DEDICADO

En memoria de Santiago Maldonado. Pedimos justicia.

11/01/2010

Un flaco desgarbado, un pueblo hermoso

La realidad se ha cansado de mostrar héroes hermosos, rostros de revolucionarios mirando bellamente a la Historia.
Y de repente un flaco desgarbado, de movimientos torpes, de dicción particular, vino a ser el más lindo de los feos, vino a construir un puente,aquí, al lugar donde sólo parecía se levantaban muros. Aquí donde la política había desterrado de su discurso a la palabra pueblo como la poesía había exiliado de su arte a la palabra corazón. “Vecino, gente, ciudadano” - decían, porque la palabra pueblo se les resistía a sus bocas. Entonces, llegó un “seseoso” , parecido al rumor confuso de esos tiempos.
El más importante ejemplo que ha dejado este larguirucho patagónico, ha sido que para cambiar la historia no hace falta parecerte al héroe canónico, sino más bien parecerte a la irreverencia del desesperado, al latir del corazón chagásico, al andar del descalzo.
Un periodista que siempre se esfuerza por ser creativo, aunque hace mucho las musas lo echaron de casa, dijo que la Argentina quedaba en el culo del mundo.
A este filibustero de la realidad, habría que señalarle que los que iniciaron la cartografía, los que hicieron los mapas del mundo, nacieron en el norte. Por eso según el mapa del mundo, todo empieza en el norte.
Nunca pensaste que desde el espacio las cosas se ven desde otro lugar, que si empezáramos el mapa del sur, no sería un error, sería un simple acto de justicia.
Este flaco desgarbado, que nos acaba de dejar, hizo, como nadie lo había hecho, que el pueblo reconsiderada el mapa de su corazón, en el sur: Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez, Lugo, Bachelet, Mujica, Lula, todos unidos en el mismo abrazo, aquel abrazo que Pablo Neruda una vez nombrara como Canto General:

DEJO a los sindicatos
del cobre, del carbón y del salitre
mi casa junto al mar de Isla Negra.
Quiero que allí reposen los maltratados hijos
de mi patria, saqueada por hachas y traidores,
desbaratada en su sagrada sangre,
consumida en volcánicos harapos.
Quiero que al limpio amor que recorriera
mi dominio, descansen los cansados,
se sienten a mi mesa los oscuros,
duerman sobre mi cama los heridos.
Hermano, ésta es mi casa, entra en el mundo
de flor marina y piedra constelada
que levanté luchando en mi pobreza.
Tu vienes de abrasados corredores,
de túneles mordidos por el odio,
por el salto sulfúrico del viento:
aquí tienes la paz que te destino,
agua y espacio de mi oceanía.



Pedro Patzer

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