11/23/2016

Discépolo un artista con todas las letras y todos los silencios de su pueblo

por Pedro Patzer
Hay un agujero negro en la cultura oficial argentina, esa cultura que Jauretche señalaba como una construcción de la oligarquía nacional y el imperio extranjero. Ese agujero negro impide que dialoguen los cuchilleros de Borges con los mamados de velorios de Landriscina. Ese agujero negro en la cultura oficial argentina no admite que convivan las obras de Leopoldo Lugones con las de Horacio Guarany; ese agujero negro que impulsa la necesidad de aprender inglés, y por supuesto inglés británico, para defenderse en la vida, pero no promueve el conocimiento, aprendizaje y difusión de las lenguas originarias de nuestra Argentina indoamericana. Por tanto hay muchas argentinas culturales, que los radares de la cultura oficial no registran, así, tenemos que reconocer la importancia del chamamé cuando nombran Caballero en artes a Barboza en Francia, pero seguimos despreciando al chamamé maceta. Por supuesto, estamos a la espera de que se reconozca a la Mona Jimenez en París, para que el artista cordobés sea tapa de los suplementos culturales y protagonista de una senda muestra en el Palais de Glace. Leonardo Favio nos enseñó que podía hacer canciones para tías solteronas y a la vez hacer películas que nos cambiaron, para siempre, la mirada de la vida. En este marco, en medio de este cambalache cultural, es donde aparece Discépolo con su Mordisquito, aparece sin advertir que la máquina de despreciar de la “alta cultura”, no tolerará que un poeta consagrado por obras indiscutibles, se pare desde la cultura del obrero, la cultura del vino con soda, del escarbadiente, de los hombres que se despiertan a las cinco y media de la mañana para “ganarse la vida”, del “grasa”; porque ante todo, la mirada de Enrique Santos Discépolo recupera la mirada del mundo de los trabajadores, de los que miden los sueños de aguinaldo en aguinaldo, de los que calculan las horas extras del día, de los que vacacionan en los hoteles del sindicato, porque aprendieron que esas son conquistas que sus padres no tuvieron, que en la devastadora década infame eran impensadas, y que todas esas conquistas los hermanan con una manera de entender la vida, la vida según el trabajador. Un artista con la sensibilidad de Discépolo, capaz de preguntarse: “¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?”; y de ver el parecido del cafetín de Buenos Aires con su madre: “si sos lo único en la vida/ que se pareció a mi vieja…” o de tener una ternura tan inteligente para definir la mezcla de mundos opuestos con versos magistrales como :“ves llorar La Biblia/ junto a un calefón” ¿Cómo un artista con semejante sensibilidad no se iba a conmover ante el fenómeno de ese peronismo que fue un sentimiento genuinamente popular? “Me ofrecieron la posibilidad de discutir desde este micrófono, y yo soy capaz de discutir hasta con un glóbulo solo, porque para tener razones no hace falta más que un glóbulo en las venas, pero lleno de convicciones” Hubiera sido más cómodo, menos problemático para Discepolín, hacerse el distraído, si él ya era un consagrado, si él no había caído en el agujero negro de la “alta cultura”; sin embargo pudo más su consecuencia con la dramaturgia de su espíritu, con los que rajaron los tamangos buscando ese mango que los hiciera morfar, con los que secaron las pilas de apretar tantos timbres, con los que “manyaron” que a su lado se probaban las ropas que iban a dejar, lo hizo comprometerse. En junio de 1951 es invitado por Subsecretaría de Prensa y Difusión del gobierno de Perón, a participar del microprograma en Radio Nacional “Pienso y digo lo que pienso”. Enrique Santos Discépolo se resiste al principio, por considerar el espacio como una audición de mera propaganda, pero luego acaba por aceptar aunque impone una condición: él hará la redacción definitiva de los libretos. Bautiza al espacio "¿A mí me la vas a contar?" y construye a Mordisquito, el “contrera” al que le habla: “Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote” Su lirismo no le hizo calcular que el mundo de la cultura y del espectáculo argentino estaba colmado de “mordisquitos” que reaccionarían ante sus audiciones. De modo que empezaron los desprecios y las agresiones, las salas vacías y los paquetes con mierda que llegaban a su casa. El escupitajo que un reconocido actor le espetara en la cara, a quien tan sólo le había ofrecido un abrazo.  El denuesto que un candidato a presidente, Ricardo Balbín, representante de los “mordisquitos”, lanzara a Discepolín, en el acto de cierre de su campaña: “...hay un autor de tangos que un día escribió “Quien más, quien menos, pa´malcomer/ somos la mueca de lo que soñamos ser” Estos versos son hoy su condena, hoy que se ha vendido a la dictadura convirtiéndose en su vocero...” Discépolo no tarda en contestarle: “¿Vendido yo? ¡Inocente! Si sabés que comprarme a mí es un mal negocio. Desde que nací hasta ahora vivo de mí y de mis obras. Por fortuna  - o por desgracia - no hay nadie que pueda ayudarme. Sólo mis obras y el pueblo...No hay gobierno que pueda darle más éxito o menos éxito a una canción mía, a un obra mía...a una película mía. Tengo el orgullo de mi independencia...Lo que yo le debo a este gobierno es mucho más de lo que vos te creés. Le debo, desde mi soledad, la enorme dicha que goza el pueblo…”  Los que le dieron vuelta la cara, los que se cruzaron de vereda al verlo venir, los que no respondieron sus llamadas, los que dejaron de saludarlo, los que gesto a gesto fueron vulnerando el corazón del poeta, los que compraron la entrada al banquete que se hizo en su honor, sólo para ocupar localidades y no asistir; todos ellos desconocieron que Discepolín intercedió a favor de los presos políticos, liberados gracias a su gestión ante el mismísimo Perón. ¿Era necesario que un poeta que le había dado letra a Gardel, que compuso el himno moral del siglo XX, que puso en los escenarios obras imprescindibles, adoptara semejante compromiso con un gobierno? ¿Era consecuente que el poeta que describiera como pocos la pobreza de los sin esperanzas, le diera la espalda a un proyecto que él genuinamente consideraba como el abrazo a los desposeídos? “¿Te asusta la palabra? ¿Te parece exagerada la palabra? ¡Miseria, sí! ¿O no te acordás que en este país tuyo, el más rico por sí mismo y el mejor dotado para un millón de aventuras comerciales, siempre había habido miseria? ¡Desde la miseria orgullosa de la pobre clase media, que para no ahogarse de vergüenza gastaba en hacerse planchar el cuello los centavos que le hubiesen pagado el café con leche, hasta la miseria del peón en las estancias o del obrero en las fábricas! ...Claro, vos no sabías esto. Vos nunca anduviste por las chacras o por los barrios. ¿Verdad que no?… ¿Y dónde andabas? ¿Por el corso? ¿O en el Colón? ¿O estabas bailando en la Lago di Como? ¡Claro! Por eso no te enteraste. Por eso no sabías que en el norte andino las criaturas –ángeles como tu hijo o como tu hermanito– crecían raquíticas y morían hambrientas, sin haber probado en su vida –mirá lo que te digo–, en su vida, ¡ni carne, ni pan, ni leche! Y esto pasaba aquí, en tu país. Te asombra, ¿verdad?”
Enrique Santos Discépolo murió en la vigilia de Nochebuena de 1951, mirando la ventana; tal vez intentaba ver si la vida, como una linyera más, andaba errante por las calles de su Buenos Aires. En su velorio hubo muchas ausencias, pero no faltaron las trabajadoras de los cabarets, que esa noche decidieron no trabajar, se les había muerto un Dios tan flaco como sus esperanzas, un Dios al que el corazón humano le dijo basta; se les había muerto el poeta que consiguió ponerle letras a sus más tristes silencios, se les había ido un compañero de los arrabales de la vida que cometió el valiente pecado de parecerse a su Poesía, a su canción desesperada.

Prólogo que Pedro Patzer escribiera para "Mordisquito" de Enrique Santos Discépolo. Edición Clásicos de Argentores



10/27/2016

Pueblo y corazón: dos palabras, un destino

 por Pedro Patzer (texto de su libro "Aguafuertes Provincianas" , Ediciones Corregidor 2013)

Hubo un tiempo en que la política desterró de su discurso a la palabra pueblo y en que la poesía exilió de su arte al término corazón: ¿Se puede hacer política sin el pueblo? ¿Se puede hacer poesía sin el corazón? La poesía es el corazón del pueblo, el pueblo es el corazón de la política.
Ningún diccionario indica que la palabra pueblo es sinónimo del vocablo corazón, como ninguna escuela jamás enseña a atravesar con dignidad la tristeza del anochecer de domingo, o devela el nombre exacto del hombre barbudo que siempre aparece retratado en alguna nube.
Que la poesía haya dejado a un lado al corazón, es tan insólito como si el sistema solar negara el protagonismo natural del sol. También es cierto, que muchos fariseos de las letras quisieron hacer de la poesía un objeto exclusivo, sólo para entendidos, y la traficaron en el mercado negro de las palabras. La poesía como objeto de lujo no necesita corazón; la poesía como arma de los desesperados, requiere fundamentalmente del corazón. El corazón es el pan del poema de los afiebrados, el corazón es el agua de las palabras de los sedientos, y el poeta es el biógrafo del corazón humano.
Lo mismo con el término pueblo. Hay políticos (o facinerosos que se hacen llamar políticos) que jamás conseguirán alcanzar la palabra pueblo. Ellos lo saben, por eso la reemplazan por los términos: gente, ciudadanos o vecinos. ¿Se imaginan a un líder revolucionario arengando a los “vecinos”? El vocablo pueblo huele a las ollas herrumbrosas, a hachas desdentadas, a mesas desnudas, a guitarras impacientes y cajas desesperadas.
Las palabras pueblo y corazón han caminado juntas desde que el espíritu humano alcanzara el lenguaje:
El vocablo "corazón" aparece 873 veces en la Biblia, muchas de ellas aliada al término pueblo:
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8)
Homero describe en La Iliada: “Aquiles convocó al pueblo al ágora: se lo puso en el corazón”
Shakespeare en Julio César, le hace decir a Bruto: “¿Sabéis hasta qué punto puede conmoverse el pueblo con sus palabras? ¡Mí corazón está ahí, en ese féretro, con César...”
La cultura popular se ha encargado de difundir esta alianza entre las palabras pueblo y corazón: “Oigo las voces del pueblo que cantó mejor que yo” escribió Yupanqui, el mismo que urdiera: “Lo que dentra a la cabeza/ de la cabeza se va .Lo que dentra al corazón se queda y no se va mas...”
Rafael Amor, le habla al pueblo cuando afirma: “Te han sitiado corazón y esperan tu renuncia/ los únicos vencidos corazón, son los que no luchan”
Juan Gelman, en su célebre libro Gotán, advierte : “abrió el pecho y sacándose/ los alrededores de su corazón,/ agitaba violentamente a una mujer,/ volaba locamente por el techo del mundo/ y los pueblos ardían, las banderas”
El imprescindible Neruda, en su Canto General, sentencia: “Está mi corazón en esta lucha. Mi pueblo vencerá”
Cuando una sociedad le teme a las palabras pueblo y corazón se vuelve parecida a sus miedos: comienza a justificar la muerte de su ángel; contribuye, con un párrafo más, a la carta suicida del mundo; coloca las fajas de clausuras del horizonte; multiplica a los predicadores de la vida chiquita, suma otro alarido al oscuro rugido de la Historia.

10/17/2016

Las canciones humanas

 (Pedro Patzer)

Las canciones humanas clausuran las fronteras del idioma
derriban los muros de las palabras
abren de par en par las puertas de la vida
echan a los mercaderes del templo,
desnudan los silencios, encienden las plegarias

Canciones humanas, satélites del alba
más de pájaro que de ángel
entre las raíces del cielo y la estrella del árbol
denuncian al traficante de cegueras
convocan al polizón al camarote de la esperanza


Canciones humanas, alumnas de la marea
constelaciones interiores que los telescopios no detectan
canciones humanas, devotas de lo que florece
caballos secretos que sólo cabalgan en el alma

canciones humanas, custodias de las cimas
melodías de semillas ante el grito apocalíptico
canciones humanas, la mano en la caverna
la pirámide en la selva, el cóndor en el charango
y el sol que dibuja el preso en la celda

La canciones humanas,
hacen vientos de la ausencia de la madre
caminos del precipicio de la herida
victoria del libro que el dolor nos escribe en el alma
en un segundo

10/11/2016

¿Cultura o adorno, educación o “copiar y pegar”?

por Pedro Patzer

La cultura sin rebeldía se convierte en adorno. Los adornos no nos invitan a transformar el mundo. Los adornos no son espejos de la historia del corazón humano, ni de un país. Los revolucionarios de salón, los académicos de aulas esterilizadas, los críticos que cacarean desde sus jaulas de oro, las sectas literarias, los que expulsan al pueblo de la cultura y de la educación son también responsables de nuestras más profundas crisis.
La identidad es lo más importante que la educación y la cultura deben custodiar y promover, sin embargo burócratas de aulas y de instituciones se han convertido en anestesistas de identidades, en profetas del “copiar” y “pegar”, apologistas de citas siempre ajenas, censores ante el embrión de la propia voz. Es curioso que estos son los mismo que se postulan en las filas de esa entelequia llamada progresismo. Eso sí, el mundo debe discutirse desde sus teorías y bibliografías, y si es posible en sus congresos para los cuarenta asistentes y expositores de siempre. Si alguien quiere indagar al mundo fuera de sus marcos teóricos, sus fronteras de claustros, será un fantasma cultural. Así el verdulero, el operario de la fábrica, la chica que se prostituye por desesperación, el cartonero, el que su única esperanza es ganar el quini 6, quedan afuera (de esa crítica) del mundo. De todas formas ellos tienen sus respuestas y su propia sabiduría, no transmitida por los “faros universitarios” ya que los académicos y los “expertos en cultura” han construido un muro en la Argentina. ¿Qué villero conoce a Juanito Laguna de Antonio Berni? ¿Qué prostituta tiene acceso al texto de Clara Beter (César Tiempo) Versos de una …? Desde luego ellos se rasgan las vestiduras señalando la decadencia de la educación argentina y se refieren con desprecio a la música que escuchan “los negros”. Porque esa es uno de nuestras más grandes derrotas culturales, ése utilizar la palabra “negro” como un término despectivo, por supuesto siempre seguido por “de mierda”. Desde luego, suelen aclarar que no se refieren a la “negritud de piel, sino de alma”, en fin. Pero volviendo a la música que disfruta la mayoría de las clases más humildes de la Argentina, me preguntó: ¿por qué las universidades, las academias, los ámbitos de cultura,  no convocan a los máximos referentes de la cumbia, del reggaetón, del cuarteto, de chamamé, para conversar? ¿Acaso consideran que es Saussure el que llena la bailanta todos los fines de semana con su cumbia “el significado y el significante”? ¿Acaso creen que es Walter Benjamin el que los hace “perrear” hasta el amanecer? No planteo que las obras de Saussure y de Benjamin no hayan aportado pensamientos enriquecedores para la humanidad, ni tampoco que el valor de las cosas radique en su poder de convocatoria; lo que estoy señalando es que la utilización que las academias y ámbitos de la educación hacen de estos autores, crea muros, blinda la mirada de la realidad, la hace inaccesible para la mayoría que tal vez apenas terminó el secundario. Si queremos seguir educando para pocos, el proyecto es genial. Si queremos educar para la mayoría y darles herramientas de emancipación, es un fracaso. Porque Saussure y Benjamin resultan muros, no puentes para los que a los veinte años tienen la cabeza colmada de ruidos del mundo. ¿Nunca se les ocurrió convocar a los artistas que llenan las bailantas y de festivales y llegar un acuerdo, escucharlos y hablarles, que ellos les otorguen claves para seducir el corazón del pueblo y ustedes aportarles herramientas pedagógicas para que trabajen en sus poéticas asuntos fundamentales de la existencia y de la libertad? ¿Acaso ignoran todo lo que Omar Shane, la Mona Jiménez y el Chaqueño Palavecino pueden aportarles acerca de las características de su público?
Manuel Ugarte fue criticado y hasta expulsado del partido socialista argentino ya que consideraba que los países que fueron colonizados por los imperios, tienen la obligación de fomentar la idea de lo nacional, rechaza la enemistad del socialismo argentino con el concepto de patria, en tanto que reafirma su amor por su nación y su bandera. Del mismo modo considero que la educación y la cultura, desde luego deben trabajar con autores universales pero siempre tendiendo un puente con la realidad nacional. ¿Qué valor tiene que le hablen del museo del Louvre a un pibe que nunca antes escuchó mencionar al artista que pintó la historia de su barrio? Tal vez convenga que primero trabajes con sus valores culturales más cercanos, que conozca a ese artista que consigue el color de su cuadra, de su ciudad; lo instruyas en la cultura de su abuelo indio, de su primo gaucho, de su amigo nieto de inmigrantes, y de ahí vincular con los valores universales del arte. Es decir, la cultura más cercana debe ser primero una respuesta espiritual y artística a lo familiar.
César Aira hizo un diccionario de autores latinoamericanos, y para sorpresa de pocos, y por supuesto no lo notaron los académicos argentinos - porque la mayoría desconoce su obra literaria -  dejó afuera a Atahualpa Yupanqui; esto que parece un mero error, es en realidad una lúcida muestra del imaginario de la “cultura culta” argentina, la que sigue denunciando que la casa ha sido tomada por los cabecitas negras, llegados con el “aluvión zoológico” en un cuento ya canónico, pero no denuncia que artistas como Yupanqui han sido echados de “la casa oficial de la cultura”, la que crea una mirada del mundo, del país, de la vida, donde su altar nunca tiene un santo parecido a su pueblo.














9/01/2016

Los que tienen como patria a la aurora

por Pedro Patzer


El poeta Edgar Morisoli advierte que en la Pampa la diuca no canta porque amanece, sino que en la Pampa amanece porque canta la diuca. Estamos en tiempos en que el mundo intenta callar el canto de la diuca, y por tanto postergar el amanecer.
Es el deber de todo aquel que realmente ha despertado, o mejor dicho, del que ha nacido dos veces, de ser un custodio del canto de la diuca, de ser uno de los que tienen como patria a la aurora.
Entre depredadores de la belleza y mercaderes de la historia, el árbol, el río, el cerro, el desposeído, la canción, la vida, nos necesitan. O seguimos considerando al mundo como un libro muerto, como una receta de un manjar siempre ajeno, o nos decidimos a ser el mundo. La realidad comienza en nuestra voluntad de dejar de ser turistas de la existencia ante tanto avance del desierto, ante tanta vida diseñada por los fantasmas. Hay algo ahí, entre el silencio del que ya prefiere callar porque no consigue palabra que pueda expresar su Atlántida insurgente; hay algo ahí entre el que siente que algo, que viene del más allá pero que existe en el más acá; hay algo ahí, donde se siguen aprendiendo las canciones que  enseñan los ríos perdidos, donde los caminos nos preparan para los confines.
Del agujero del cráneo de Kurt Cobain floreció algo; las manos cobrizas de Yupanqui se fundieron con la Tierra; las balas que mataron a José Martí, a Federico García Lorca, y  a tantos custodios de la aurora, hoy regresan como diucas, diucas que cantan para que vos, que sos el mundo, amanezcas.

8/27/2016

La Vida y el Canto, La radio

por Pedro Patzer

Hace unos meses, Pergolini sentenció que con la llegada de SPOTIFY, se acercaba el fin de la radio. ¿Acaso se imaginan a Spotify haciendo un silencio de radio? ¿Hay algo más autoral que un silencio de radio?
¿Acaso se imaginan un taxi en la madrugada sin un tango ilustrando las locuras de Dolina, o un sereno sin su radio? Para el sereno la radio es su vela. El camionero tiene cosas fundamentales en la cabina: las estampitas de San Cayetano y el Gauchito Gil; las frases fileteadas dedicadas a su madre, la foto de una tetona y por supuesto, la radio. ¿Acaso es lo mismo una serie de canciones de Gardel, vía Spotify, que Larrea anunciando un tango de Gardel, o Bobby Flores hablando del por qué de una canción de Bob Dylan? Es lo mismo Spotify que la radio de barrio celebrando al personaje de la esquina o la radio comunitaria soñando cambiar el mundo. Ni que hablar de la radio en las cárceles por las que los presos consiguen su libertad ,trascienden los muros del pabellón gracias a su pequeño receptor. Las radios en los hospitales y esas voces que muchas veces sostienen lo que queda de vida, tal vez la última voz humana que un paciente escucha es la que suena en la radio. Las radios de campo con sus mensajes puebleros: "Don Florencio nos vemos en el kilómetro 11, lleve el chancho que se lo compro".
La radio va a existir siempre porque la radio es la gente que tiene algo que decir, y también la gente que necesita escuchar, en un mundo que sólo nos enseña a oir.

Siempre que haya vida y canto, como se llamaba el programa de Antonio Carrizo, habrá radio, porque la radio no es otra cosa que la vida y el canto.

 

8/20/2016

Como si en el último muerto no estuviera el primer muerto de la humanidad

por Pedro Patzer

A veces se quiere encerrar todo en una noticia, como si en el último muerto no estuviera el primer muerto de la humanidad, como si en el anciano que hurga en la basura no estuviese el primer esclavo de la historia. La torpeza de considerar que un hombre no es la humanidad, que en la última tragedia no está la primera, o que en la belleza que nos conmueve no está la primera hermosura que asombró al corazón humano.
Es más que un error, dejar de advertir que en cada paso están todos los caminantes: un paso y Moisés y su Pueblo, otro paso, y los sirios caminando hacia quien sabe dónde. ¿Creemos que el riachuelo contaminado no tiene nada que ver con los ríos envenenados en el medioevo, consideramos que Trump nada tiene que ver con Calígula? ¿Acaso la publicidad que nos invita a ser hermosos comprando un desodorante no tiene algo que ver con los mercaderes que Cristo echó de los templos?
Nuestra derrota es olvidar que somos el que murió encadenado y el filósofo que nos hablaba de la caverna; nuestra derrota es creer que el diario de hoy nos puede informar más que la historia de la cerámica precolombina; nuestra derrota es considerar que somos libres mientras dejamos de escuchar los alaridos del genocidio armenio, ¿acaso creemos que disfrutando de la refinada orquesta, se callarán? Nuestra liberación consiste en comprender que la música nos ayuda a sobrevivir en medio de esos alaridos que persisten, los de las antiguas matanzas en Latinoamérica, África, los Balcanes, en Argelia o en cualquier rincón del planeta; los arquitectos deben construir cargando sobre su alma, las ruinas en Bagdad y en Damasco, los amantes deben amar llevando en sus corazones el peso de millones que pasaron por la vida sin conocer el amor; los poetas deben cantar con el silencio de los que hasta les arrancaron el idioma, porque nuestra derrota es creer que con nosotros comenzó el mundo, que con nosotros empezó la vida.

Si queremos cambiar el mundo, visitemos el dolor del hombre de la prehistoria y algo entenderemos de la tragedia de hoy, del drama de mañana.

Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12

  https://www.pagina12.com.ar/857478-tierra-de-rios-de-pedro-patzer-cronica-y-poetica