklore que le hizo canciones que entre otras cosas  lo retratan como el que "viene matando y se va". Sin embargo, Felipe Varela consigue el éxito del cóndor ya que el pueblo lo sube a la cima de su memoria, lo bautiza como "El Quijote de los andes" y lo asciende a las máxima altura de su cultura: lo hace copla y lo canta: “La República Argentina/ siempre ha sido hostilizada,/ porque quienes gobernaban /con mala fe caminaban. / Ahora que viene encima / levantada su bandera, /la gloria y la primavera/ florecen por sus caminos, / gritemos los argentinos: /¡Viva el Coronel Varela!”

La Machi y el éxito del cóndor

El siglo XX tenía 37 años cuando a pocos kilómetros de Esquel, en la pequeña comarca Nahuelpan, fueron desalojados (golpeados y sus viviendas quemadas) más de 300 mapuches, entre niños y ancianos, a instancias de la familia Amaya que aseguraba "ser dueña de esas tierras". Los mapuches tuvieron que emprender el éxodo: caminaron treinta kilómetros hasta llegar a Lago Rosario donde se aquerenciaron. Sin embargo de a poco fueron regresando a Nahuelpan, pero no sólo volvieron para poblar la comarca sino que retornaron para soñar, a través del pewma, a sus muertos; regresaron para descubrir allí su tahiel (su canto sagrado); volvieron para ejercitar el Pürrün (baile sagrado), es decir, eligieron retornar a Nahuelpan para  realizar allí la rogativa sagrada, el Camaruco, ceremonia en la que los mapuches se encuentran con sus antepasados.
La parte más intensa del ritual es dirigida por la Machi (médica hechicera y consejera de la tribu) que en el momento crucial del Camaruco levita hasta sanar de sus enfermedades (físicas y espirituales) a los presentes. La Machi se eleva hasta alcanzar la cima de lo sagrado, la cumbre de lo humano, la cresta donde el más allá se alcanza en el más acá. Desde ahí, cual éxito del cóndor, anuncia el fin de la ceremonia.

Facundo Cabral y el éxito del cóndor

Facundo Cabral  no tenía otra posesión material más que su guitarra. Desde que su mujer y su hija murieron en un accidente aéreo, vivía en un hotel. Se hacía llamar “Vagabundo first class” “Un vagabundo que nunca pide, un vagabundo que sólo agradece”. Tenía la mezcla justa de burdel y templo, de atorrante y santo; sus milagros arrabaleros no hacían ver a los ciegos, ni caminar a los lisiados, sus milagros consistían en ponerle libertad a los corazones colmados de calabozos. Se codeó con Krishnamurti, Borges, Perón, la Madre Teresa, Atahualpa Yupanqui, Ray Bradbury, aunque nunca dejó de ser aquel pibe pobre que andaba por las calles de Tandil, un chico pobre que aprendió que la riqueza no se encuentra en el mundo, que la riqueza se halla en la vida. Así fue que este trovador actuó en 165 países y su canción  “No soy de aquí, no soy de allá” fue grabada en muchos de idiomas, aunque donó sus regalías (un millón de dólares) a la obra de la Madre Teresa. Facundo no necesitaba la riqueza del mundo, de hecho, los tesoros del mundo lo empobrecían, del mismo modo que los dolores del mundo no lo derrotaban: “No hay dolor del mundo que sea más fuerte que la vida”. El 9 de julio de 2011, Facundo Cabral fue asesinado en Guatemala por sicarios que lo confundieron con un empresario, vinculado al narcotráfico. Recibió una decena de disparos. Horas antes, en su último concierto, había manifestado: “Es difícil y raro decirlo, pero este es el final, pero yo soy lo que se va de este mundo feliz, porque hice la vida que quería hacer, porque fui dueño de mi vida y lo seré hasta el último minuto”

Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12

  https://www.pagina12.com.ar/857478-tierra-de-rios-de-pedro-patzer-cronica-y-poetica