
Nunca la extrañé por lo que se suponía eran sus grandes cosas.
Más bien la echo de menos por su manera de tomar té, o de estornudar,o quizás también, por la forma en que colaba los fideos.
Sólo uno ama, verdaderamente, lo que se supone no es amable: La miopía que le impedía distinguir entre un taxi o un patrullero;o sus tartamudeaos cada vez que me mandaba al carajo.
Pedro Patzer