DEDICADO

Este blog está dedicado a mi musa Mercedes

5/22/2007

LOS ELEGIDOS


El niño que sigo siendo en mi mirada me pide upa: “no dejes de ver la cosquillita azul en cada cosa” Y es así que las astromelias perdonan en sus silencios, y las palomas insisten con ciertas plegarias; las manos con lunares de los ancianos que llevan la última receta de auroras y ponientes, los suicidas en las cornisas, como un coro de sirenas modernas; canillas gotean al mar que alguna vez navegaron los viejos profetas; viejas máquinas de escribir, llevan como epitafio un ocre recuerdo, los enamorados ofrecen inmortalidad en las plazas, los trenes se pronuncian ante el muro donde el día bosteza; Buenos Aires, dime: ¿Hacia dónde van esos peregrinos?
La ciudad calla, los que leen las instrucciones para aprender a volar miran el cielo y saben que muy pronto serán los elegidos


Pedro Patzer
mayo 2007

5/12/2007

Gracias a Bach por Dios!!!

Glenn Gould, pianista canadiense, que desde 1974 es joven en la muerte; sacude en su piano de pasados, eso que alguna vez Bach sacó de su espíritu – o esa cosa, que quizás haya sido el mismismo Dios, o Buda, o Mahoma, o el padre de todos los árboles – y lo transcribió en un pentagrama.
Gould, me hace llorar riendo, su manera de devolverle al mundo a Bach, es tan trascendente, que la noche se pone celosa, cuando este canadiense irrumpe en mi departamento de Buenos Aires.
¿El que inventó el piano habrá tenido noción de la peligrosa arma que estaba trayendo al mundo? ¿El que le enseñó a tocar el piano a Glenn Gould habrá tenido conciencia de la contribución que le estaba haciendo a lo infinito? ¿El que inventó a Bach, habrá pensado lo celoso que se pondría Dios?


Pedro Patzer

5/10/2007

Me prohíbo vivir sin belleza


Sí, hay que decirlo; hay que verbalizar paraísos y mares, ponerle palabra a lo imposible, ser un marinero del decir, elegir la vida, apagar lo temporal, encender lo inmortal, ser adicto al color del detalle, saber que una nave nos espera en algún puerto de la imaginación; prescindir de los chalecos de fuerza en la creación; sobrevivir a todo lo que dicen que es uno: algo nos espera, una llama misteriosa, un umbral desnudo, cerámica de una infancia que siempre está por comenzar en el amor; la belleza de alcanzar la música escondida, de bailar lo irreal, de vestirse de lo que desconocemos, acaso, no hay misterio más profundo que el “yo” perdido a mitad del otoño


Pedro Patzer

5/08/2007

Prepotencia de eternidad


A Héctor Larrandart

Las palomas insisten con una “V” en los cielos de Buenos Aires, y los árboles con cal padecen todo los verbos sepias del otoño; el milagro se extraña y los colores ofrecen una pereza melancólica.
En medio de este repertorio de imágenes, el dolor: se murió Héctor, el padre de Ricardo, un gran amigo. Buenos Aires compuso epitafios de agua, y nuestros ojos supieron emularlos. Sin embargo, don Héctor se hizo el nuevo emperador de todos estos artefactos de la nostalgia, que en este otoño acuden a mí.
He perdido la fe, siento. Pero paradójicamente sospecho que Héctor no está lejos, las constelaciones lo reciben en el azul más elegante; la lluvia le presta sus juguetes de orquídeas; todas las maderas se unen para ser naves de su nuevo infinito.
Hay miradas que no se van, miradas que son la arquitectura de lo eterno, miradas que manejan los hilos de la ternura de todas las cosas, miradas que desnudan brisas e infancias, que renuevan naranjas en el horizonte, que perfuman los salones de la palabra, que acomodan lo imposible en una caricia, o en un abrazo.
No sé si es fe, pero Héctor vive en la zamba que dice lo que no pueden las palabras, vive en los lugares que no conozco y tal vez nunca conoceré, vive en lo que se está por descubrir, vive en ese segundo en el que una canción, un color, un poema, un amor, nos presta la suficiente prepotencia de eternidad, para seguir vivos



Pedro Patzer