6/27/2007

Quién es dueño de la nostalgia?


No es tuya la luna para que la arrebates, acaso un eclipse es tu alma?
nada de pianos, no!!! nada de pianos!!!
el chocolate sabe amargo bajo el tiritar de Dios en los inviernos
de las ciudades que he perdido en estos versos,
los poetas vendrán, los viejos soles perdidos en libros amanecerán tibiamente,
desde un renglón me lanzaré, la ironía es apenas la excusa de tu olvido,
pentagramas, hambre de un lugar que comience
la desnudez corrige arquitectura,
no perdono en naves, soy viajero del silencio
tripulante de un ocaso sin nombre,
el otoño ha muerto,.
y lo muerto ya es fantasma de la palabra,
cenizas de un poema que pudo ser.
apenas un susurro que me permite preguntar
quién es dueño de la nostalgia?


Pedro Patzer

6/22/2007

Romancero de lo irreal


Si hay mucho hambre de pan en este mundo, imaginen el hambre de cielo que hay; no se pueden separar, hay hambre de pan porque hay hambre de cielo, y cada uno que prescinde de lo imaginario, del romanticismo de ser un actor del más allá, colabora con la hambruna de arribas, con la decadencias los sentidos, ¿cuánta gente ya ha perdido el tacto – ya no busca palpar la vida, se conforma con la posibilidad virtual? ¿Cuántos habrán perdido el sabor – la magnifica dulzura de la noche en el paladar; la audición - todo lo que se queja el mar en lo desierto; la visión, ante ese muro que es la tv?
Se imaginan volver al romance, que ante cada cosa que nos ocurra escribir un romance, un romancero de lo cotidiano; hombre con almas en rima, damas que mueren por lo infinito; la salvaje utopía gobernando los corazones de los transeúntes de la historia.
¿Qué es lo real: es esto, es Irak, el hambre, Macri, Sarkosi, la guerra, la bolsa?
Volvamos a lo irreal, a ese mundo que nunca estuvo, pero que Alonso Quijano sospechó cuando decidió ser Quijote; regresemos a ese universo de lo imposible en el que Hamlet se burlaba de la muerte, haciendo un monólogo inmortal, ante la calavera de un bufón.
Sólo somos la medida de nuestra felicidad, la sílaba de una eternidad que siempre está por empezar.

Bienvenido invierno porteño

Pedro Patzer

6/02/2007

ALFABETO DEL PONIENTE


La palabra “Madre” me consuela,
digo nave y algo de mi zarpa saciando mi hambre de infinito,
pienso en ella, y no es necesario buscar inmortalidad en otros sitios,
anhelo que caiga una lluvia que corrija tanta pobreza y realidad,
sé que hay seres danzando un otro lado,
viejas tejiendo el arco iris,
una sed que hace chiquito al mundo que propone el nunca de siempre,
sé que si no hay súbditos, no hay reyes
y el imperio de lo feo, caería con un solo gesto de ternura,
digo soledades, y no hay violín que no me enseñe el adn de Dios,
la belleza del ser humano por subsistir en el drama,
los mercaderes del naufragio callarían
con sólo enterarse de que alguien ha aprendido el alfabeto del poniente,
de que alguien domina la hierba de lo sensible,
la canción que suda el moribundo, el cristo de la tempestad
lo que reza la prostituta en auroras sin cuerpos,
dejame entrar en la luz de la palabra,
lo que ignora mi eternidad, es lo que aprende lo que muere
no vine acá para ser un esclavo del día,
una mancha gris en los muros de la historia,
un acorde cansado en los desiertos de la hora,
el viajero sólo llega cuando se desconoce,
desnudame y quitame el nombre,
mi yo es un escalofrío que no elegí,
mi ser es este otoño, esta prepotencia de mares,
este poema


PEDRO PATZER

JUNIO 2007, OTOÑO, BUENOS AIRES

5/22/2007

LOS ELEGIDOS


El niño que sigo siendo en mi mirada me pide upa: “no dejes de ver la cosquillita azul en cada cosa” Y es así que las astromelias perdonan en sus silencios, y las palomas insisten con ciertas plegarias; las manos con lunares de los ancianos que llevan la última receta de auroras y ponientes, los suicidas en las cornisas, como un coro de sirenas modernas; canillas gotean al mar que alguna vez navegaron los viejos profetas; viejas máquinas de escribir, llevan como epitafio un ocre recuerdo, los enamorados ofrecen inmortalidad en las plazas, los trenes se pronuncian ante el muro donde el día bosteza; Buenos Aires, dime: ¿Hacia dónde van esos peregrinos?
La ciudad calla, los que leen las instrucciones para aprender a volar miran el cielo y saben que muy pronto serán los elegidos


Pedro Patzer
mayo 2007

5/12/2007

Gracias a Bach por Dios!!!

Glenn Gould, pianista canadiense, que desde 1974 es joven en la muerte; sacude en su piano de pasados, eso que alguna vez Bach sacó de su espíritu – o esa cosa, que quizás haya sido el mismismo Dios, o Buda, o Mahoma, o el padre de todos los árboles – y lo transcribió en un pentagrama.
Gould, me hace llorar riendo, su manera de devolverle al mundo a Bach, es tan trascendente, que la noche se pone celosa, cuando este canadiense irrumpe en mi departamento de Buenos Aires.
¿El que inventó el piano habrá tenido noción de la peligrosa arma que estaba trayendo al mundo? ¿El que le enseñó a tocar el piano a Glenn Gould habrá tenido conciencia de la contribución que le estaba haciendo a lo infinito? ¿El que inventó a Bach, habrá pensado lo celoso que se pondría Dios?


Pedro Patzer

5/10/2007

Me prohíbo vivir sin belleza


Sí, hay que decirlo; hay que verbalizar paraísos y mares, ponerle palabra a lo imposible, ser un marinero del decir, elegir la vida, apagar lo temporal, encender lo inmortal, ser adicto al color del detalle, saber que una nave nos espera en algún puerto de la imaginación; prescindir de los chalecos de fuerza en la creación; sobrevivir a todo lo que dicen que es uno: algo nos espera, una llama misteriosa, un umbral desnudo, cerámica de una infancia que siempre está por comenzar en el amor; la belleza de alcanzar la música escondida, de bailar lo irreal, de vestirse de lo que desconocemos, acaso, no hay misterio más profundo que el “yo” perdido a mitad del otoño


Pedro Patzer

5/08/2007

Prepotencia de eternidad


A Héctor Larrandart

Las palomas insisten con una “V” en los cielos de Buenos Aires, y los árboles con cal padecen todo los verbos sepias del otoño; el milagro se extraña y los colores ofrecen una pereza melancólica.
En medio de este repertorio de imágenes, el dolor: se murió Héctor, el padre de Ricardo, un gran amigo. Buenos Aires compuso epitafios de agua, y nuestros ojos supieron emularlos. Sin embargo, don Héctor se hizo el nuevo emperador de todos estos artefactos de la nostalgia, que en este otoño acuden a mí.
He perdido la fe, siento. Pero paradójicamente sospecho que Héctor no está lejos, las constelaciones lo reciben en el azul más elegante; la lluvia le presta sus juguetes de orquídeas; todas las maderas se unen para ser naves de su nuevo infinito.
Hay miradas que no se van, miradas que son la arquitectura de lo eterno, miradas que manejan los hilos de la ternura de todas las cosas, miradas que desnudan brisas e infancias, que renuevan naranjas en el horizonte, que perfuman los salones de la palabra, que acomodan lo imposible en una caricia, o en un abrazo.
No sé si es fe, pero Héctor vive en la zamba que dice lo que no pueden las palabras, vive en los lugares que no conozco y tal vez nunca conoceré, vive en lo que se está por descubrir, vive en ese segundo en el que una canción, un color, un poema, un amor, nos presta la suficiente prepotencia de eternidad, para seguir vivos



Pedro Patzer

Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12

  https://www.pagina12.com.ar/857478-tierra-de-rios-de-pedro-patzer-cronica-y-poetica