SOY PEDRO PATZER. ARGENTINO, LATINOAMERICANO! MI ABUELO VINO EN UN BARCO PERO YO VENGO DE MÁS LEJOS,MI DESTINO ES LA PACHAMAMA
10/27/2014
10/19/2014
De la injusta omisión de Eva Perón en Mujeres Argentinas obra de Ariel Ramírez y Félix Luna
De la injusta omisión de Eva Perón en Mujeres Argentinas obra de Ariel Ramírez y Félix Luna
por Pedro Patzer
“En esta vieja cultura frita” Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
La historia oficial ha omitido la lucha emancipadora de los caudillos populares, sus manuales ignoraron a Felipe Varela, Chacho Peñaloza, Facundo Quiroga, entre otros. De mencionarlos eran retratados como salvajes. Del mismo modo la cultura oficial le ha dado a ciudades, pueblos, calles nombres de colonizadores mas ninguno de caudillos populares ¿Acaso existe en Buenos Aires un monumento a Felipe Varela, una plaza llamada Angel Vicente Peñaloza? Siempre los profesores de historia nos hablaron de la crueldad de la mazorca de Rosas. Coincidimos en ello, pero: ¿Por qué jamás se han referido al brutal degüello del Chacho Peñaloza, y de cómo su cabeza fue exhibida como trofeo de la civilización en la plaza de Olta? “Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses” (Sarmiento)
Se supone que es la cultura la que debe recuperar del olvido algunos hechos y nombres, sin embargo, es ella la que muchas veces ha sido cómplice de la manipulación de la historia: el Facundo de Sarmiento hace de Quiroga un torturador: “Incapaz de hacerse admirar o estimar, gustaba de ser temido;pero este gusto era exclusivo, dominante, hasta el punto de arreglar todas las acciones de su vida a producir el terror en torno suyo, sobre los pueblos como sobre los soldados, sobre la víctima que iba a ser ejecutada, como sobre su mujer y sus hijos” La zamba La Felipe Varela de Ríos y Botelli hace del caudillo catamarqueño un asesino: “Galopa en el horizonte, /tras muerte y polvadera/ porque Felipe Varela/ matando llega y se va” Con estos antecedentes, entre tantos otros, no resulta curioso el caso de Mujeres Argentinas, obra de Ariel Ramírez y Félix Luna de 1969, dedicada a destacadas patriotas. Allí encontramos representadas musical y poéticamente a Juana Azurduy; Rosarito Vera, maestra; Dorotea, la cautiva; la gringa chaqueña; Alfonsina Storni; Guadalupe Cuenca, viuda de Mariano Moreno; Manuela Pedraza; Mariquita Sánchez de Thompson; todas mujeres de mérito ¿Pero no se olvidaron de alguien? Notable es la omisión de la argentina más universal de todos los tiempos: Eva Perón. ¿Con qué ritmos habría que musicalizar la canción de Evita? ¿Cabe Evita en una dulce zamba? ¿Le será propicio el misterio de la vidala?¿Acaso la emergencia ancestral de una baguala?¿La desesperación de la chacarera, el abismal desierto de la milonga, el río insurgente del chamamé y la canción litoraleña? ¿Será el tango el ritmo donde acunar el espíritu de Evita, o quizás el cielito que tanto masticaron los heróicos soldados de la independencia? ¿Será pues, el triunfo, ese ritmo lleno de derrotas, el apropiado por hacer música el alma de Eva? ¿Tal vez la cumbia villera, la murga, el cuarteto o una canción de rock nacional? ¿Qué guitarra, qué legüero, qué piano, qué violín, qué acordeona podría alcanzar su pasión? ¿Qué letra conseguiría ilustrar sus treinta y tres años de eternidad? ¿Qué plegaria musical se debiera hallar para rezarle a nuestra virgen pagana de la historia contemporánea? ¿Qué canción de pensión, qué oración de parroquia de pueblo y de orfanato de provincia, qué grito de gol de potrero y de llanto de recién nacido en la modesta salita, qué vidrio roto por los niños del porvenir, qué secreto de juventud brindado por los viejos sabios, qué poema descamisado, cuántos versos descalzos, qué palabras parecidas al pan, que acordes similares a la sed?
La pregunta sigue aguijoneando nuestros corazones: ¿Por qué omitieron a Eva Perón de la obra Mujeres Argentinas? Quizás la respuesta esté en algunos silencios, en ciertas derrotas culturales, en la misma lógica de quienes quitaron del himno nacional argentino (original de 1813) sus versos más combativos: “¿No los veis sobre Méjico y Quito/ arrojarse con saña tenaz,/ y cuál lloran bañados en sangre/ Potosí, Cochabamba y La Paz?/ ¿No los veis sobre el triste Caracas/ luto y llanto y muerte esparcir?/ ¿No los veis devorando cual fieras/ todo pueblo que logran rendir?/ A vosotros se atreve, argentinos/ el orgullo del vil invasor./ Vuestros campos ya pisa contando/ tantas glorias hollar vencedor./ Mas los bravos que unidos juraron/ su feliz libertad sostener,/ a estos tigres sedientos de sangre/ fuertes pechos sabrán oponer”
10/10/2014
Juana Azurduy, mujer revolución
Juana
Azurduy, mujer revolución
por
Pedro Patzer
La
justicia poética hizo que cerca de Potosí , y de su Cerro Rico que
empobrecieron los reyes midas de la conquista, naciera una hija de la
Pachamama, símbolo de la emancipación continental: Juana Azurduy
Asuntos
fundamentales de nuestra indoamérica son femeninos: Mama Pacha,
teleseada, chicha, vidala, zamba, chacarera, cueca, tonada, baguala,
milonga, Kacharpaya, copla, piedra, montonera, mazamorra, siembra,
cosecha, cordillera, vasija, querencia, salamanca, pampa, América.
De hecho, uno de los nombres de la revolución de nuestra tierra
tiene nombre de mujer: Juana Azurduy
La
Azurduy nació un 8 de marzo, día de la mujer (otra metáfora
poética de la Historia) aunque esa fecha se eligiera conmemorando a
las mártires obreras de Nueva York, los latinoamericanos debemos
resignificarla, y celebrar el día de la mujer por el nacimiento de
la gran Juana. ¿Cuantas alabanzas y cantos de independencia han
pasado de comarca a comarca a través de las Juanas? ¿Cuantos
oficios y sabores se han transmitido a través de sus manos, cuántos
de sus fervores han corregido la resignación de los hombres, cuántos
brazos de Juanas han contenido a los huérfanos de la rebelión de
Tupac Amaru, cuántas Juanas han interpretado la llamada ancestral de
la América descalza, y han entregado sus hijos a la pasión
continental? Juana Azurduy fue la primera ama de casa del continente,
si es que entendemos por casa a la Patria Grande. ¿Qué mujer antes
que la Azurduy hubo amado a esta tierra de esa manera? Pariente de
los vientos aborígenes y del balbuceo de siglos de los andes, el
cóndor la trajo del primer cielo, aquel que no tenía a la cruz del
sur sino la huella del guanaco sideral. Si bien Juana era hija de don
Matías Azurduy, un hombre acomodado, llevaba en su sangre los ríos
ancestrales de su madre, doña Eulalia Bermúdez, una chola de
Chuquisaca. ¿Cuántos ecos de ceremonias indias, cuántos idiomas
originarios, cuántos dioses de maíz y cerro retumbaban en el
corazón de la Azurduy? ¿Habrá sido el corazón de la Juana un
legüero de siglos, una caja en busca de la copla latente, el cántaro
que combate a la sed que no quitan los ríos ,un fusil de los otros
disparos: los que no matan, los que todo lo nacen? Oriunda del
cósmico romance entre Pachamama e Inti, Juana Azurduy se ha
convertido en madre de la estirpe de mujeres de la Indoamérica que
amamantaron las rebeliones de los postergados “Las mujeres tenían
prohibido meterse en los masculinos asuntos de la guerra, pero los
oficiales machos no tenían más remedio que admirar el viril coraje
de esta mujer” (Eduardo Galeano).
Del
mismo modo que la Madre Tierra y el sol nativo la engendraran, el
amor de Juana Azurduy y Manuel Asencio Padilla fecundó hijos de la
resistencia, criaturas de la liberación americana, tal es así que
perdieron a cinco de sus seis hijos en la guerra de la Independencia.
De todas formas, Juana y Manuel tuvieron miles de hijos culturales,
hijos del gran canto americano, como el poeta cubano José Martí:
“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con
tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó
la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno
el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas
en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los
cometas en el cielo, que van por el aire dormido engullendo mundos.
Lo que quede de aldea en América ha de despertar”
Juana
Azurduy y Manuel Padilla combatieron el avance español en la región
de Chuquisaca y las selvas de Santa Cruz de la Sierra. Parece que las
selvas de esta parte del mundo tienen como destino cobijar a los
hombres y mujeres de corazones libres. ¿Serán las selvas
latinoamericanas santuarios revolucionarios, serán las selvas de
aquí, templos donde el corazón humano busca el eco de la canción
más libre, donde el pájaro del alma libertadora hace nido? Como a
todos los que luchan por la libertad, a Juana y Manuel intentaron
humillarlos, les arrebataron lo que los verdugos creyeron era todo:
tierras, posesiones, sin embargo nunca pudieron quitarles ese sueño
loco, esa riqueza que nadie puede robarle al humano cuando descubre
el sentido de su vida, su manera de dignificar la existencia, no
pudieron despojarlos del pan revolucionario. Tal es así que
intentaron corromper Manuel , a lo que la gran Juana respondiera: “La
propuesta de dinero y otros intereses sólo debería hacerse a los
infames que pelean por su esclavitud, mas no a los que defendían su
dulce libertad, como él lo haría a sangre y fuego” La lucha y
dignidad de Manuel y Juana fue un ejemplo fundamental para nuestros
libertadores, Simón Bolívar, manifestó: “Este país no debería
llamarse Bolivia en mi homenaje, sino Padilla o Azurduy, porque son
ellos los que lo hicieron libre”
Juana
Azurduy , protagonista de la guerra de la independencia, comandó a
los guerrilleros que liberaron al flagelado Potosí de la angurria de
oro de los conquistadores españoles, por su coraje y su heroísmo el
gobierno de Buenos Aires le otorgó, en 1816, el grado de teniente
coronel,que hizo efectivo el revolucionario Belgrano al entregarle el
sable correspondiente. Sable que la valiente Juana utilizara en la
Batalla de Villar, donde fue herida y tomada “cautiva” por los
españoles. Su Manuel consiguió liberarla, aunque él no pudo
escapar de la muerte. A Manuel le tocó morir en plena primavera
americana, no obstante Padilla fue una semilla lanzada en el viento
de Abya Yala. Wikipedia indica que Manuel murió el 14 de septiembre
de 1816, sin embargo los corazones rebeldes de este continente: los
corazones que cantan justicia en Chiapas, que resisten en Honduras,
que sueñan en Venezuela y Ecuador, que levantan las banderas de los
de abajo en este sur del sur, anuncian que don Manuel permanece
vivito y revolucionando.
Como
San Martín, Belgrano y todos los que pelearon por la emancipación
continental, Juana Azurduy terminó en la más absoluta la pobreza:
"A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy,
coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder
Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me
presento y digo: Que para concitar la compasión de V. H. y llamar
vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo
inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución. (...)
Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida
de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir
su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos,
mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde
he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que
pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa
familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis
lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza
para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que
teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la
viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación
puede corresponderme".
Sabemos
de los sendos cantos de cuna indios y campesinos entonados por madres
que hacen dormir a sus hijos, la vida de Juana Azurduy es un canto de
cuna, que nos ayuda a despertar a la Historia, que nos ayuda a
florecer al amanecer americano, al destino que no es un decreto de
los dioses sino una construcción de los hijos de la Pachamama y sus
revoluciones.
¿Quién
dijo que la Historia no escribe Poesía? Juana Azurduy nació el 8 de
marzo (día de la mujer) y murió un 25 de mayo (día en que los
argentinos conmemoramos nuestra revolución) El poema de la Historia
es clarísimo: Juana Azurduy es la mujer revolución
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