2/22/2025

Francisco

 

En un mundo de máscaras, el papa Francisco le devolvió el rostro a la humanidad .En una época donde el humano dudaba sobre la existencia del humano, el papa argentino nos recordó que los templos no son de los que administran el monopolio de Dios y lo encierran en la jaula de los dogmas, ni tampoco de los que promueven turismo espiritual, como quien hace un safari y se acerca a los leones para luego regresar a la rutina cómoda de la ciudad, él vino a señalarnos que de todo eso que podemos llamar templo no se puede salir sin ningún compromiso con el prójimo, ni siendo indiferentes con los que sufren. Que los templos trascienden los oropeles arquitectónicos y las aduanas de las religiones, porque los templos auténticos son una manera de estar en la vida, se llevan a todas partes, son lugares sagrados donde Dios y los humanos se encuentran, no tienen gendarmes de la fe en sus puertas, son espacios donde se recibe a todos, a los que creen y a los que no creen, territorios de transformación de la conciencia, ya que los templos también se hacen con todas las piedras que les han arrojado a los pecadores, por eso suelen ser los sitios donde el corazón vuelve a empezar 

En el auge de la inteligencia artificial Francisco puso al corazón humano en el centro: “cuando nos asalta la tentación de navegar por la superficie, de vivir corriendo sin saber finalmente para qué, de convertirnos en consumistas insaciables y esclavizados por los engranajes de un mercado al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia, necesitamos recuperar la importancia del corazón”

En medio de la pandemia de soledad de este siglo, que tiene muchas madres y muchos padres y sin embargo sus hijos son huérfanos, Francisco cobijó a los desamparados, y cuando la palabra muro volvió a ponerse de moda, él instaló la palabra fraternidad, y cuando los que se creen dueños del mundo avanzaron con sus ambiciones, Francisco nos habló de la Tierra, como nuestra casa común y como nuestra hermana con la que compartimos la existencia 

Por supuesto que un hombre así es odiado por los celadores mundanos de dios, del dios que ellos nos hacen escribir en minúscula, porque Francisco consiguió hacernos comprender que hay un Dios en mayúsculas, donde la clemencia, la esperanza y el amor resplandecen, porque no se esperan de brazos cruzados, más bien se construyen y siembran todos los días

Más allá de si sos cristiano, de si crees o no, este hombre se transformó en la última década en la voz más humana del mundo y lo hizo en nombre de Dios. Un Dios que se parece a las mejores utopías de los hombres y las mujeres. 

Pedro Patzer




1/19/2025

En el fondo de todo hay un jardín


Hace días asistí a la situación más dolorosa de la que tenga memoria, un padre y una madre despidieron a su pequeño hijo muerto en un accidente. Conmocionado, pensaba en lo injusto y en lo inexplicable, y si habría alguna manera de aliviar semejante dolor. Al día siguiente mi hija me pidió que la llevara al Jardín japonés y allí me encontré con un "Hibaku Jumoku", así se denominan a los árboles que sobrevivieron a las bombas nucleares lanzadas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki. Los hijos y las hijas de aquella tragedia se han dedicado a esparcir sus semillas en lugares del planeta donde la paz y la memoria estén amenazadas. Ellos aprendieron que el horror siempre se vence con algo que florece, como también nos enseñó Walt Whitman en sus Hojas de Hierba, aquello de que siempre de lo que muere algo nace.
En sus atormentados insomnios, Alejandra Pizarnik solía telefonear en plena madrugada a la poeta Olga Orozco para preguntarle desesperadamente:
- Olga, decime por favor que en el fondo hay un jardín
- Alejandra, ¡en el fondo de todo hay un jardín, hay un jardín!
- ¡Muchas gracias! (Alejandra corta)
Quizás luego de aquella confirmación fue que Alejandra escribió: “en la otra orilla de la noche/ el amor es posible” Y ante el dolor inconmensurable de esa madre y ese padre que perdieron a su hijito, se me figura la otra orilla de la noche y pienso que si hay algo tan inexplicable como la muerte eso es el amor. Cuando Facundo Cabral perdió a su pequeña hija y su mujer en un accidente aéreo, lo llamó la Madre Teresa y le dijo: "Facundo, ¿qué vas a hacer con todo el amor que te sobra?"
El amor que está tan devaluado que lo han intentado convertir en un “producto” más del mercado, entre algoritmos de tinder y gente que lo confunde con estar desesperadamente con alguien, o con cumplir con un mandato de la sociedad, tal como actualizar el documento o pagar los impuestos, pero el amor es algo tan poderoso que es lo único que le hace sombra a la muerte, porque él tiene en su esencia la otra lógica, rompe el camino lineal de los mortales, instala sus laberintos y jeroglíficos donde lo humano y lo divino se hermanan, porque en su esencia de sinrazones está la raíz que sostiene el sentido de la vida.
Yo no sé si hay algo se le pueda decir a un padre y a una madre que perdieron a su hijo, pero estoy seguro de que es el amor el lugar donde comienza el horizonte de los sobrevivientes.

Pedro Patzer

11/08/2024

Los adioses

Por Pedro Patzer




Escribo adioses, así en plural, como quien dice gaviotas, como si todos las despedidas fueran iguales, como si nos pudiéramos probar todas las ropas del adiós, y ya sabemos bien que no es lo mismo un traje del que dice un hasta luego en un andén, que una camisa de quien se mancha con el barro del nunca más. Es imposible quitar ese lamparón, aunque es oportuno hacer de él una casa para que habite aquel en que nos transformamos luego de semejante despedida. ¿O acaso creemos que seguimos siendo los mismos, que nuestra mirada no empieza a contener los duelos de todos los castillos de arena que se han destruido en las playas de las infancias, que no le regresa la sordera a Beethoven o que el eco no comienza a mostrar los huesos de los nombres que hemos perdido? En una despedida también llovemos todas las lluvias, nuestros cansados juguetes y nuestras banderas blancas se reúnen, todos los caminos que no transitamos se alborotan en nuestros pies, nos pesan las veces que le dijimos adiós nuestra desnudez espejo y tuvimos que vestir el uniforme espejismo del mundo, como en todas aquellas ocasiones que dijimos adiós a  entregarnos a esa llamada que nos hubiera hecho hombres y mujeres ríos, hombres y mujeres lunas, hombres y mujeres puentes. Un fantasma no es un muerto que regresa, es más bien un vivo que dice adiós a su intuición. Pero, ¿qué es el adiós a la intuición? Es dejar de escuchar lo que dice el jardín, es un adiós al camino que se abre más allá de nuestro nombre. Cada adiós inaugura una frontera que no es todas las fronteras, quizás una orilla sea todas las orillas pero la frontera del adiós siempre es distinta, puede ser una mano, que como escribió Cummings: “Ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas”, la mirada de una madre, la sal de una piel, una casa tomada por las ausencias, un hijo de una montaña que debe marcharse a una ciudad sin montañas, alguien que ha sido abandonado y no sabe qué hacer con todo el mar que le ha quedado sin dar en su corazón, o aquella voz que no recordamos del todo pero que cierto hablar de un desconocido la recupera. A propósito los desconocidos son la medida de nuestros adioses, ellos ignoran los oasis que mediaron en nuestros desiertos.

Hay algo en el árbol que también se modifica con el adiós a un padre, el árbol se vuelve su nuevo y definitivo silencio, allí los pájaros callan y las guitarras no empiezan. Del mismo modo, con el adiós a una madre, sucede algo en los colores y en la naturaleza de las cosas, el amarillo comienza a parecerse menos al sol y más al pan, las arrugas de las ancianas se vuelven el comienzo de las catedrales, los jazmines olvidan sus villancicos. El adiós de los amantes alimenta a los trenes que sólo existen en la noche, como el adiós a la metáfora inaugura la gangrena de la literalidad en el ver, en cambio el adiós a los pabellones de la convencionalidad, inauguran una soledad luminosa que nos ayuda a mirar lo otro. Un preso confesó que llegaba a su calabozo una luz de la torre de seguridad, él imaginó, desde su primera noche,  que esa era una luz de un faro y él, un náufrago a la deriva, eso lo mantuvo con esperanza hasta que recuperó su libertad. Hay un adiós al miedo, un adiós a ese impostor que el mundo hizo de nosotros, un adiós a nuestras biografías según wikipedia (que son los modernos epitafios) y un comienzo de las biografías escritas en los pentagramas, biografías que se puedan cantar y bailar, biografías que hacen de la acumulación del barro de los adioses, las cerámicas de las bienvenidas

Pedro Patzer 

ilustración: Juan Roma





9/26/2024

¿Por qué un colibrí no se deja tentar por la flor artificial?

por Pedro Patzer

¿Por qué un colibrí no se deja tentar por la flor artificial? 

Las máquinas no lloran, por lo que jamás podrán entender por qué ante la tristeza brota agua de los ojos humanos. De hecho, consulté a la inteligencia artificial sobre este asunto y me respondió: “Una lágrima es un líquido claro y salado que se produce en las glándulas lagrimales de los ojos.” Por supuesto, el chat gpt nunca conseguirá sentir lo que Alfonsina Storni: “Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,/Un mar un poco torpe, ligeramente estulto…Que se asoma a los ojos con bastante frecuencia” ¿Qué es eso de llevar adentro un mar oculto que por una misteriosa razón es el origen de las lágrimas humanas? Jamás podrá explicarlo la inteligencia artificial y mucho menos si sabemos que la autora de estos versos decidió ingresar caminando a la muerte en el mar. La victoria de la metáfora sobre las máquinas acontecerá porque su espíritu está en la imperfección de la mirada, que por algún motivo, se vuelve prodigiosamente humana. La inteligencia artificial jamás comprenderá que pueden ser sinónimos mágicos el puente y la semilla y nunca va a poder explicar por qué una misma campana suena amable por las mañana y patética por las madrugada o por qué el tiempo que miden los relojes no consigue retratar el minuto humano cuando se produce el milagro o la tragedia, no entendería nunca aquello que pronosticaba Jacobo Fijman: “Es muy larga la noche del corazón” Es decir, que el corazón humano tiene su propia noche y además es una noche que puede durar años. La exacta torpeza de un artefacto jamás podría interpretarlo, como tampoco que para los humanos los lugares cambian con la presencia y la ausencia de un ser amado, como indica el poeta Francisco Luis Bernárdez, en La ciudad sin Laura: “El dulce nombre que pronuncio para poblar este/ desierto es el de Laura”, o que los planos de la casa de la infancia distan mucho de cómo los reconstruye la memoria, los manuales de arquitectura con que se nutre la inteligencia artificial no tienen nada que hacer ante los planos que dejó en nosotros la niñez, ella sólo puede realizar una descripción literal del conocimiento obtenido por el mundo, lo que no consigue es habitar ese territorio de lo inefable, ese sentimiento tan humano que no puede ser explicado con palabras. “¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida?” se preguntaba la poeta Delmira Agustini en su poema Inefable, y cómo podría una chatarra de algoritmos comprender que una persona pueda llevar dentro una estrella dormida, que según su programación, una estrella es sólo un “Cuerpo celeste que brilla en la noche”, como dice el diccionario, y conforme esa lógica, la estrella no tiene la capacidad de dormir y mucho menos dentro de un ser humano. 

Las máquinas no lloran, pero tampoco ríen, sueñan, ni padecen insomnio, las máquinas no rezan, no cantan Om, ignoran lo que es no llegar a fin de mes o luchar por un mundo más justo, las máquinas no saben lo que es ver nacer un hijo o decirle adiós a alguien amado ¿Qué algoritmo podrá organizar todo eso que nace de los que se dicen adiós? Las máquinas no tienen la capacidad de vincularse con las cosas invisibles. El fotógrafo Robert Frank afirmaba: “Lo importante es ver aquello que resulta invisible para los demás”. Es decir, hay algo más allá de lo que se ve, de lo que se describe, de los epígrafes del mundo, allí está lo imperfectamente humano, donde comienza el gran río de lo invisible, río que nunca dará de beber a la inteligencia artificial, que entre tantas carencias, no tiene quizás una de las virtudes más misteriosamente humana: la fe. 

Ha llegado el momento de admitirlo y hacer de eso la bandera de una nueva era: la imperfección humana es el comienzo del futuro, la fuerza que sostiene la raíz de las cosas que no se venden ni se compran, esas que no podrán arrebatarnos los que se creen los dueños del mundo con su nuevo juguete de domesticación, como el Quijote viendo en los molinos de viento un gigante, el preso que llena su calabozo de pájaros y flores imaginarias y vive su primavera, o alguien que abraza tan fuerte un recuerdo que lo vuelve presencia.Y ni que hablar del amor que vence a todos las especulaciones y de la llama de la vocación que rompe los fríos cuarteles del utilitarismo.

Cuando quieran humillar al humano con la inteligencia artificial, recordemos aquel verso de Walt Whitman: “la articulación más pequeña de mi mano,/avergüenza a las máquinas” 


 Pedro Patzer











9/20/2024

Segunda juventud

por , Pedro Patzer

 Cada vez que veo a alguien luchando por no envejecer físicamente, pienso en la belleza de los árboles añosos, en los barrios más antiguos de las ciudades, en el coraje del Sócrates anciano que prefirió beber la cicuta a traicionarse,  en Lao Tse que nació viejo, pues su madre tuvo un embarazo de ochenta y un años por lo que cuando parió, los cabellos del viejo bebé ya estaban blancos y su rostro arrugado como papiro de texto sagrado. También pienso en los inviernos de los haikus japoneses, como aquel de Basho: “A caballo,/mi sombra vagabunda/ se congela” y  en las telarañas de las ausencias que mejoran las puertas por las que hace ya tiempo la vida no pasa, en las comidas caseras que huelen a un lugar que el gps ya no puede ubicar, sin embargo el corazón no deja de volver, en las historias que por siglos los pueblos se fueron contando y cantando, en las noches tras noche, rodeando al mismo fuego que hace siglos encendieron los primeros habitantes del planeta, posiblemente sobre aquel primer y eterno fuego nacieron el amor y las canciones.

Hay algo especial en lo viejo, como si conservara intacto otro sol, como si de ese invierno acumulado se hallara el mapa del camino a la primavera humana. Acaso es posible imaginar un joven Noe, del que aseguran que cuando construyó el arca tenía cuatrocientos ochenta años, pero no tanto como su abuelo  Matusalén que vivió novecientos sesenta y nueve años. Hay una leyenda en la provincia de San Juan, llamada La Pericana, que consiste en una mujer que erra por las tardes, se la describe como encantadora tan es así que con sus poderes suele atraer a los niños que no duermen la siesta, pero cuando los tiene cerca se transforma en una anciana de aspecto tenebroso y los asusta. Sin embargo, en esta misma provincia en la que se trafica esta leyenda que muestra a la ancianidad como algo lúgubre, un poeta demuestra que la vejez puede llegar a ser la revancha de la juventud. Me refiero a Leonidas Escudero, que en su juventud había hecho mucho dinero con la minería, de hecho llegó a tener su propia mina, hasta que perdió todo en el juego. A partir de ese momento, a los cincuenta años, se hizo poeta, publicó más de veinte libros y vivió más de cien años. Es decir, Escudero perdió su juventud en el juego, pero a la vez alcanzó su segunda juventud, la ancianidad en la poesía.  

La humanidad está en guerra contra la vejez, la desprecia, la confina a llenar sus pastilleros, a la lentitud amarilla de los uniformes de domingos, al prosaico puerto donde se supone la muerte puede recalar inminentemente. Entonces, le teme profundamente a todo aquello que enseña el otoño del cuerpo. Siempre he pensado que el que le teme demasiado a la muerte, en realidad le teme demasiado a la vida, por lo que quien combate a la vejez, en realidad está batallando contra su propia juventud. De modo que se prepara el campo para la llegada de jóvenes adánicos que consideran que antes de ellos no ha habido historia humana, y que con ellos nació la política, la cultura, el sexo, la rebeldía y que el resto debe ser despreciado. Siempre los ancianos fueron diques del desborde de la juventud, que entre fervor e ignorancia, aprendían la serenidad de los antiguos capitanes ante la temporada de naufragios. 

Los ancianos tienen tantas cosas en común con los niños, Neruda escribió: “todos los viejos llevan en los ojos un niño,y los niños a veces nos observan como ancianos profundos” ¿Acaso no hay juguetes para la ancianidad o será que el mundo ya se ocupó de destruirlos ? Los juguetes de la ancianidad son creadores del horizonte de los que vendrán. Tomemos por juguetes de ancianidad a todas las flores que nacieron en las heridas, a todas las guerras que podrìamos ahorrarnos si escucháramos el relato del que vio morir a un amado en una de ellas, o al que tuvo destellos de milagros humanos, donde pudo comprobar, aunque sea por instantes, que era posible otra humanidad. El agua de la juventud se nos va entre las manos buscando el gran secreto, tal vez un anciano tenga la capacidad de asegurarnos de que no hay tal secreto. De que el gran corazón de esta vida es la duda, y que esa es la única certeza que nos hace libres, el camino que hace al camino.

Podemos hacernos de todo en la cara, en el cuerpo para parecer más jóvenes, pero si no conseguimos tener una mirada limpia, tan limpia como aquel que retorna del viaje que eligió hacer, siempre seremos viejos, tan viejos como los jóvenes que nunca han despertado a ese laberinto de intentar ser uno mismo. 




11/16/2023

La cultura popular es el anticuerpo que siempre salva a la Argentina

por Pedro Patzer



10/01/2023

Los nombres de la soledad

Si supieramos todos los nombres que tiene la soledad

estaríamos menos solos

La soledad tiene varias ropas, diversos paisajes,

distintos colores, muchas voces

pero sobre todo demasiados equipajes

equipajes que a veces arrastramos con nuestro corazón

y otras se vuelven parte de nuestro cuerpo

A veces la soledad es la infancia varada en el silencio

y otra, el otoño intentando colonizar nuestra mirada

La soledad es un libro olvidado en la casa que ya no existe.



Pedro Patzer

1/09/2023

Canibales de la propia identidad

 No hay peor orfandad para un pueblo que la del olvido de su identidad.

Sin identidad el horizonte es lo que pudo haber sido, porque la identidad siempre es lo que podemos llegar a ser, gracias a lo que fuimos.
Si un pueblo no conoce la identidad de su río, de su selva, de su montaña, será fácilmente convencido de hacer de aquellos tesoros de la naturaleza, lo que la lógica internacional del comercio proponga; deforestación, papeleras, minería a cielo abierto. Así los pueblos ricos (de Pacha) se vuelven pobres. Cuando los pájaros no tienen màs àrboles en los que cantar, y la lluvia ya no se inspira en la selva y los rìos mueren de su propia sed, el ser en el mundo de los pueblos comienza a acabar
Del mismo modo pasa con la cultura, cuando nos enamoramos solo de las aventuras de las series que transcurren en manhattan, Londres o Parìs y dejamos de sentir que nuestra tierra es el escenario de la aventura más crucial de nuestra vida: nuestra existencia en la historia, comenzamos a ser espectadores pasivos de un mundo que todos los días de desmorona como niña que deshoja un ángel
En estos tiempos en que hordas de terraplanistas polìticos han intentado un golpe de estado en Brasil, a semanas en que similares individuos intentaron asesinar a la Vicepresidenta de Argentina y luego del derrocamiento de Evo Morales, podemos inferir que estos hechos claramente no son aislados, sino que responden a un trabajo de despoblar a los pueblos de sus identidades.
Cuando los autènticos espejos son reemplazados por las pantallas de celulares, tevès y otros artefactos que repiten todo el dìa lo que los dueños del mundo dictaminan, pues entonces los pueblos se vuelven canìbales de su propia historia, canìbales de su propia identidad
Pedro Patzer, escrito en caliente (sepan disculpar

5/06/2021

Cultura Popular, Madre de los Vientos


por Pedro Patzer 


La cultura popular es Huayra Puca, la madre de los vientos, de nuestros vientos rebeldes que golpean y golpean y golpean el alma de nuestros propios muros, hasta hacerlos piedras de nuestras verdades. Por eso el zonda, el pampero, la sudestada, el viento blanco y el viento norte,  enloquecen a los que sobreviven en la trinchera de la “cordura”, que no es otra cosa más que aceptar formar parte del elenco estable del olvido. Porque estos vientos llevan y traen, traen y llevan, el balbuceo de diosas y dioses más antiguos de estas tierras, aquellos que fueron escondidos junto a sus idiomas secretos y que se convirtieron en cantos clandestinos y salvajes hechos de palabras que jamás podrán encerrar los calabozos de los diccionarios de las reales academias,ni en la “civilidad” de los que siempre proponen renunciar a la identidad. Estos vientos, que agitan las otras banderas y sostienen el alma de las argentinas olvidadas, esparcen semillas que harán florecer porvenir en lugares que parecían condenados a la resignación del desierto y al mausoleo de los pulcros, o para decirlo en criollo: a la comodidad cultural de los indiferentes.

La cultura popular es Huayra Puca porque que además de ser la madre de los vientos rebeldes, tiene la capacidad de transformarse en otras divinidades, a veces canta solitariamente como Martín Fierro, otras, como baguala desesperada, cada tanto se vuelve Maradona, Evita, Leonardo Favio, Mercedes Sosa aunque generalmente deviene en personas anónimas: las hijas e hijos de la Madre de los vientos son los hacedores silenciosos de las memorias del pueblo ¿Acaso los verdaderos hijos e hijas de la cultura popular han mencionado, siquiera, alguna vez la palabra cultura? Las y los que hacen la cultura no suelen hablar de cultura, ellas y ellos son cultura. Aman, trabajan, cocinan, danzan, visten, se desnudan, resisten al olvido, despiden cantando a sus muertos. Los vientos rebeldes esparcen semillas sin preguntarse ¿por qué?, semillas que harán florecer verdades que ya nadie podrá detener. Y así llevan de un lado a otro los nombres prohibidos que siempre regresan como plegaria secreta o copla desdentada, en cambio los nombres que nos obligan a repetir de memoria, jamás se convierten en plegaria o canto. Nadie canta a los que sumergen al pueblo en la prosa de la resignación, el pueblo canta a los que les dan la posibilidad de ser y estar, de soñarse a sí mismos, de reconocerse genuinamente. De hecho hay coplas anónimas dedicadas a Felipe Varela, Chacho Peñaloza, Facundo Quiroga mas ninguna a Bartolomé Mitre ¡El pueblo sabe que su canto es la memoria del futuro! ¡El pueblo escribe su historia cantando!

Si cantar es rezar dos veces, como manifestaba San Agustín, los que han inspirado a nuestro pueblo no pueden , entonces, sorprenderse de que la gente los haga santos al cantarles. Hay una hermandad en el canto y la fe. Yo me siento hermano del que lleva en su billetera una estampita de San Cayetano, y le canta en las madrugadas de desocupados de Liniers, este santo oficial y venido en barco, se ha convertido casi en un santo pagano, su verdadero templo está en la vigilia de los desheredados. Del mismo modo me siento culturalmente cercano de quienes se detienen a mitad de la ruta para dejarle una botella de agua a la Difunta Correa, ese reconocerse hijo de la sed es también comprender una de nuestras identidades, o el que le ofrece un cigarrillo a la ermita del Gauchito Gil, un pucho suele ser una contraseña entre los desesperados. No puedo dejar de mencionar todo aquello que significa un misachico, una procesión en la que el pueblo marcha al compás  del retumbar de bombos y cantos, y saca al santo de la parroquia para llevarlo ante el río seco, para que vea con sus ojos sagrados que el río se ha ido. A los pocos días llueve y el río regresa, como el santo a la parroquia. Siento que esa gente es la verdadera cultura. ¿Es posible la cultura popular sin fe? ¿Será eso lo que la diferencia de la “alta cultura”? ¿Será que la cultura popular tiene devotos, que no necesitan alardear con sus conocimientos porque esos saberes son los que los hacen resistir, y ser? Pero sobre todo, sobrevivir. La Fe de la cultura popular que canonizó a Gardel, Gilda y a San Pugliese, pero también que hace que Horacio Guarany, como  otros elegidos, por ejemplo, el Indio Solari, sean padrecitos de miles de huérfanos culturales. ¿A qué orfandad me refiero? Los nietos y nietas de los abuelos quichuistas, abuelas que hablaban en guaraní o en mapudungún, o en cualquier otro idioma nativo y que fueron obligados a olvidar las voces de sus mayores. Y no fue solo olvidar idiomas, fue enterrar toda una cosmovisión que esas lenguas representaron: la Pachamama, La Tierra sin mal, La Ñuke Mapu. Este no es un país pobre, es un país empobrecido, que es realmente distinto. Y es empobrecido culturalmente. Si a alguien le niegan su origen, le cambian su verdadero nombre, le esconden los hechos, el amor y la sangre que lo hicieron llegar hasta aquí, y le sacan su tierra donde pueda surgir el dios maíz, pues no hacen otra cosa que levantar estatuas al olvido, que casi siempre lleva el nombre del que  escribe la historia oficial. Entonces los pueblos que tenían nombres indios o gauchos pasaron a tener nombres de militares que ayudaron a la conquista del olvido oficial, o el de estancieros o ferroviarios ingleses, para que los "civilizados" no sientan la profunda melancolía de ser  errantes por el fin del mundo, teniendo en cuenta que quienes confeccionaron los mapas sentenciaron que el mundo empieza desde el norte. No es casual que el "templo" de la alta cultura argentina se llame "Teatro Colón"

Hay otros mapas que gritan que el mundo empieza desde cada rincón de la memoria, desde ese eco que viene de lejos que muchos llevan por siglos en sus miradas, otros en el color de su piel, en los rostros parecidos a las piedras de los antigales. 

La cultura popular es la madre de los vientos que revela los colores de los invisibles, nos enseña el camino del yo en los otros, que nosotros empezamos a ser en los otros, que nuestra identidad comienza siempre en nuestros distintos. De modo que ella recupera a personajes escondidos por la historia oficial, ya que el lawfare viene de antes, hubo un lawfare histórico, que algunos artistas, por ignorancia o por corresponder al poderoso mandato de la historia oficial, replicaron, tanto que una  célebre zamba de José Ríos y José Juan Botelli, popularizada por Los Fronterizos, que se supone era un conjunto de izquierda,  trataba de asesino a Felipe Varela: "Galopa en el horizonte,/ Tras muerte y polvadera/ Porque Felipe Varela/ Matando llega y se va” Esta zamba que fue coreada en festivales, peñas, campos y casas de todo el país, es una muestra de cómo la “civilidad” de los cuerdos, la que administra la cultura oficial, es una renuncia a la identidad:  trata de sanguinario a una persona que, entre otros actos, alzó su voz contra la guerra de la Triple Alianza, en el manifiesto que Felipe Varela, lanzara en enero de 1868. Del mismo modo ha sido invisibilizada, de los manuales de la historia oficial, la Vuelta de Obligado, de la que Rosas fue protagonista y al que estos libros escolares sólo han asociado a la Mazorca, y nunca al acto de soberanía nacional por el que San Martín le regaló su sable. Curioso es que a Rosas la historia oficial sólo lo recuerde con las manos manchadas de sangre, pero al que festejó el degüello y la exhibición de la cabeza del Chacho Peñaloza en una plaza de Olta, lo llamen “Padre de la educación argentina”. La historia oficial la escriben los que ganan, aunque la cultura popular, regresa con sus versiones de la historia. Las coplas que el pueblo canta; las difuntitas milagrosas y los Juan Moreira que de su alma surgen; los gauchos que no sólo se niegan a ir a la guerra contra hermanos, sino que también se hacen protagonistas del poema nacional y santos paganos.  

Santos Vega es el mito que narra la derrota del payador más importante de todos los tiempos frente al diablo, al que llamaban Juan sin ropa, no porque anduviera desnudo, sino porque no vestía de gaucho ya que era el forastero. Algunas lecturas dicen que representa al progreso, aunque prefiero leerlo como a la colonización que viene a avasallar a la cultura propia. De todas maneras la victoria del diablo, o de Juan sin ropa, es pírrica, ya que Santos Vega, según el mito popular, aparece, en cada atardecer rural, como espectro, payando contra la prosa de los historiadores oficiales, administradores de “la realidad”, en la que el “nosotros” siempre son unos pocos, la aristocracia de la memoria oficial ¡Otra vez el canto es el triunfo de los vencidos! ¡La muerte no pudo callar el canto del payador!

Los hijos e hijas de Santos Vega somos sobrevivientes culturales, no sólo los aborígenes, y gauchos,también los y las que decidimos nacer en la historia, y no sentirnos europeos viviendo un exilio cultural en este extraño y mágico continente, como la aduana de la cultura o la cultura oficial siempre nos ha enseñado a sentirnos. “La cigüeña nos trae de París...Mambrú se fue a la guerra” ¡Nostalgias de parisinos nacidos en los arrabales del mundo! 

Aunque muchos de nuestros abuelos hayan venido del viejo continente, ser de aquí significa aceptar que esta tierra tiene más de 500 años, y que eso significa que nosotros somos parte de esas culturas latentes esparcidas por cada región de Abya Yala, o como la denominaron los conquistadores, América. 

Aquí se debe nacer dos veces, la primera biológicamente, la segunda existencialmente, cuando se toma conciencia de que sos de una tierra donde sus culturas originarias fueron devastadas, donde los otros (y las otras) fueron desterrados de su propia historia y de la oficial. Aquí se debe elegir nacer a la verdad, no por nacionalismo (ya que ser de aquí, es ser nuestra América) sino por empatía con todo los invisibles, y por los cuerpos, biografías, idiomas, culturas y dioses que fueron enterrados sin tumba. 

La Madre de los vientos, Huayra Puca, es decir la Cultura Popular, nos enseña que hay otra historia que la escriben los que resisten, y además la cantan los que no están dispuestos a ser cómplices del olvido oficial.


1/26/2021

¿Los argentinos y argentinas, somos forasteros culturales en nuestra propia Tierra?


por Pedro Patzer

Confunden lo exótico con lo moderno, y sin querer, vuelven a ser, bufones animando el momento exacto en el que los reyes y sus cortesanos contemplaban a los indios llevados por Colón a España. Bufones de su propia cultura, enamorados de lo “raro”, despreciando todo aquello que suene nativo.

Los geniales Hermanos Ábalos, que fueron inventores de tantas maneras de ser argentinos, y no me refiero al chauvinismo, y mucho menos al nacionalismo. Aludo a la forma de comprender que el gran modo de ser argentinos y argentinas, es el de inventarse. Pero no como estos enamorados de lo extravagante lo hacen, es decir, bautizando Palermo Soho, a un sitio que debiera llamarse Palermo Evaristo Carriego, Palermo Borges, o más atrevidamente, Palermo Rosas. Me refiero a inventarse para sobrevivir, y nuestra cultura nativa, ha tenido que hallar la manera de romper su condena a ser invisibles, a la que los jueces culturales de la semicolonia la han sentenciado. Decía que Los Hermanos Ábalos consiguieron inventar algunas maneras de ser argentinos y argentinas. Desde burlarse de los periodistas enamorados de lo extravagante, que ante su regreso a Nueva York les preguntaban a estos hermanos santiagueños: “¿Y cómo es Nueva York?” y los geniales hermanos responden con: “Buenos Aires, tierra hermosa,/Nueva York, grandioso pago./Casas más, casas menos,/igualito a mi Santiago” Es decir, invierten la analogía de la semicolonia cultural, que siempre parte del otro lugar: “Tal trovador es el Bob Dylan argentino, o decir que la vidala es el blues nacional o que Cosquín es el Woodstock argentino” Cosquín es Cosquín, no hay muchas analogías posibles. Y es un ejemplo de esto de que la identidad argentina está en inventarse. Cosquín era un pueblo destinado a los tuberculosos, allí iban a curarse o a morir, los que padecían esta enfermedad. De hecho, “los sanos”, evitaban visitar esta comarca del Valle de Punilla. Por lo que los coscoínos debieron inventarse algo para liberar a su pago de esa condena, de modo que el 21 de enero de 1961 sus habitantes cortaron la ruta nacional 38 construyendo sobre la misma un escenario de material. Decidieron que había que hacer un festival de Folklore. No sólo cambiaron la historia de Cosquín, hoy el festival más importante del país, sino que también modificaron la historia de la cultura popular argentina. ¡Qué huérfanos culturales seríamos si esos habitantes no se hubieran inventado a Cosquín! Ellos lo volvieron a fundar culturalmente. La única analogía que se me viene a la cabeza con Cosquín, es la de un pibe que nació en Villa Fiorito, que su familia comía salteado, que estaba condenado a la pobreza, y sin embargo consiguió inventar una leyenda de su vida llamada Diego Armando Maradona.  

Es importante comprender cómo la cultura popular argentina es la que custodia las identidades nacionales, ese conjunto de invenciones que nos hacen ser nosotros y nosotras. Los Hermanos Ábalos nos enseñaron a reconocer al quichua, dos de sus chacareras se llaman “Miski Mayu” (Río Dulce) y “Cachi Mayu” (Río Salado), ni que hablar don Sixto Palvecino y su gesta por ese idioma incaico; el universo guaraní abordado por artistas litoraleños que han descrito “El alma guaraní”, la cosmogonía mapuche, los cantos chamánicos del Chaco, y tantos asuntos que si no fuera por los artistas populares, y obviamente por los pobladores de esas culturas, estarían olvidados en tesis doctorales o libros que agonizan lentamente en anaqueles sombríos. 

La Argentina le debe su Ser a la cultura popular, ni que hablar del tango y el folklore, pero también a artistas como la Mona Jiménez que nos ha contado una Córdoba a la que no teníamos acceso en otros lugares del país, del mismo modo la cumbia santafesina, el rock barrial en el conurbano: “Viejas Locas”, anunció la tragedia de pibes bonaerenses consagrados al paco. 

Lo universal nos alimenta de muchas cosas necesarias, cuánto nos dieron Whitman, Shakespeare, Beatles, el cine, el teatro, la literatura, la música de tantos países. Debemos disfrutar y aprender de ello, el gran problema es que sabemos más de ellos que de nosotros. La mayoría de los argentinos somos ignorantes de la Argentina. El proyecto cultural de la semicolonia ha conseguido que el argentino sea un forastero cultural en su propia Tierra. Tenemos un desconocimiento tal sobre el país, que la mayoría repite que aquí se habla un solo idioma, que aquí casi no hay pueblos originarios, que Belgrano sólo fue el inventor de nuestra bandera (ignorando su papel en el éxodo jujeño, y tantas otras cosas más), que San Martín cruzó los andes en un caballo blanco (mas se sabe poco de su vocación por la Patria Grande).

La cultura oficial de la semicolonia ha hecho de nuestras genuinas culturas supersticiones, la aduana de la cultura la mira de reojo. Cierta vez un gran poeta y trovador del folklore, me contó llorando que un periodista destacado se había burlado en un artículo de su peluca. Años después, se hizo un documental con la biografía de este artista, dicha película ganó un premio internacional de cine. Resulta que el mismo periodista que había escrito sobre la peluca de dicho artista, lo llamó para invitarlo a comer a su casa. El premio de un festival internacional de cine, había legitimado, ante los ojos de este periodista, a ese artista al que antes había humillado en un artículo. Artista fundamental de nuestro cancionero.

En 1951, Homero Manzi, nos otorgó un camino para comenzar conocernos, a mi entender es el rumbo que debemos tomar para dejar de ser forasteros culturales en nuestra Tierra: “Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América para, recién entonces, poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos.

Esta pobre América, que tenía su cultura y que estaba realizando tal vez en dorado fracaso su propia historia y a la que de pronto, iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas ordenaron: “¡Cambia tu piel! ¡Viste esa ropa! ¡Ama a este Dios! ¡Danza esta música! ¡Vive esta historia!...Todo lo que cruzaba el mar era mejor y, cuando no teníamos salvación, apareció lo popular para salvarnos.

Instituto de pueblo. Creación de pueblo. Tenacidad de pueblo”


Pedro Patzer, autor de los libros: "El Tahiel, el canto interior de la Argentina" y "Aguafuertes Provincianas"

1/18/2021

NACE UN RÍO

    Cuando el pan de la memoria se reparte en las mesas del futuro, nace un río

Cuando la palabra de las y los justos se hace árbol en la gente, nace un río

Cuando ciertas presencias todo lo despiertan, nace un río
Cuando somos parte de lo que amanece, nace un río
Cuando la mirada amorosa contempla a los y las invisibles, nace un río
Cuando conquistamos el territorio de nuestro perdón, nace un río
Cuando se hace de la voz interior un trino del mundo, nace un río
Cuando alguien descubre que su corazón es un barco, nace un río
Cuando de ciertos encuentros se levantan templos, nace un río
Cuando la mente deja ser el mausoleo de los resignados y se convierte
en el jardín de los libres, nace un río
Cuando nos asumimos vagabundos del universo, nace un río
Cuando reconocemos a la propia violencia como nuestro fantasma, nace un río
Cuando alguien reza por un desconocido, nace un río
Cuando renunciamos al "¿por qué?" y nos consagramos al "¡gracias!", nace un río
Cuando la acción supera a la plegaria, nace un río
Cuando comprendemos que las cosas más bellas nunca tendrán su estatua, nace un río
Cuando recordamos el pájaro que fuimos y conectamos con la estrella que seremos, nace un río
Cuando el coraje del “no”, se transformar en el camino del “sí”, nace un río
Cuando dejamos atrás al barullo de lo que nos dijeron que éramos y alcanzamos el silencio que somos, nace un río
Cuando nuestra biografía se convierte en el canto del prójimo, nace un río
Pedro Patzer,

12/26/2020

De Bueyes Encontrados

por Pedro Patzer


Nos hablan todo el día sin palabras

o con palabras donde nunca nace una flor

ni cultivan sus fuegos los dragones.

Candados y anclas, 

vinos que no dan alas,

economistas que denuncian el déficit que significa

hacerle caso al alma

Héroes y heroínas de las horas hábiles

que jamás acceden al territorio de la hora 25

y que nunca han contemplado

el amanecer en los ojos de las criaturas y las cosas

que la mayoría considera invisibles,

ni han vivido  los verbos como el espacio en el que

alcanzamos el balbuceo del oleaje y lo que grita la montaña,

ni experimentado algunas presencias como jardines

o ciertas miradas como confines.

Los bueyes perdidos son los viajes hacia las corbatas y el eslogan,

el café sin sabor y el atardecer que pasa indiferente entre los muros,

en los que nadie ha estampado su alarido de aerosol.

Los bueyes perdidos, los “te quiero” como bostezo, 

la pornografía como depredadora de la sensualidad,

los goles que hacen los profesionales,

los televisores poblados de inquilinos de la realidad,

huérfanos de metáforas, devoran sólo aquello

que no quita el viejo hambre,

ni despierta la otra sed.

11/25/2020

Eternamente Diego

 Dios rebelde nacido en esta Tierra

Viento de pueblo, 

Cargaste las mas pesadas banderas

Hermano de nuestra esperanza

Porvenir eterno de nuestra memoria

Tu danza humana queda en nosotros

hijo de nuestra orfandad

padre nuestro cielo

Morís con nuestros muertos

Naces en los recuerdos

Dios te salve Dios

Pedro Patzer

10/31/2020

Sobrevivientes culturales

 

Por Pedro Patzer

Es un momento clave para escucharnos, para encontrarnos, para pensarnos desde la cultura popular. La que incluye también a la historia popular. Mucha gente se enoja porque usamos la construcción "Cultura popular", arguyen que tan solo hay una cultura. Tal vez los que hacen esa crítica no pueden ver que del mismo modo que existe un modelo financiero mundial que arrastra con las economías nacionales, también hay una cultura mundial, que arrasa con las culturas nacionales. Quiero aclarar que esto no es una mirada chauvinista, sino que es el desahogo de un sobreviviente cultural, como me considero, que ha despertado de la anestesia pedagógica que instala la cultura oficial del mundo de los "ganadores". De los que avasallan, de los que les cambian los nombres a las calles, las ciudades, los ríos, los pueblos, los dioses, la historia y hasta el destino. De los que vacían la identidad, como vacían de pájaros los bosques, de àrboles los bosques, vacían de bosques los bosques. Ya la cultura no puede seguir siendo considerada como ese cuadro que duerme en el museo, ese libro que hiberna en la biblioteca o esa canción que envejece en un disco. La cultura ya es el pan que nos alimenta y no nos deja hambrientos de destino. El agua que no nos condena a ser sedientos de horizonte. El espejo que no está para que imitemos a la arquetípica belleza del consumo, sino el espejo que nos interpela con las imágenes de nuestra identidad. En él vemos que tenemos los ojos del abuelo europeo pero la mirada de la abuela criolla. Pero si comenzamos a mirar mejor, el espejo nos devolverá también un  río sin nombre, o por lo menos sin el nombre de los que vinieron a nombrar los que otros y otras ya habían nombrado en sus cantos y en las alabanzas a sus divinidades. Porque de hecho, ese río que se nos aparece en el espejo también es un Dios, un Dios nativo que nunca supo latín, pero supo el idioma del lodo y la selva, del cerro y de la piedra. La cultura popular comienza en ese río latente que todos los que habitamos esta tierra llevamos en la conciencia, ese río Dios, es también un río mujer y hombre, un río copla y danza, un río historia y porvenir. La cultura popular es la antorcha que nos guía cuando la oscuridad cultural que nos ofrecen los gerentes del destino del mundo, nos quiere ciegos de nosotros mismos. Como la antorcha olímpica se pasa de mano en mano, de atleta en atleta, la cultura popular también se comparte. Pero entonces, ¿lo masivo nos ayuda a reconocernos? ¡No confundan masivo con popular! Porque masiva es Susana Giménez. Lo popular solo es lo que expresa los anhelos genuinos del pueblo, los que conducen a fortalecer su identidad, los que llevan la semilla en su alma aquello que dará la flor de la libertad.

En su flamante enciclica"Fratello Tutii', el Papa Francisco afirma:"El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes…"

La pandemia comenzó hace muchos años, el virus del mundo caníbal que se viene devorando el mundo, pero como solo no puede, produce sus contagios a través de olvido, reemplazando la historia por ficciones que distraen, cambiando pensamientos populares por eslóganes diseñados por las agencias de publicidades, que funcionan como agencias de lotería propiciando la timba ideológica y cultural

En estos tiempos tan especiales, en que los buitres acechan, es importante recordar que las puertas que nos conducen a nuestros auténticos jardines, son las puertas de adentro. Si nos animamos a creer en esas puertas estaremos siempre en el lugar indicado de la historia y de la existencia. 



10/07/2020

El linyera y la luna

 

Por Pedro Patzer

Un linyera comparte su pan duro con el perro, su corbata suele llamar la atención de los que nunca se preguntaron para qué usan corbata, sus zapatos duermen con la lengua afuera aunque muestran sus dientes cuando hace falta, en  su valija lleva algunas cosas que el mundo ha perdido: el mapa hacia la Atlántida, antiguas lluvias que la gente dejó caer sin contemplar, y una llave que abre todos los calabozos humanos.

Cuando alguien pasa silbando el linyera se saca su sombrero invisible, sabe que el que silba recupera los trinos de los pájaros que fueron embalsamados por los que dicen amar los pájaros.  El linyera aprendió que en esta ciudad muchos de los que dicen amar se vuelven cazadores de lo amado. Le ponen correa al corazón y cada tanto lo sacan a pasear por alguna que otra emoción. Son como el verdín en las estatuas o como el cartel de "se vende" en la mirada de los resignados 

Por eso él se enamoró de la luna, pero de la luna atorranta, la que solo puede verse por los agujeros de su saco o reflejada en los vasos de vino de los que le ponen soda, con tal de que el shhhhhh del sifón calle a tantos pensamientos que se vuelven ocupas de las  noches interminables

La luna para el linyera es una cacerola vieja, una moneda para comprar el pan del sueño, un cofre que guarda todas las cosas que nadie podrá robarnos. Porque él también tiene sus oros y entiende que los ladrones nunca miran hacia arriba, ni siquiera hacia los tanques de agua en los que la luna se baña desnuda.

El linyera no cree en los transbordadores espaciales, ni en los satélites artificiales, y mucho menos en  los correctos astronautas, él sabe que solo hay una manera de llegar a la luna y es imaginando.



6/16/2020

Cancionero del Tren Roca (vía Quilmes), de Pedro Patzer - Invitación a la ilustración colectiva -

Cancionero del Tren Roca (vía Quilmes), de Pedro Patzer
- Invitación a la ilustración colectiva -

   En ese entonces, aquél verso de Pablo Neruda “¿Hay algo más triste que un tren inmóvil bajo la lluvia?”, tenía dramáticas respuestas. Pobreza, sudestada, plazas desiertas, ríos a los que el petróleo les quitó sus ganas de cantar, paisaje rotos como los vidrios de sus ventanillas, bingos que todo lo empobrecen, cumbias atroces como la historia de un país. Sin embargo, había gente con ganas de amar, con voluntad de resistir, con entusiasmo por transformar su vida y la de los otros.

   Un cuaderno debía traducir esos viajes en el Roca. Como también la misteriosa belleza de esos puentes oxidados, de esos vagones moribundos, de esas flores que crecían entre andenes colmados de los que ya nada esperaban, que es una manera de esperar al Mesías.

   Los invito a aportar imágenes sobre el tren Roca Vía Quilmes, para la producción de mi libro de poesía Cancionero del Tren Roca (Vía Quilmes). Quiero que todos los que tengan alguna foto, algún dibujo, o un collage que hayan creado sobre esa época del Tren Roca Diesel, se sumen a la ilustración del libro.

   Les pedimos que el material sea propio, inédito, y que lo manden a cancionerotrenroca@gmail.com entre el 17 de junio y el 17 de julio, indicando los datos del aporte (fecha, lugar, técnica) y del autor (nombre, apellido, teléfono, DNI). De todo el hermoso material que recopilemos, haremos –con la Editorial Lenguamadre– una selección de los aportes que luego integrarán el libro.

5/21/2020

Los trenes que perdimos

Los trenes que perdimos llegaron a lugares
donde nadie nos esperaba
como la palabra  amor en cartas documentos
o villancicos en la noche del ateo
entonces, no vale la pena
desatar la tristeza de los turistas
ni la certeza de los viejos campeones
es preferible cambiarse el nombre
y ser un visitante ilustre en nuestra propia duda
reír de la inutilidad de los corbatas
y de los oxidados trofeos en las vitrinas
dejar de confundir cacareo con plegaria
y ser de una buena vez
todo eso que miramos al cerrar los ojos

Pedro Patzer, borradores de cuarentena

Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12

  https://www.pagina12.com.ar/857478-tierra-de-rios-de-pedro-patzer-cronica-y-poetica