10/10/2014

Juana Azurduy, mujer revolución


Juana Azurduy, mujer revolución
por Pedro Patzer

La justicia poética hizo que cerca de Potosí , y de su Cerro Rico que empobrecieron los reyes midas de la conquista, naciera una hija de la Pachamama, símbolo de la emancipación continental: Juana Azurduy
Asuntos fundamentales de nuestra indoamérica son femeninos: Mama Pacha, teleseada, chicha, vidala, zamba, chacarera, cueca, tonada, baguala, milonga, Kacharpaya, copla, piedra, montonera, mazamorra, siembra, cosecha, cordillera, vasija, querencia, salamanca, pampa, América. De hecho, uno de los nombres de la revolución de nuestra tierra tiene nombre de mujer: Juana Azurduy
La Azurduy nació un 8 de marzo, día de la mujer (otra metáfora poética de la Historia) aunque esa fecha se eligiera conmemorando a las mártires obreras de Nueva York, los latinoamericanos debemos resignificarla, y celebrar el día de la mujer por el nacimiento de la gran Juana. ¿Cuantas alabanzas y cantos de independencia han pasado de comarca a comarca a través de las Juanas? ¿Cuantos oficios y sabores se han transmitido a través de sus manos, cuántos de sus fervores han corregido la resignación de los hombres, cuántos brazos de Juanas han contenido a los huérfanos de la rebelión de Tupac Amaru, cuántas Juanas han interpretado la llamada ancestral de la América descalza, y han entregado sus hijos a la pasión continental? Juana Azurduy fue la primera ama de casa del continente, si es que entendemos por casa a la Patria Grande. ¿Qué mujer antes que la Azurduy hubo amado a esta tierra de esa manera? Pariente de los vientos aborígenes y del balbuceo de siglos de los andes, el cóndor la trajo del primer cielo, aquel que no tenía a la cruz del sur sino la huella del guanaco sideral. Si bien Juana era hija de don Matías Azurduy, un hombre acomodado, llevaba en su sangre los ríos ancestrales de su madre, doña Eula­lia Bermúdez, una chola de Chuquisaca. ¿Cuántos ecos de ceremonias indias, cuántos idiomas originarios, cuántos dioses de maíz y cerro retumbaban en el corazón de la Azurduy? ¿Habrá sido el corazón de la Juana un legüero de siglos, una caja en busca de la copla latente, el cántaro que combate a la sed que no quitan los ríos ,un fusil de los otros disparos: los que no matan, los que todo lo nacen? Oriunda del cósmico romance entre Pachamama e Inti, Juana Azurduy se ha convertido en madre de la estirpe de mujeres de la Indoamérica que amamantaron las rebeliones de los postergados “Las mujeres tenían prohibido meterse en los masculinos asuntos de la guerra, pero los oficiales machos no tenían más remedio que admirar el viril coraje de esta mujer” (Eduardo Galeano).
Del mismo modo que la Madre Tierra y el sol nativo la engendraran, el amor de Juana Azurduy y Manuel Asencio Padilla fecundó hijos de la resistencia, criaturas de la liberación americana, tal es así que perdieron a cinco de sus seis hijos en la guerra de la Independencia. De todas formas, Juana y Manuel tuvieron miles de hijos culturales, hijos del gran canto americano, como el poeta cubano José Martí: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo, que van por el aire dormido engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar”
Juana Azurduy y Manuel Padilla combatieron el avance español en la región de Chuquisaca y las selvas de Santa Cruz de la Sierra. Parece que las selvas de esta parte del mundo tienen como destino cobijar a los hombres y mujeres de corazones libres. ¿Serán las selvas latinoamericanas santuarios revolucionarios, serán las selvas de aquí, templos donde el corazón humano busca el eco de la canción más libre, donde el pájaro del alma libertadora hace nido? Como a todos los que luchan por la libertad, a Juana y Manuel intentaron humillarlos, les arrebataron lo que los verdugos creyeron era todo: tierras, posesiones, sin embargo nunca pudieron quitarles ese sueño loco, esa riqueza que nadie puede robarle al humano cuando descubre el sentido de su vida, su manera de dignificar la existencia, no pudieron despojarlos del pan revolucionario. Tal es así que intentaron corromper Manuel , a lo que la gran Juana respondiera: “La propuesta de dinero y otros intereses sólo debería hacerse a los infames que pelean por su esclavitud, mas no a los que defendían su dulce libertad, como él lo haría a sangre y fuego” La lucha y dignidad de Manuel y Juana fue un ejemplo fundamental para nuestros libertadores, Simón Bolívar, manifestó: “Este país no debería llamarse Bolivia en mi homenaje, sino Padilla o Azurduy, porque son ellos los que lo hicieron libre”
Juana Azurduy , protagonista de la guerra de la independencia, comandó a los guerrilleros que liberaron al flagelado Potosí de la angurria de oro de los conquistadores españoles, por su coraje y su heroísmo el gobierno de Buenos Aires le otorgó, en 1816, el grado de teniente coronel,que hizo efectivo el revolucionario Belgrano al entregarle el sable correspondiente. Sable que la valiente Juana utilizara en la Batalla de Villar, donde fue herida y tomada “cautiva” por los españoles. Su Manuel consiguió liberarla, aunque él no pudo escapar de la muerte. A Manuel le tocó morir en plena primavera americana, no obstante Padilla fue una semilla lanzada en el viento de Abya Yala. Wikipedia indica que Manuel murió el 14 de septiembre de 1816, sin embargo los corazones rebeldes de este continente: los corazones que cantan justicia en Chiapas, que resisten en Honduras, que sueñan en Venezuela y Ecuador, que levantan las banderas de los de abajo en este sur del sur, anuncian que don Manuel permanece vivito y revolucionando.
Como San Martín, Belgrano y todos los que pelearon por la emancipación continental, Juana Azurduy terminó en la más absoluta la pobreza: "A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me presento y digo: Que para concitar la compasión de V. H. y llamar vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución. (...) Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme".
Sabemos de los sendos cantos de cuna indios y campesinos entonados por madres que hacen dormir a sus hijos, la vida de Juana Azurduy es un canto de cuna, que nos ayuda a despertar a la Historia, que nos ayuda a florecer al amanecer americano, al destino que no es un decreto de los dioses sino una construcción de los hijos de la Pachamama y sus revoluciones.
¿Quién dijo que la Historia no escribe Poesía? Juana Azurduy nació el 8 de marzo (día de la mujer) y murió un 25 de mayo (día en que los argentinos conmemoramos nuestra revolución) El poema de la Historia es clarísimo: Juana Azurduy es la mujer revolución


9/22/2014

La desnudez

Hay que buscar un río sin nombre
y escuchar lo que canta
como el pájaro que ignora 
el nombre que los científicos le dieron a su especie
como el corazón que ama desdeñando 
a los por qué del mundo


pedro patzer

9/16/2014

El coloniaje nombrador


El coloniaje nombrador 
por Pedro Patzer

Todos los movimientos de almas, los ríos cruzados, los aludes sobrevividos, las ceremonias que persistieron, las espadas y cruces que no consiguieron detener el fervor de los ancestrales idiomas que alcanzaron nombrar lugares antes de que los mapas y cartógrafos le pusieran fronteras al horizonte, al canto, a los dioses, al viento, antes de que los cerrajeros de la lengua de los barcos impusieran sus candados ,antes de que el ferrocarril, el gran colonizador inglés, esparciera sus nombres, y de que el murmullo de la Remington se transformara en la plegaria del nuevo dios del desierto.
Nuestros antiguos, los habitantes de Abya Yala, fueron los primeros nombradores, de esta manera hallamos muchas localidades de nuestro país, que aún conservan su denominación indígena: Carhué, Trenque Lauquen, Quequén, Calamuchita, Ayacucho, Curuzú Cuatiá, Itatí, Guaymallén, entre tantas otras. Sin embargo, también encontramos muchas comarcas, no sólo las que tenían nombres aborígenes, sino también denominaciones gauchas, a las que se les ha cambiado el nombre por términos o apellidos extranjeros; por nombres que evocan otros continentes, otras culturas, otras maneras de relacionarse con la tierra. De este modo Huaique Nelo (“tiene sauces” en mapuche, aunque algunos lo traducen como “el que tiene lanzas”) pasa a llamarse , en 1879, Allen, en tributo al ferroviario británico Henry Charles Allen. De la misma manera, en plena tierra querandí, en Santa Fe, una localidad es bautizada: Armstrong, por Thomas Armstrong, uno de los pioneros en el desarrollo de la empresa ferroviaria. Similar suerte corre “Chañares”, comarca cordobesa a la que se le cambia el nombre por el de “James Craik”, en tributo al empresario inglés, que en 1881 ocupara la gerencia del Ferrocarril Central Argentino. ¡Qué misterio el del tren en la Argentina! Por un lado ha creado pueblos y por otro ha destrozado culturas, es decir, ha unido zonas distantes, y por otro ha fundado una distancia cultural, como colonizador cultural, no sólo por su recorrido unitario, teniendo a Buenos Aires como centro, sino también por esto de bautizar localidades con nombres foráneos.
Otro ejemplo del coloniaje nombrador es el caso de nombres de pueblos corresponden a estancieros que donaron “sus tierras”. En la Provincia de Buenos Aires, donde habitaban los indios pampas, se levantó una comarca denominada Jeppener, en honor al estanciero que donara terrenos ¿Siguiendo esta lógica, no debiera llamarse tierras de los pampas? Así encontramos muchas localidades con nombres de estancieros como: “Lezama”, “Ortiz Basualdo”, “Gándara”; siempre borrando la huella aborigen y gaucha. El historiador Norberto Galasso señala: “Se llegó a denominar algunos pueblos como si fueran regalos de cumpleaños, con nombres de recién nacidos o apodos familiares; así, los Tornquist dieron el nombre de su nena “Verónica” a la localidad vecina a Punta de Indio; Villa María debe su nomenclatura a María Ocampo, tía de Doña Victoria; el balneario Santa Teresita rinde homenaje a Teresa, la esposa de Luis Duhau y el pueblo “La Beba”, cerca de Rojas, se llama así porque “Beba” apodaban a Ángela Álzaga Unzué de González Guerrico, sobrina de María Unzué de Alvear, donante de esos terrenos...esa geografía al robársele su toponimia original, fue cada día más extraña para el argentino…”
Hay algo en esto de los cambios de nombres de los pueblos, que responde a la zoncera sarmientina, aquella de “Civilización y Barbarie”, siempre considerando civilizado lo extranjero y bárbaro lo nativo, de hecho fue al mismo Sarmiento, cuando en 1870, yendo en tren a Córdoba, pasa por la comarca, por entonces denominada “Fraile muerto”, al que le agarra un ataque de civismo y le cambia el nombre por el de Bell Ville, como se lo conoce hoy. Siguiendo la misma huella “civilizadora” o mejor dicho colonizadora, un paraje de la provincia de Buenos Aires que llevara por nombre “Chañar”, en 1865 por decreto del poder ejecutivo pasa a llamarse Lincoln, honrando a Abraham Lincoln, el asesinado presidente de los Estados Unidos. Del igual modo, una localidad cordobesa situada en el departamento Río Cuarto, se llama Washington. Y en medio del fervor ancestral de la cultura diaguita podemos hallar a Londres, pueblo catamarqueño.
El genocidio cultural, representado en la “matanza del desierto” llevada a cabo por Roca, tiene símbolos nítidos que rememoran aquella célebre carnicería, tal es así que un pueblo se lo bautizara Rauch, en tributo al militar prusiano Federico Rauch, al que wikipedia define livianamente como: “militar prusianoargentino que peleó contra los indios en la frontera y en las guerras civiles argentinas” Mientras que el escritor Osvaldo Bayer, da una definición más precisa de Rauch: “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas. Yo no podría vivir en una ciudad llamada así”
Señalamos como responsables de los cambios de nombres aborígenes y gauchos a los conquistadores, a los bárbaros civilizadores criollos y también a los herederos y alumnos del genocidio cultural: la última dictadura militar que arrasa con las denominaciones indígenas de pueblos y ciudades tucumanas, reemplazándolas por nombres que aluden a militares, de esta forma: Caspinchango, en la localidad de Monteros, es rebautizada como Teniente Berdina y Yacuchina, también en el departamento de Monteros, pasa a ser Capitán Cáceres.
Jauretche sostenía que la incapacidad para ver el mundo desde nosotros mismos ha sido sistemáticamente cultivada en nuestro país ya que nos han educado señalándonos que el mundo comienza en el norte, por eso es necesario que para pensar como argentinos nos ubiquemos en el centro del mundo: “nunca seremos nosotros mismos si continuamos colocándonos en el borde del mapa” Tal vez debamos comenzar con los nombres de nuestros pueblos y ciudades, calles, trenes, escuelas, teatros; con los nombres de nuestros hijos, hasta que llegue el día en que decidamos ponerle al porvenir un nombre que se nos parezca, un nombre que se parezca a ese viento sin alambrados, a esa tierra donde no se considera dueño al estanciero,sino que se la vive como el sagrado escenario que la Pachamama le presta al humano.

9/05/2014

gracias Gustavo

Ha habido muy pocas cosas parecidas a Buenos Aires como Gustavo Cerati, su elegancia en medio de las crisis históricas, su cancionero de porvenir, en medio de un pasado que acecha. Y sobre todo, su cantar, a pesar de tanta fatalidad, su búsqueda de belleza,  en medio de la ruina...gracias Gustavo

8/28/2014

El país de Domingo Zerpa, el país de la puna


El país de Domingo Zerpa, el país de la puna 

por Pedro Patzer*
 
Los datos cronológicos indican que Domingo Zerpa nació cuando el siglo XX apenas tenía nueve años, en un diciembre de la puna. Se aclara esto ya que el diciembre puneño es parecido al pesebre donde naciera el hijo de un Dios, aunque en el diciembre del Jujuy profundo nacen hijitos de la Pachamama, entre vicuñas y mulas, sin reyes magos, pero rodeados de kollas que obsequian los viejos tesoros de inti y villancicos criollos que no son otras cosas que canciones de los llameros: “...soy llamerito puneño soy soldadito jujeño/ manso como agua e´laguna/ pero a veces soy un puma/ llamerito…”
Atahualpa Yupanqui definió a Domingo Zerpa claramente:  “Zerpa no buscaba la raíz. El traía consigo la raíz", y tal vez esto se deba a que un poeta nacido en uno de los santuarios de la puna, como Runtuyoc,  no tiene otro destino más que ser un sagrado lírico consagrado a los ritos paganos de su hermanos: “¡Juira juira! De repente, sobre el abra, se arrodilla el caminante ante un mojón, balbuceando quedamente estas palabras, esta súplica bañada en emoción: - ¡Pachamama, santa tierra, Pachamama/ de la Puna: io te juro ser tu esclavo, / si es que suben mis burritos y mis llamas, / sin cansarse ni gotita, el cerro bravo!”
Domingo Zerpa, hijo del inabarcable cielo de la puna, hijo de la copla criolla, hijo de toda la poesía que se aprende del silencio una pastora y de un labrador: “Mi madre es una pastora, mi padre es un labrador; él de su vida hace un grano, ella de su alma un vellón” El lírico jujeño construyó una obra poética con la tonada y el color de su gente, olvidándose de las convenciones y modas literarias, entregándose al misterioso sino del habitante de Abra Pampa: “Romance del Río Chico, / romance del Río Grande,/ el uno de pura nieve,/ el otro de pura sangre,/ y entre la sangre y la nieve,/ San Salvador de Jujuy,/ que Dios la proteja y guarde” Los versos de amor de Zerpa, no piden permiso a la gendarmería literaria, y aman como se ama en el altiplano: “Te ofrezco mi choza/ guaillada con iros,/ pircada con champas;/ te doy, como a nadie,/ los blancos corderos/ del corral de mi alma” La respiración de la poesía de Domingo Zerpa jamás se apuna, ella masca cosa, tiene el rumor del misachico y el silencio de las salinas, el oleaje de los pensamientos del que cuida su majada, el canto desesperadamente lento del arriero: “...Amados hermanos, repiten los cerros, como conmovidos por nuestras plegarias, hasta las estrellas tiemblan más medrosas y la luna llena se pone más blanca...” La poesía de don Domingo alcanza la cima de su raza (sin apunarse): “...la Puna tristona,/ desnuda, lejana,/ que esta en las alturas/ como nuestra Virgen/ de la Candelaria…”

La dictadura, en 1976, censura “ Los Arriendos” poema que Domingo Zerpa intentara grabar en un disco, obra que denuncia la pobreza y el desdén que padecen estos trabajadores de la puna: “Hace varios años,/ señor tata cura,/ que vengo escuchando tu sermón de Pascua;/ cada año la misma procesión doliente,/ y la misma queja que se va del alma./ Cada año la tierra desnuda y sedienta/ nos quita el granero, /nos priva del agua;/y en la altiplanicie pastores/ y arrieros bebemos las gotas piadosas de tu habla...Hace varios años,/señor tata cura,/que vengo escuchando tu sermón de Pascua;/ Mas hoy, ya no puedo/quedarme en silencio,/ que adentro me dicen /que grita con ganas
y adentro yo tengo,/ señor tata cura,/mis padres ancianos,/ mi esposa,/ mis guaguas”


La obra de Domingo Zerpa nace de la necesidad, sus poemas no se leen, sus poemas se oran: “Versos, versitos del alma mía/ para rezarlos todito el día./ Versos, versitos de la Quebrada/ aunque son de oro no valen nada/ Versos tristecitos como un "dios te salve"
que los hice anoche por no estar de balde”
Una de las formas de emancipación cultural, un guiño de independencia pedadógica es transitar los caminos de la poesía de Domingo Zerpa, que no nos invita a hacer turismo en la puna, sino que nos ofrece un espejo ancestral donde reconocernos.

8/25/2014

Kerruf Mapú, el país del viento



Kerruf Mapú, el país del viento
Por Pedro Patzer

El viento suele ser el biógrafo de los pueblos, aunque el poeta del pueblo suele escribir las memorias de los vientos. El viento de la Pampa desnuda sus libros ancestrales en la lírica voz de Edgar Morisoli: “En el imaginario de la América Austral, el viento es un gran pájaro insomne. El hombre y la mujer de las planicies centrales lo saben desde siempre, desde la maravilla o el terror iniciales, desde la temblorosa raíz de la inocencia”

Todos los ríos y todos los desiertos que habitan en el viento, los oriundos de las soledades pampeanas y sus forasteros; los que interpretaron lo que prefiere callar el caldén y los que aún esperan hallar la antigua canción del salitral. Todo, todo cabe en Kerruf Mapú, el país del viento, el poema de Morisoli: “Los confidentes del pampero custodian los signos de prodigio y misterio, conocen gestos o conjuros para propiciar al bronco señor de las vastedades esteparias. A veces lo seducen con un preludio de guitarra, con una canción, con un humo color olvido alzándose sobre las mahuidas o los médanos”

Hubo un tiempo en que el viento fue el gran enemigo del habitante de la Pampa, el que indagaba en sus abismos, el que averiguaba sus desasosiegos, el que desarrollaba su intemperie, el que lo empujara al éxodo: “Los pueblos huyeron en una diáspora alucinada. Hacia las remotas ciudades, hacia las calientes selvas del Norte, hacia cualquier lado lejos del espanto. Los que quedaron, los que resistieron, y algunos pocos que retornaron mucho después, cuentan hoy a sus nietos aquellos días de interminable rigor. “Los años malos” o “El viento grande” dan nombre a sus recuerdos”

Viento, primer escultor del mundo, anciano de aire que golpea las puertas del horizonte, antiguo morador del silencio humano que le has dictado al poeta Morisoli, el mapa lírico de tu patria errante: “¡Ventear el río en lontananza! ¡Ventear la luz feliz, el derramado sueño de los valles, el trémulo y menudo azul de los potreros en flor! ¡Facundia de maizales, aroma de lavanda y yerbabuena, sordo vibrar de abejas y sanjorges bajo la siesta de los manzanares! Allí el ángel o dios se torna duende, y mueve en brisabrisa al álamo temblón; corteja los racimos; arrulla a la primer hoja dorada sobre el tajamar de los silencios; y celebra, danzando, los esponsales del sietecolores. Ángel o demonio, el gran pájaro insomne canta para la soledad del corazón”

8/13/2014

EN EL ABRAZO DE ESTELA Y GUIDO


En el abrazo de Estela y Guido
por Pedro Patzer


En el abrazo de Estela y Guido, la amistad de Cruz y Fierro, Kosteki y Santillán cruzan el puente, Mafalda y el globo terráqueo dialogan porvenir
En el abrazo de Estela y Guido, Juanito Laguna sale de la pobreza, Dorrego no es fusilado, Borges y Perón se permiten un café
En el abrazo de Estela y Guido, los trenes regresan a los pueblos, los trovadores alcanzan la canción secreta de su pueblo, el clavel en el piano de Pugliese se transforma en jardines de música
En el abrazo de Estela y Guido, Yupanqui y Spinetta ensayan los otros himnos argentinos, los ríos y los pueblos vuelven a tener sus nombres aborígenes
En el abrazo de Estela y Guido, los “templos” de Lavalle vuelven a ser cines, y el amarillo de los libros usados de la Calle Corrientes, se hacen soles de los nuevos días
En el abrazo de Estela y Guido, la vidala se conoce, en Buenos Aires, tanto como el blues, y a los peatones le crecen alas en la 9 de Julio
En el abrazo de Estela y Guido, los canallas se quedan sin abogados, sin monumentos y sin publicistas, y la avenida Rivadavia se llama Jauretche y las parroquias se llenan de padres Mugicas y obispos Novaks y Angellelis
En el abrazo de Estela y Guido, la Pachamama adopta a los hijos de los barcos, y la curanderas dan clases en la facultad de medicina, y Dios es amigo del Zupay de la salamancas
En el abrazo de Estela y Guido, antes de “pensar en inglés”, aprendemos a pensar  en quichua, guaraní, mapuche y todo idioma originario
En el abrazo de Estela y Guido, el himno argentino recupera sus originales versos: “Se conmueven del Inca las tumbas /Y en sus huesos revive el ardor, /Lo que ve renovando a sus hijos /De la Patria el antiguo esplendor”
En el abrazo de Estela y Guido, Evita no es Madonna, es una chica de Munro, Catamarca o mejor dicho, Evita vuelva a ser una piba de Los Toldos y  el Che deja de ser un bailarín de Broadway, o una moda en una remera, y vuelva a ser un soñador rosarino, o un pibe que milita en un comedor comunitario, o un soldado de la unión latinoamericana
En el abrazo de Estela y Guido, hay menos shoppings y más sociedades de fomento, no se habla del dólar blue, sino del dolor negro, el dolor de una negra historia, de muertos , oprimidos y almas colonizadas
En el abrazo de Estela y Guido, los chicos de Malvinas y los pibes de Cromagnon hacen una ronda de conciencia, que se convierte en el gran viento de país, viento que nos ayuda a recordar
En el abrazo de Estela y Guido, San Martín deja de ser ese santurrón que compuso Mitre, y pasa a ser ese hombre que fue, ese espíritu libre, con vocación latinoamericanista, con amor por los de abajo
En el abrazo de Estela y Guido, Chacho Peñaloza y Felipe Varela regresan a los manuales de historia y se hacen remedios para las enfermedades campesinas aunque no den ganancias a los megalaboratorios
En el abrazo de Estela y Guido, el azúcar ya no tiene la amargura del zafrero condenado a la pobreza, y Mariano Moreno no se hunde en la mar, y el teatro abierto se salva del incendio
En el abrazo de Estela y Guido, no nos trae la cigüeña de París, nos trae el cóndor de los andes, el crespín de Santiago, la diuca de la Pampa
Porque en el abrazo de Estela y Guido, un país se redime de amor, una Argentina se hace más humana, un pueblo comienza a parecerse a su propio sueño

Entrevista a Pedro Patzer en Radar Libros de Página 12

  https://www.pagina12.com.ar/857478-tierra-de-rios-de-pedro-patzer-cronica-y-poetica