DEDICADO

En memoria de Santiago Maldonado. Pedimos justicia.

10/11/2016

¿Cultura o adorno, educación o “copiar y pegar”?

por Pedro Patzer

La cultura sin rebeldía se convierte en adorno. Los adornos no nos invitan a transformar el mundo. Los adornos no son espejos de la historia del corazón humano, ni de un país. Los revolucionarios de salón, los académicos de aulas esterilizadas, los críticos que cacarean desde sus jaulas de oro, las sectas literarias, los que expulsan al pueblo de la cultura y de la educación son también responsables de nuestras más profundas crisis.
La identidad es lo más importante que la educación y la cultura deben custodiar y promover, sin embargo burócratas de aulas y de instituciones se han convertido en anestesistas de identidades, en profetas del “copiar” y “pegar”, apologistas de citas siempre ajenas, censores ante el embrión de la propia voz. Es curioso que estos son los mismo que se postulan en las filas de esa entelequia llamada progresismo. Eso sí, el mundo debe discutirse desde sus teorías y bibliografías, y si es posible en sus congresos para los cuarenta asistentes y expositores de siempre. Si alguien quiere indagar al mundo fuera de sus marcos teóricos, sus fronteras de claustros, será un fantasma cultural. Así el verdulero, el operario de la fábrica, la chica que se prostituye por desesperación, el cartonero, el que su única esperanza es ganar el quini 6, quedan afuera (de esa crítica) del mundo. De todas formas ellos tienen sus respuestas y su propia sabiduría, no transmitida por los “faros universitarios” ya que los académicos y los “expertos en cultura” han construido un muro en la Argentina. ¿Qué villero conoce a Juanito Laguna de Antonio Berni? ¿Qué prostituta tiene acceso al texto de Clara Beter (César Tiempo) Versos de una …? Desde luego ellos se rasgan las vestiduras señalando la decadencia de la educación argentina y se refieren con desprecio a la música que escuchan “los negros”. Porque esa es uno de nuestras más grandes derrotas culturales, ése utilizar la palabra “negro” como un término despectivo, por supuesto siempre seguido por “de mierda”. Desde luego, suelen aclarar que no se refieren a la “negritud de piel, sino de alma”, en fin. Pero volviendo a la música que disfruta la mayoría de las clases más humildes de la Argentina, me preguntó: ¿por qué las universidades, las academias, los ámbitos de cultura,  no convocan a los máximos referentes de la cumbia, del reggaetón, del cuarteto, de chamamé, para conversar? ¿Acaso consideran que es Saussure el que llena la bailanta todos los fines de semana con su cumbia “el significado y el significante”? ¿Acaso creen que es Walter Benjamin el que los hace “perrear” hasta el amanecer? No planteo que las obras de Saussure y de Benjamin no hayan aportado pensamientos enriquecedores para la humanidad, ni tampoco que el valor de las cosas radique en su poder de convocatoria; lo que estoy señalando es que la utilización que las academias y ámbitos de la educación hacen de estos autores, crea muros, blinda la mirada de la realidad, la hace inaccesible para la mayoría que tal vez apenas terminó el secundario. Si queremos seguir educando para pocos, el proyecto es genial. Si queremos educar para la mayoría y darles herramientas de emancipación, es un fracaso. Porque Saussure y Benjamin resultan muros, no puentes para los que a los veinte años tienen la cabeza colmada de ruidos del mundo. ¿Nunca se les ocurrió convocar a los artistas que llenan las bailantas y de festivales y llegar un acuerdo, escucharlos y hablarles, que ellos les otorguen claves para seducir el corazón del pueblo y ustedes aportarles herramientas pedagógicas para que trabajen en sus poéticas asuntos fundamentales de la existencia y de la libertad? ¿Acaso ignoran todo lo que Omar Shane, la Mona Jiménez y el Chaqueño Palavecino pueden aportarles acerca de las características de su público?
Manuel Ugarte fue criticado y hasta expulsado del partido socialista argentino ya que consideraba que los países que fueron colonizados por los imperios, tienen la obligación de fomentar la idea de lo nacional, rechaza la enemistad del socialismo argentino con el concepto de patria, en tanto que reafirma su amor por su nación y su bandera. Del mismo modo considero que la educación y la cultura, desde luego deben trabajar con autores universales pero siempre tendiendo un puente con la realidad nacional. ¿Qué valor tiene que le hablen del museo del Louvre a un pibe que nunca antes escuchó mencionar al artista que pintó la historia de su barrio? Tal vez convenga que primero trabajes con sus valores culturales más cercanos, que conozca a ese artista que consigue el color de su cuadra, de su ciudad; lo instruyas en la cultura de su abuelo indio, de su primo gaucho, de su amigo nieto de inmigrantes, y de ahí vincular con los valores universales del arte. Es decir, la cultura más cercana debe ser primero una respuesta espiritual y artística a lo familiar.
César Aira hizo un diccionario de autores latinoamericanos, y para sorpresa de pocos, y por supuesto no lo notaron los académicos argentinos - porque la mayoría desconoce su obra literaria -  dejó afuera a Atahualpa Yupanqui; esto que parece un mero error, es en realidad una lúcida muestra del imaginario de la “cultura culta” argentina, la que sigue denunciando que la casa ha sido tomada por los cabecitas negras, llegados con el “aluvión zoológico” en un cuento ya canónico, pero no denuncia que artistas como Yupanqui han sido echados de “la casa oficial de la cultura”, la que crea una mirada del mundo, del país, de la vida, donde su altar nunca tiene un santo parecido a su pueblo.














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