4/14/2017

El Camino y el caminate

por Pedro Patzer

El maestro de la escuela del mundo muerto, nos hacía aprender de memoria la lección del horizonte, mas ni siquiera nos hablaba del camino.
El arriero sabe que la montaña sólo se sabe montaña cuando el humano la contempla desde el camino.
Ya se ha dicho muchas veces que la odisea de Ulises aconteció en el camino de regreso a Ítaca y no en su llegada, mas es bueno comprender que Odiseo (que logró llamarse como su camino) nos enseñó que sólo en el camino uno entiende la verdadera esencia de casa.
Basho, poeta japonés, confesó que se había pasado la vida explicando Zen y sin embargo nunca había podido comprenderlo. Es decir, Basho, al afirmar esto, justamente estaba enseñando a comprender el camino Zen.
El rastreador, era el gaucho más conocedor de los caminos, que tenía como oficio hallar las cosas perdidas en el campo, tomando como evidencia un pisada, una huella en el suelo o una pista en la vegetación. El rastreador era un lector de la naturaleza del camino, ¿acaso  no es esa la tarea del que intenta descifrar el destino de su andar?
La Biblia tiene un silencio, desde la niñez de Cristo hasta sus treinta años, sin embargo, hay relatos en Oriente que atestiguan que el joven Jesús anduvo con el nombre de San Issa en la India y en la cordillera del Himalaya predicando su mensaje. Es decir, lo que fundó el espíritu de occidente, se construyó en los caminos de Oriente.

Podríamos hablar de los trashumantes y de tantos que hicieron de su vida el camino, aunque siempre llegaremos a lo mismo: el caminante es el que hace del camino, su obra de arte.

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