2/26/2019

La Fuerza Divina

por Pedro Patzer



Cuántos tuvieron que amarse, para que naciera esa mujer o ese hombre que dieran a otra mujer o a otro hombre, que a su vez dieran otra mujer u otro hombre que dieran a una mujer, que después de miles de hombres y mujeres, nos dieran a nosotros. En nosotros están todos ellos, cantando, gritando, amando, sufriendo, preguntando y respondiendo. Somos todos ellos, cada paso que damos, cada cerro que somos, cada revelación, se hacen presentes. Es importante comprender que nuestro silencio está colmado de sus voces.
Lo mismo pasa con la cultura, la humanidad está siempre custodiada por todos esos que imprimieron su  mano en la caverna, que tocaron la lira informando que había cíclopes y dioses del océano y de la montaña. Y hombres y mujeres luchando con los dioses y con sus destinos. Tantos que nos demostraron que la piedra contenía universos preciosos que había que desnudar, como la hoja en blanco, que también es un espejo de todas las conciencias humanas.
 No estamos solos, decía Hamlet Lima Quintana, y cómo estarlo después de Cervantes, del Popol Vhu, del teatro, del cine, de la poesía, del canto, del amor.
La ignorancia promueve la soledad, en cambio, las cosas buenas de la vida inspiran la compañía: el arte, la creación, el amor, la música, la amistad, la posibilidad de elegir, la oportunidad de comprender que hay una fuerza divina que nos habita.   

12/29/2018

El país del Tantanakuy infantil, la resistencia cultural del mañana


por Pedro Patzer

Entre la publicidad que nos invita a ser un ladrillo más en la pared y la televisión que impide que averigüemos nuestros profundos silencios. Entre el conservatorio que señala la correcta manera de danzar, pero omite el origen humano de una danza. Entre chacareras y zambas creadas para triunfar en festivales. Entre tanta confusión, hallamos un encuentro donde los niños de los pequeños pueblos se asoman a su espejo interior y allí exhiben los tesoros que no figuran en los mapas oficiales, aunque éstos son la riqueza espiritual de la Argentina profunda. Me refiero al Tantanakuy infantil, encuentro e intercambio de miradas, tonos, coplas, huaynos, bailecitos, carnavalitos, poemas, que desde hace treinta años organiza Jaime Torres, este artista que supo comprender y desarrollar, con su charango, la sensibilidad del universo andino.
Así, tanto en Lozano como en Humahuaca, sedes del Tantanakuy infantil 2012, nos encontramos con cientos de changuitos y chinitas, de escuelas del Jujuy profundo. Cientos de almas que intercambiaron las vivencias musicales propias de la niñez puneña, quebradeña y vallista. Almas hijas de pastores y mineros, que traducen con charango, bombo, caja, zampoña, siku, el sentir de su querencia.
Con este espíritu la Orquesta Juvenil Música con Alas, integrada por niños de barrios humildes de San Salvador, con sus delantales como banderas de porvenir, interpretaron la obra de Vilca. Desfilaron escuelas con copleras y copleros, con elencos de danzas, con niños cantores, sumados a los talleres de circo (Grupo Electrógeno, Buenos Aires), teatro (Tres Tigres teatro, Córdoba), Canto con caja (la coplera Laura Peralta intercambiaba bagualas con los niños) , danza y alfarería, donde los jujeñitos hunden sus manitos en la cerámica hasta alcanzar hermosas ollitas. ¿Cuántas argentinas profundas se parecen a esas ollitas y cuántas argentinas banales en nada se parecen a ellas?
En el Tantanakuy infantil la idea del éxito no es el aplauso, el éxito está en pelear por conseguir la auténtica voz, la que permanecerá mañana. Así, encontramos a niños entonando coplas anónimas: "Esta cajita que toco tiene boca y sabe hablar, sólo le faltan los ojos para ayudarme a llorar" y poemas de autores jujeños como “Yo nunca fui un niño” de Fortunato Ramos: “Los años caminan y todo es lo mismo, /moti, sal con lechi son mis caramelos, /mi juguete un chivo o el perro ovejero, /poco tiempo tengo, pero no soy un niño.”
Hay niños que por esta experiencia comprenden que todo aquello que escondían, o de lo que se avergonzaban, todo eso que la colonización cultural indica como menor, o bárbaro, es la auténtica riqueza de sus vidas.
A Manolo Ríos, un niño de la quebrada de cuatro años, que con su bombo interpretó “El Humahuaqueño” le pregunté:
-“¿qué querés ser cuando seas grande?”.
-“Turista”, respondió sin dudarlo.
Y más allá del golpe por tal respuesta, pude ver que le realización de este encuentro es una apuesta a la resistencia cultural, porque al vivir el Tantanakuy infantil comprendí que el problema que tienen los funcionarios de cultura es que no entienden que la cultura no es algo que sólo habita en libros, museos, discos o cualquier formato o edificio inmóvil, pues la cultura anda caminando por desiertos y selvas, valles y punas, la cultura masca coca, cuida rebaños, entierra a sus muertos, cruza ríos, bebe chica, llora, ama, y muere. Es decir la cultura se apuna, se enamora, se enoja, se enferma, se cura, reza , insulta y muchas veces tiene hambre.

12/16/2018

Estación Quilmes

por Pedro Patzer


Siempre estaré esperando en el andén 2
a que el Roca llegue con todos los que fuí,
con todos los que pude haber sido,
con todos los que seré en las memorias ajenas,
que suelen ser nuestros espejos equivocados.
Mas nunca estaré solo en la estación de Quilmes ,
siempre habrá un guardapolvo del Normal como bandera de esperanza,
apólogos de jazmines,
peones que jamás eligieron este ajedrez ,
pescadores de milagros urbanos,
muchachas que podrían llamarse como todo lo que calla diciembre;
un hincha llorando porque Quilmes de nuevo se fue a la “B”;
estará mi madre tejiéndole escarpines al horizonte;
estará Churrinche, demostrando que la muerte es una limosna, que los ricos de espíritu no están dispuestos a aceptar;
estará Jorge Novak con el Padre Farinello recordándonos que el corazón no se alquila, y que Dios nunca se pone en venta;
estarán los Kilmes que fueron arrastrados desde los Valles Calchaquíes, ofreciéndonos sus cantos sagrados, en medio de tantos silencios malditos;
estará mi primo Car que fue asesinado, enseñándome de nuevo a descubrir lo que confiesa  la Sudestada.

Poema perteneciente a
" Cancionero del Tren Roca"

12/13/2018

El cometa errante

por Pedro Patzer

Mi corazón era un cometa errante,
un perro atorrante pidiéndole una caricia al fantasma,
un barco sin la mirada de Quinquela,
un circo rodante sin trapecistas que sueñan
con hacerse de una estrella,
un poeta huérfano de musas,
un camino sin profetas,
un tango que nadie silba en los insomnios,
una flor que no crece en el silencio del que espera,
un oleaje sin niñas cuenta olas,
un viento que nada confiesa ni revela,
un tren que no se enamora del puente.
Hasta que mi corazón aprendió lo que el minero:
la piedra preciosa sólo se halla en los profundidades.

12/05/2018

La llamada y la llama


por Pedro Patzer


Parece que el mundo intenta hacer de los jóvenes un bostezo,
los quiere desesperados detrás de la zanahoria,
anhelando trofeos que posiblemente sus corazones jamás desearon,
los invita a correr a toda velocidad, una carrera que no conduce a ninguna parte,
les inocula la palabra éxito, antes que la palabra vocación
y es que vocación tiene que ver con la llamada.
Y en tiempos de llamadas perdidas, la vocación es la llamada encontrada.
Llamada que se parece a llama. La llama que debe estar encendida para que el antorcha del ser venza a la oscuridad de los tiempos.

11/08/2018

José Hernández y los gauchos de ahora


por Pedro Patzer

El padre de José Hernández, autor de Martín Fierro, murió fulminado por un rayo en medio de La Pampa. ¿Será este suceso el origen de su orfandad ante las pampas, la chispa de  su fervor por ponerle nombre a todo el dolor errante de la llanura, de darle un cuerpo a la historia del desasosiego del infinito paisaje de la injusticia que por esos tiempos tenía anatomía de gaucho?
José Hernández, como el otro José de la América de los de abajo, el poeta José Martí, tuvo que vivir entre las armas y las letras, siendo un soldado y un periodista, pero como todo hombre que vive la fatalidad de la guerra, se vio obligado a elegir: o entregar su destino a los fantasmas del campo de batalla propios de los sobrevivientes, o hacerse poeta para cantar el dolor de los que ya han perdido irremediablemente su voz.
Hay artistas que son para siempre, esto no significa sólo que sus rostros y sus datos biográficos perduren en los mausoleos de las enciclopedias y en los ciberhibernaderos de wikipedia, sino más bien que sus obras siguen cuestionando a los poderosos, poniéndose siempre del lado de los vencidos; continúan haciendo las preguntas fundamentales ante nuevos viejos conflictos, persisten en el cross a la mandíbula, como bien decía el rabioso Arlt, vienen a desordenar ante tanta nauseabunda pulcritud.
Aunque como a todas las obras peligrosas y a sus creadores, la aduana de la cultura oficial intenta hacer de ellos santos o muñecos de cera que se alejen de la vida y de sus bacterias revolucionarias, por loque les ofrecen como templos centros esterilizados de la tradición y gauchos de desfiles, donde José Hernández y Martín Fierro se sentirían incómodos, ya que ellos se presentan sin pedir permiso en el hedor real de la Argentina. Así, ante el desocupado, ante el pobre, ante el senegalés que vende relojes de las horas perdidas en la calle, ante los que en la madrugada hacen largas filas en loshospitales públicos para ser atendidos, ante el que vive de changa en changa mal pagas, ante el que maneja ilegalmente un Uber por dos mangos, ante aquél que la desesperación lo hace caer en la fatalidad del paco, ante el devoto del gauchito Gil y de la Difunta Correa, es decir, ante cualquiera que esté fuera del sistema, vuelve el retrato de José Hernández, indicando que son los gauchos de ahora: “Para él son los calabozos,/ para él las duras prisiones/ en su boca no hay razones/ aunque la razón le sobre; / que son campanas de palo/ las razones de los pobres”.
Los datos indican que José Hernández ostentaba una memoria magistral;  tanto es así que era sometido a pruebas insólitas: se lo hacía memorizar libros enteros. Curiosamente esta prodigiosa memoria que poseía ha traspasado a su obra; el Martín Fierro es memoria colectiva, es un eco que les recuerda a los argentinos la tragedia a la que fue sometido el gaucho, es decir, el hombre de clase baja, por los poderosos que en nombre de la civilización lo confinaron a la frontera (la guerra contra el indio) o a realizar trabajos, casi en condiciones de esclavitud, para los grandes estancieros.
Es importante señalar que Martín Fierro es un libro tan justo que también pinta la contradicción del gaucho: Fierro asesina a un negro, pelea contra el indio, se burla del inmigrante y ofrece los canallescos consejos del Viejo Vizcacha. Es decir, no es una obra demagoga, es una creación que muestra la complejidad propia del gaucho.
Sarmiento se ocupó de construir como sus rivales a Rosas, Quiroga, Peñaloza, aunque su verdadero rival, el que además le ganó la batalla del futuro y la memoria, fue José Hernández, al que el sanjuanino puso precio de mil pesos fuertes por su cabeza, ya que se había unido a las filas del entrerriano Ricardo López Jordán luego del asesinato de Urquiza. Sin embargo, consiguió alcanzar  el precio de la eternidad, ya que logró que su Martín Fierro sea custodiado por el ángel del pueblo, ese ángel que hizo que los analfabetos aprendieran de memoria sus versos, y que en las pulperías siempre hubiera una guitarra dispuesta a entonar las verdades del trovador que se animó a cantar sus penas al compás de la vigüela.
Su hermano Rafael, describió  a José Hernández como el que había elegido por la patria grande, en contra de la patria chica. Esta elección sigue vigente cada vez que alguien recuerda algún verso de Martín Fierro, cada vez que alguien se codea con el drama de los gauchos de ahora: “Si uno aguanta, es gaucho bruto;/ si no aguanta, es gaucho malo./ ¡Déle azote, déle palo,/ porque es lo que él necesita!/ De todo el que nació gaucho/ ésta es la suerte maldita”.    

10/10/2018

Carta de bienvenida a Lourdes


por Pedro Patzer

La música y el agua son hermanas: mientras el río cante, el mundo podrá sanar.
Entre las hormigas y las estrellas media la pequeñez y la grandeza humana,
aunque también entre las mesas vacías y los hombres colmados de oro.
Pese a que estén callados, siempre los árboles tienen algo importante que decir:
cada vez que matan un bosque, apagan cien idiomas de pájaros.
Hay que ser parte de todo lo que florece y tener piedad con todo aquello que marchita.
El caracol nos enseña a llevar todo lo que somos a cada sitio que vamos.
Cada aurora inaugura un nuevo mundo, en la noche algunos se han ido para siempre y otros han llegado de muy lejos.
La sabiduría nunca muere, las voces de los antiguos están presentes en toda verdad.
Ante cada dolor debemos levantar un puente
Un niño sin pan es un llamado a encender la antorcha de la humanidad.
La violencia siempre es la derrota de la inteligencia.
La mentira es el caníbal que se devora la libertad interior.
Un disparo es la muerte de miles de canciones.
En el reloj nunca se encuentran las horas importantes.
Las cosas más serias se deben hacer jugando.
El que camina sin rumbo, pero mantiene intacta la brújula interior, sabe que en algún remoto lugar algo extraordinario lo espera.
El que no conoce su corazón jamás entenderá su verdad,
y sólo en la verdad se alcanza la cima del ser.
Vivir con un propósito, es vivir con un jardín en la mirada.
Nada de lo que se compre o venda es auténticamente tuyo,
nada de lo que no puedas conservar al cerrar los ojos, vale la pena.
El amor es la única llave que abre todas las puertas,
el odio es el gran calabozo del espíritu.
Sólo se aprende verdaderamente a caminar cuando se aprende a perdonar
Un amigo es el eco eterno de la infancia
La soledad existe para el que no sabe comprender que el canto del primer humano todavía nos acompaña.
La muerte no acecha al que se puede reconocer en los ojos de la vida,
al que pueda hallar a la divinidad cada vez que ama.
Hacer las cosas con veneración es una de las mejores maneras de rezar
La voluntad es el motor del alma
Ningún ejército podrá lograr lo que una semilla,
Ninguna bomba durará lo que una sinfonía.
Cada vez que dejamos atrás el fantasma del pasado,
le damos paso al ángel del futuro.
La paz se alcanza cuando la mente y el corazón se hermanan.
Para no dejar de ser humanos hay que luchar por volver a nacer,
un poco todos los días

Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12

  https://www.pagina12.com.ar/857478-tierra-de-rios-de-pedro-patzer-cronica-y-poetica